6 lecciones magistrales de El Club de los Poetas Muertos

El Club de los Poetas Muertos

 

«Creía que el fin de la educación era enseñar a pensar por uno mismo.»

Profesor John Keating

 

El Club de los Poetas Muertos es una película que llega fácilmente al corazón. Gracias a un profesor de literatura apasionado por lo que enseña, sabe tocar nuestra fibra sensible al transmitir insistentemente dos mensajes esenciales:

 

  • La importancia de ser uno mismo y no lo que otros quieren que seas.
  • La importancia de empezar a ser uno mismo cuanto antes, porque la vida pasa más rápido de lo que creemos.

 

En este post comparto (sin cursilerías) 6 lecciones magistrales que el profesor Keating da a sus alumnos, tanto dentro como fuera del aula.

 

  1. Coge las rosas mientras puedas

En su primera clase, el profesor Keating desconcierta a sus alumnos al sacarlos del aula y llevarlos al pasillo y pedirles que miren fotografías de antiguos alumnos que estudiaron en ese mismo colegio mucho antes que ellos. Es cuando explica el significado del famoso carpe diem. Los rostros que aparecen en las viejas fotografías también fueron un día jóvenes llenos de vida pero hoy ya están muertos.

 

No creas que vas a vivir para siempre, ni siquiera que vas a vivir mucho. La vida se te pasará antes de lo que crees. Así que aprovecha el momento y coge las rosas mientras puedas porque se marchitarán y dejarán de regalarte su aroma.

 

  1. Todos somos actores, pero no todos elegimos nuestro papel

La gente te trata como permites que te trate. Tú permites que te traten como crees que mereces ser tratado, para mal o para bien y seas consciente de ello o no. Dejar claro cómo quieres que te traten es una forma de posicionarte en el mundo y, sobre todo, de asumir la responsabilidad de elegir esa posición. La mayoría de la gente no lo hace y deja que la vida los vaya colocando donde sea.

 

¿Cómo cambiaría esto si alguien te pidiera que te dirigieras a él como «capitán»? Es lo que hace el profesor Keating. Incluso en una escena no responde cuando le llaman por su nombre. Solo lo hace cuando se dirigen a él como él quiere.

 

Esto lo capta rápidamente, Charlie Dalton, el alumno más provocador que, siguiendo este ejemplo, también escoge un apodo de guerra, el nombre indio de Nuwanda.

 

Cada nombre (no tiene por qué ser un nombre propio, puede ser «mamá», «doctor», «profesor», etc.) es una máscara que te pones, un rol que representas. El rol que ejerces marca la relación que tienes con el resto.

 

Esta es la brillante paradoja de la película: muestra la tragedia de Neil Perry que quiere ser actor (interpretar papeles), pero le están imponiendo uno que él rechaza (ser médico).

 

Todos lo saben menos su padre, ya que no se atreve a decírselo. Así que Neil involuntariamente interpreta para su padre el papel de hijo bueno y obediente.

 

Todos somos actores porque utilizamos máscaras en las distintas facetas de nuestra vida. Pero ¿elegimos nosotros las máscaras que llevamos? ¿sabemos acaso que podemos elegir? ¿nos da miedo elegir?

 

  1. El peligro de la conformidad

En otra de sus clases fuera del aula, el profesor Keating saca a sus alumnos al patio y hace que tres de ellos caminen ante los demás, que solo observan. Siguiendo sus procedimientos desconcertantes, el profesor no les ha dicho el objetivo del ejercicio.

 

Al acabar les explica que lo que quería demostrarles es la dificultad que tenemos para mantener las propias convicciones frente a los demás (más de lo que creemos).

 

Al empezar a andar, los tres alumnos iban cada uno a su ritmo, pero acabaron caminando al unísono siguiendo el ritmo de las palmas que empezó a dar el resto de sus compañeros.

 

Nuestro entorno nos condiciona más de lo que creemos. No solo seguimos el camino que la sociedad marca, sino que también lo recorremos al ritmo que esta impone. Todos somos borregos de la manada en mayor o menor medida, nos agrade admitirlo o no. Pero podemos tener momentos en los que nos pasamos al camino menos transitado que marca toda la diferencia.

 

  1. Considera otros puntos de vista

Otra de las supuestas excentricidades del profesor Keating fue subirse a una mesa para demostrar a sus alumnos que desde ahí no veía las cosas igual que cuando estaba abajo. Parece una perogrullada. Pero no lo es.

 

Nos acostumbramos a ver la vida desde nuestro punto de vista y la mayoría de las veces no consideramos otras posibilidades. Por eso este ejercicio es tan revelador. Es especialmente útil cuando crees que sabes algo o que tienes razón. Plantéate otros puntos de vista, tanto para cuestionar lo que otros te dicen, como para cuestionar lo que tú dices. Es la manera de llegar a encontrar tu propia voz. Y cuanto antes comiences a buscarla, mejor.

 

  1. No irás al infierno por arrancar páginas de un libro de texto

Enlazado con lo anterior, el profesor Keating cree que «el fin de la educación es que los alumnos aprendan a pensar por sí mismos». Esto choca frontalmente con la visión tradicionalista del director del colegio, quien opina que el sistema ya está establecido y no hay que cuestionarlo. Mejor limitarse a preparar a los chicos para la universidad y punto.

 

¿Qué mejor herramienta para esto que libros de texto diseñados para que los alumnos no tengan que pensar? Es el caso del libro de literatura que utilizaban en clase. Tenía una introducción que no enseñaba a valorar ni a apreciar la poesía, sino a hacer una especie de ranking aséptico de poemas.

 

Por eso el profesor les pide a los alumnos que arranquen las páginas de esa introducción para que puedan aprender a pensar por sí mismos de nuevo.

 

  1. Puedes contribuir con un verso

No quiero incluir en este punto el cliché cursi de que todos somos únicos y especiales y blablablá. No todos consiguen lo que quieren ni todos triunfan ni nada de eso. Lo importante es que no todos lo intentan.

 

Muchos, como Todd Anderson, se han dejado llevar por el camino de la conformidad, el más transitado. Por eso se incomoda cuando tiene que escribir un poema, algo genuino suyo. Como le dice el profesor, «cree que todo lo que lleva dentro es inútil y embarazoso».

 

Es comprensible sentirse intimidado cuando tu profesor de literatura, que adora a Walt Whitman, Thoreau, Shakespeare, Lord Byron, etc., te pide que escribas un poema. ¡Si no puedes competir con ellos! ¿Qué vas a poder aportar?

 

Se trata de que, parafraseando a Walt Whitman, la vida es un drama al que tú puedes contribuir con un verso. Da igual que sea mejor o peor, porque el resultado no importa. Solo se trata de que te permitas ser.

 

(Tranqui, no vamos a juzgar tu verso en esos ejes para medir la poesía porque, afortunadamente, nuestro profesor nos ha hecho arrancar esa página  😉 ).

 

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Estas 6 lecciones nos advierten de cosas que tenemos que desaprender: vivir como si no fuéramos a morir nunca, dejarse arrastrar por lo que hacen los demás, no intentar ver las cosas desde otros puntos de vista, asumir que lo correcto es solo lo que pone en el libro de texto…

 

Desprendernos este tipo de cosas, que llevamos oyendo y practicando toda la vida, y sustituirlas por algo mejor no es tan fácil como cambiar un jarrón de sitio en una habitación. Pero por algo se empieza (tráiler).

 

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8 comentarios en “6 lecciones magistrales de El Club de los Poetas Muertos”

    1. Cristina Chaus

      Gracias por tu comentario, Elena. Me alegro de que a ti también te gustara la película. Otro abrazo para ti.

        1. Cristina Chaus

          Hola Helen. Gracias por tu comentario. Ser uno mismo es un aprendizaje de por vida. Por eso está bien ver esta película de vez en cuando como recordatorio. Un abrazo.

  1. Hola Cris,

    Sí, es cierto que nos pasamos la vida quejándonos de casi todo, pero hacemos “poco” y a veces “nada” para evitar lo que no nos gusta, y no sé porqué. No sé, sí es que no queremos, no sabemos o no podemos, o tal vez un poco de todo.

    Quieren que “pensemos”, “hagamos” y “digamos” lo que los “demás” quieren.

    Es cierto que tenemos mucha información, ¿pero es cierta? lamentablemente la mayoría de las veces NO. Nos manipulan, nos adoctrinan sin darnos cuenta, nos convierten (o al menos lo intentan) en esos “borregos de la manada” y al final somos lo que ellos quieren que seamos, no lo que a nosotros nos gustaría ser.

    Nuestro “presente ” y nuestro “futuro” lo decidimos nosotros, ( o así habría de ser), el pasado ya es otra historia.

    “No olvides que tu “presente” es la causa de tu ” pasado”, así como tu “futuro” será la causa de tu “presente”. (Pablo Neruda).

    1. Cristina Chaus

      Hola, Vicente. Sí, la sociedad, los medios de comunicación, el sistema educativo, etc. quieren que seamos borregos de la manada. Muchas veces lo consiguen de la peor manera: haciéndonos borregos inconscientes, es decir, borregos que no sabemos que somos borregos. Gracias por tu comentario. Un abrazo.

  2. ¡Muy inspirador! Sí que es importante vivir el “carpe diem”… la vida pasa más rápido de lo que pensamos.

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