Cangrejo Ermitaño

El blog de Cristina Chaus sobre aprender, desaprender y reaprender

Algún día este dolor te será útil

 

«Sé paciente y fuerte;

algún día este dolor te será útil»

Ovidio

 

Hay aprendizaje por las buenas y aprendizaje por las malas. Pero a veces, más de las deseables, nos obcecamos en ir por la vía dolorosa. Hay cosas que nos tienen que doler para que las aprendamos.

 

Lamentablemente, la paradoja es que suele ser una forma tremendamente eficaz de aprendizaje. Cuando algo nos duele mucho, se nos queda grabado.

 

Tranquilo, esto no va de sadismos del pasado como «la letra con sangre entra». El tipo de aprendizajes a los que me refiero aquí son más bien de tipo personal.

 

Por el humo se sabe dónde está el fuego

 

Hay muchas cosas que aprender en este mundo. Pero no todas están ahí afuera. También hay mucho que aprender en tu interior. Los sentimientos son información. El dolor, obviamente, también. No olvides que tú también eres una fuente de información para ti mismo. Saber entender tu propia información es una habilidad que no tiene precio. Cuando algo te duele, te indica algo. No lo niegues, no hagas como si nada mirando para otro lado.

 

El ser humano está dotado de una característica que hace que en ocasiones necesite «caerse del burro», pasar por la experiencia, para aprender. Parece inevitable que en la vida de una persona no haya algo que aprendió a causa de un cierto dolor.

 

Hay que pasar por la experiencia por uno mismo. Ni siquiera un padre o un ser querido puede ahorrarle a otro un dolor. El niño tiene que caerse al aprender a andar, ir en bici, etc. Es más, si le intentas ahorrar a otro el dolor con medidas sobreprotectoras no le harás ningún favor. De hecho, es contraproducente. No podrás ahorrárselo, es inevitable. Solo lo postergarás y entonces el castañazo será mayor y solo habrás amplificado el dolor.

 

El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra

 

El símil de la vida como escuela es bien antiguo. El aprendizaje por excelencia que todos hacemos es el que se produce a partir de nuestra propia experiencia Pero nadie tiene una vida solo a base de buenas experiencias. De vez en cuando toca pasar un mal rato.

 

Lo malo es que a veces somos tan torpes que, cuando el dolor pasado se aleja en nuestra memoria, bajamos la guardia y volvemos a equivocarnos en algo que ya habíamos aprendido (supuestamente). Es como repetir la asignatura.

 

Aprende mejor y, sobre todo, afianza lo que vas aprendiendo (mucha gente es buena metiendo nueva información en su cabeza pero no reteniéndola y la olvida en seguida) para no repetir sufrimientos.

 

No sufras por duplicado… o triplicado. Esto pasa cuando solo aprendes en teoría pero no en la práctica. No has aprendido algo verdaderamente hasta que no lo aplicas. No añadas más dolor repitiendo lo mismo una y otra vez por no aprender.

 

Con esta noción de la vida como un aprendizaje enlazan muchas tradiciones espirituales. Sobre todo conceptos orientales como el samsara, según el cual cada encarnación es como un aprendizaje que estamos «condenados» a adquirir. Si no lo hacemos, repetimos curso. Lo que significa otra encarnación en la rueda de la vida terrenal. Hay «trabajo» que hacer aquí, cosas que aún no hemos aprendido y no estaremos listos para «cruzar a la otra orilla» hasta que no lo hagamos.

 

 

Lo doloroso no es equivocarse, lo doloroso es no aprender

 

Aquí tienes un motivo más para no temer al error: cuanto antes te equivoques, antes aprendes. La vida es un aprendizaje doloroso en ocasiones, pero cuanto más se demore el aprendizaje, más duele. Tardar en equivocarse suele implicar que el aprendizaje sea más doloroso. Y, por muy doloroso que sea, siempre es menos que no aprender.

 

No aprender es siempre mucho más doloroso que equivocarse. Pero casi nunca nos damos cuenta porque al crecer vamos acumulando miedo a equivocarnos.

 

Este dolor que asociamos al error es fruto del condicionamiento al que nos sometemos desde niños. Durante todo el proceso de escolarización se penaliza el error. Pero el error es información. De hecho, es una información valiosísima: lo que no está dando resultado. Saber esto impulsa tu aprendizaje porque te ayuda a descartar.

 

Lamentablemente, esta condena del error se infiltra tanto en nuestro subconsciente que lo normal al salir de las aulas es tener miedo al error. Y, peor aún, tener una distorsión tan grande que hace confundir «error» con «fracaso». ¡No son equivalentes! «Error» es una parte inevitable de cualquier proceso.

 

Sé un «pragmático del dolor»

 

Por eso hay que ser un «pragmático del dolor», ya que te duele, que no sea gratuitamente, que sea para algo. Haz que tu dolor sea productivo, exprímelo. Saca toda la información que puedas de lo que te duela. Aprende al máximo del mínimo dolor que haya en tu vida (económico, laboral, familiar, social, de pareja, etc.).

 

Cuando aprendes algo, deja de dolerte. Pero a veces te resistes a aprender algo hasta que te duele lo suficiente. Surge una resistencia al aprendizaje por no querer admitir un error. Te duele más admitir tu error que solucionarlo y prefieres seguir en él. La saturación de sufrimiento (igual que la búsqueda de placer) lleva a la acción y a la toma de decisiones. Pero a veces no te ha dolido tanto y te es más cómodo seguir sufriendo… y quejándote.

 

No hay nobleza en sufrir, la hay en mejorar a través del dolor

 

A veces interfieren aquí prejuicios culturalmente adquiridos e ideas que enaltecen el sufrimiento. No te regodees en el sufrimiento creyéndote más noble por sufrir más. Eso es patetismo y sadismo.

 

Recuerda que no se trata de que te quedes estancado en el dolor, sino de que entiendas qué información te está dando, para qué te está doliendo. Esto implica responsabilidad por tu parte y que quieras ponerle remedio. El primer paso es que cuando algo te duela te preguntes «¿qué tengo que aprender aquí?».

 

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid…

 

Por cierto, Algún día este dolor te será útil es también el título de una novela escrita por Peter Cameron. Su protagonista es un adolescente. Claro, la adolescencia es la etapa de confusión por excelencia; y la confusión produce dolor. También es cuando se está en pleno proceso de aprendizaje. Sé que hicieron la película del libro. Pero yo no la he visto, así que no puedo opinar.

Si te gustó El guardián entre el centeno, también te gustará esta novela porque tienen muchas afinidades: transcurren en Nueva York, la edad y preocupaciones de los protagonistas, sus perplejidades ante el «mundo adulto», su fantasía de escapar e irse a vivir al campo donde puedan llevar una vida tranquila con muchísimo tiempo para leer… No sigo, no quiero que se me cuele ningún spoiler.

 

A mí me gustan mucho las dos y tengo que releerlas cada cierto tiempo, sobre todo El guardián entre el centeno. Supongo que aún habita en mí la adolescente que fui y que intuía el dolor de adentrarse en la hipocresía que parece implicar ser adulto y que esté mal visto cometer errores, pese a que así es como se aprende y la educación es a largo plazo 😉 .

 

***

 

Te deseo que lo que te esté doliendo ahora te sea útil cuanto antes. Eso significará que habrá dejado de dolerte porque habrás aprendido lo que tenías que aprender.

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11 Comentarios

  1. ¡que post tan certero Cristina, y que bello,
    Gracias
    Elena

  2. Qué precioso Cristina!

  3. MariCarmen

    08/11/2017 at 16:03

    Sencillamente, me ha gustado mucho!

  4. Qué sabias palabras Cristina!
    Muchas gracias por recordarnos esta verdad de que en el error se crece, que ademas evita eso tan occidental de buscar culpables, peor aun cuando nos culpamos a nosotros mismos.
    Me recuerda a esta canción: https://www.youtube.com/watch?v=nlFmoGD8XzQ

  5. Precioso y muy útil

    Gracias Cristina

  6. Excelente Cristina, debemos entender el sufrimiento no como un castigo sino como la oportunidad de aprender. Ser, en efecto, pragmáticos del dolor y no tener miedo a equivocarnos.

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