El arte de aprender, Josh Waitzkin

El arte de aprender, Josh Waitzkin

 

Tomé la metáfora del cangrejo ermitaño de las páginas del libro de Josh Waitzkin, El arte de aprender: un viaje en busca de la excelencia. Así que quiero dedicarle el primer post del blog.

.Josh Waitzkin fue campeón nacional junior de ajedrez en Estados Unidos en 1993 y 1994. La película En busca de Bobby Fisher cuenta su historia. Después cambió de disciplina y pasó del ajedrez al tai chi y fue campeón mundial en la disciplina de empuje de manos en 2004. Ahora también practica jiu jitsu.

Si eres emprendedor o sueles leer libros de empresa, puede que hayas oído hablar de Josh Waitkin porque es amigo de Tim Ferriss, autor de La semana laboral de 4 horas, quien le ha entrevistado.

Yo supe de él porque en mis años de universidad también hice tai chi (nivel principiante, claro) y me llamó mucho la atención ese cambio de un tablero por una arte marcial. Leí alguna entrevista que le hicieron con motivo de la publicación del libro y me interesó, y decidí leerlo.

Estas son algunas de las ideas que más me gustaron. Vaya por delante que mi recomendación inicial es que leas el libro completo porque merece muchísimo la pena y no tiene desperdicio. Este post no es más que una pequeña muestra.

Te hago una confesión antes de entrar en materia: no estoy a gusto con este post. El arte de aprender me gustó tanto que me parece que todo es importante y me resulta doloroso el tener que dejar cosas fuera para ofrecerte una selección. He leído y releído el post varias veces y me parece que nunca está tan bien como debería… Pero al fin y al cabo una de las propuestas de Josh es no depender de la frágil seguridad que da aspirar a la perfección absoluta. Vamos descubriendo nuestra voz poco a poco, y hay que empezar. Esto nos hace humildes, aunque también vulnerables a la vez.

Aquí tienes tres ideas extraídas del libro. Espero que te gusten y que te hagan reflexionar.

 

1) Dos enfoques de inteligencia: la teoría de la entidad y la teoría del incremento

La teoría de la entidad considera el grado de inteligencia o técnica en una disciplina como una entidad fija, sin evolución. Es la que pone una etiqueta y define con ella. Es la que dice: “Yo soy bueno en esto”. Te dice lo que eres, una identidad estática. Ve tus talentos naturales como algo innato que viene dado y, por lo tanto no hay que trabajarlos para progresar. “Soy bueno en X. Soy malo en Y. Es lo que hay”. Destila conformismo. El genio que nace.

En cambio, la teoría del incremento sostiene que con trabajo duro el aprendiz se puede convertir en maestro; puede llegar a prácticamente todo. Es la que dice: “Lo he logrado porque he trabajado con ahínco” o “Debería haberme esforzado más”. Es decir, para el enfoque de la inteligencia del incremento, el aprendizaje es algo orgánico. La clave para perseguir la excelencia es adaptarse a este proceso de aprendizaje vivo. El genio que se hace.

Este es el gran momento en el que aparece la metáfora del cangrejo ermitaño. Es el ejemplo que la naturaleza ofrece de vivir sujeto al proceso de crecimiento de incremento. Me gusta como metáfora de salir de la zona de confort y dejar atrás la seguridad que empieza a oprimir y ya no te vale para ir a un caparazón más espacioso que sea tu nuevo hogar.

En la etapa de aprendizaje entre concha y concha es donde surge el crecimiento y donde está el peligro. Ahí el cangrejo es totalmente vulnerable porque no le protege ningún caparazón; puede morir, ser devorado por otro animal, cualquier cosa. Esto da miedo, es comprensible. Pero a los que son del primer enfoque de la inteligencia, los de la entidad, les asusta tanto que se privan del crecimiento por su propia voluntad, no crecen ni buscan ni encuentran una nueva concha.

 

2) Emociones

Tanto en el ajedrez como en el tai chi y prácticamente en cualquier cosa, un factor decisivo de los campeones es el control de sus emociones, cómo no dejar que un error que podría ser remontable te hunda en una espiral descendente que signifique tu derrota, cómo usar las emociones a tu favor para darte impulso. Resistirte a las emociones no sirve de nada. Negarlas o ignorarlas, tampoco. (Bueno, sí, en realidad solo sirve para aumentar su intensidad y que tarde o temprano se manifiesten con más contundencia y, previsiblemente, con peores consecuencias…).

(Esta es la esencia misma del tai chi. Todo es energía en movimiento: en un combate toma la del ataque del contrario y recondúcela sin resistencia para devolverle el ataque con su propia fuerza. Si resistes, tu cuerpo se tensa y es cuando pierdes y hay dolor).

Esto Josh lo explica muy bien con su concepto “Zona Blanda” vs. “Zona Dura”. Estás en la zona dura cuando no fluyes, cuando está rígido y tu entorno te distrae. Es como si necesitaras la cooperación del mundo para funcionar. Aquí sucumbes a la presión del entorno y eres frágil como una ramita seca. Lo contrario es cuando fluyes con cuanto te rodea, cuando te integras con cada movimiento con serenidad, aparentemente relajado y profundamente concentrado. Esta es la zona blanda. Estás presente (mindfulness, tan de moda ahora, es la misma esencia de esto). Aquí no eres frágil, sino flexible como la brizna de hierba que sobrevive al huracán.

Canaliza tu estado de ánimo hacia algo te favorezca. Es natural evitar la incomodidad, pero los cangrejos ermitaños se adaptan a ella.

 

3) Mentalidad de principiante

Esto puede parecer obvio cuando empezamos a practicar una nueva disciplina, un nuevo hobby o un nuevo trabajo. Y, al principio, no se suele tener problema con practicar y equivocarse solo por coger experiencia y aprender. ¡Claro! Realmente eres un principiante. Pero la auténtica maestría está en mantener la mentalidad de principiante cuando ya has dejado de serlo. Piénsalo, cuando la gente sabe que ya no eres un principiante tienes más presión. Sabes que hay más expectativas puestas en ti, que hay gente que sabe de tus posibilidades y que puedes decepcionarles. Aquí ya no es tan fácil tener el enfoque de incremento y no rendir al máximo porque estás yendo de una concha a otra. Aunque creas que no, siempre te afecta algo la presión de los demás. Aquí el miedo puede volver a asomarse. Pero el maestro sabe la vulnerabilidad de crecer y de avanzar para convertirse en lo mejor que pueda llegar a ser. Es una responsabilidad personal que no queda más remedio que asumir para descubrirte a ti mismo a través de tu actividad y no esperar a que el resto del mundo comprenda lo que cuesta.

 

Podría seguir enumerando buenas ideas de El arte de aprender porque, como te dije al principio, hay muchas y muy buenas, pero sería alargarlo demasiado. Además, pienso que merece la pena leer el libro entero.

 

Si algo te ha parecido especialmente interesante, dímelo en los comentarios. Puede que vuelva a escribir sobre este libro en otro post.

Cuídate, mantén tu curiosidad por aprender y plantéate si hay algo que podrías desaprender.

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