Desaprender

Desaprender

 

«Es más fácil cambiar el curso de un río que el carácter de un hombre».

Proverbio chino

 

¿Hasta qué punto es posible desaprender? ¿Es realmente posible que algo que hemos sabido desaparezca de nosotros sin dejar rastro?

 

Desaprender puede requerir más esfuerzo que aprender. Aprender es partir de cero, empezar con una hoja en blanco e inmaculada. Desaprender supone borrar lo que estaba escrito en una hoja que, por muy bien que se borre, nunca volverá a estar inmaculada.

 

Cerebro y conducta

El ser humano es un animal de costumbres. Una vez que tiene una rutina para hacer las cosas, tiende a hacerlas siempre igual. Cuando quiere cambiarla, le cuesta y le lleva más tiempo que si empezara de cero. Por eso, los cambios que más nos cuestan son los conductuales.

 

Una vez que tenemos una conducta fijada es como si hubiéramos hecho en la tierra un surco por el que el agua fluye. Tratar de desviar esa corriente a un nuevo surco es trabajoso. Nos condicionan las leyes de la inercia y del mínimo esfuerzo. Siempre requiere mucho menos esfuerzo ir por un camino trillado que abrir un nuevo camino.

 

Hace tiempo que se habla del desaprendizaje como una de las «habilidades blandas» que son necesarias en el siglo XXI. Pero no basta con solo decirlo. La aplicación de este concepto no es tan fácil.

 

La toma de conciencia: «hay que cambiar el chip».

En primer lugar, hay que saber qué es lo que hay que desaprender, qué conocimientos, hábitos o paradigmas portamos en nuestra mente que estén obsoletos o sean disfuncionales. Normalmente, cuando tenemos esto claro es cuando decimos la famosa frase de «hay que cambiar el chip».

 

Pero, ¿cómo procedemos a partir de ahí? Muchas veces no hay nada más contraproducente para recordar algo que empeñarse en olvidarlo. (Nuestra memoria es así de caprichosa; a veces se nos olvidan cosas útiles que queremos recordar y otras se nos enquistan cosas que queremos soltar).

 

En este punto es cuando hay que sacar la goma de borrar y escribir de nuevo. Respecto a esto, hay que explorar lo que la neurociencia sabe acerca de la adquisición del conocimiento, la memoria y la formación de nuevos hábitos. Esta es la clave.

 

Ni aprender es memorizar ni desaprender es olvidar

Aunque a menudo se oye la metáfora que compara nuestro cerebro con un ordenador, no siempre es idónea para explicar cómo funciona. Desaprender algo no es como eliminar un archivo o desinstalar un programa en nuestro cerebro.

 

Desaprender no es sinónimo de olvidar. Cuando aprendes algo (de verdad) lo haces tuyo, lo incorporas a tu ser y forma parte de ti. Puede que sobre algo que has aprendido edifiques más conocimiento y aprendizaje en el futuro.

 

No obstante, la visión sesgada que tenemos del aprendizaje hace que muchas veces lo reduzcamos a la memorización. En el aprendizaje verdadero el individuo interviene y lo hace suyo, lo integra.

 

Considerar que aprender es acumular conocimientos y que desaprender es olvidar es una simplificación distorsionada y errónea. Es una reducción exagerada que equipara el cerebro con un recipiente.

 

En este sentido, discrepo con la definición de «desaprender» que da la RAE en su diccionario.

 

El cerebro es más que un contenedor. Es activo y trabaja (incluso cuando no somos conscientes) haciendo conexiones, asociaciones, estableciendo patrones, guardando recuerdos, etc.

 

El desprendizaje, como cualquier habilidad, también hay que entrenarlo. Pero es una habilidad que solemos pasar por alto porque el sistema educativo enfocado en la memorización y en la acumulación también lo pasa por alto.

 

De hecho, creo que podría verse el desaprendizaje como la otra cara de la moneda del aprendizaje. No puede haber uno sin el otro. Y es la interacción de ambos la que posibilita el reaprendizaje.

 

Desaprender es desprenderte de algo que ha pasado por ti

En el siglo XXI, es necesario que se produzcan los tres procesos (aprendizaje, desaprendizaje y reaprendizaje) para quien quiera seguir aprendiendo, desarrollando nuevas habilidades y poder utilizar esa frase tan molona como desgastada de que «la formación continua es imprescindible».

 

Para concretar esto un poco más: preguntas y entornos

Si sientes que estás estancado en una meseta y que no avanzas como te gustaría, te propongo que examines tu rutina para detectar si hay algo que puedas cambiar para provocar un cambio positivo.

 

Las rutinas son buenas si las has establecido tú conscientemente. Pero si has creado una a partir de los hábitos inconexos que has ido generando, pueden ser un enemigo. Recuerda que nos mueve la inercia, tanto para mal como para bien. Muchas veces, a lo que llamamos desaprender no es más que hacer las cosas de otra manera.

 

Una de las técnicas que más me gusta para llevar a cabo este proceso cíclico de aprender > desaprender > reaprender es hacerme preguntas bien afiladas. Algunas son:

 

  • ¿Haciendo esto obtengo el mejor resultado posible?
  • ¿Mejoraría mi desempeño si cambiara el orden de algunos de los pasos (cuando sea posible hacerlo)? A veces una simple alteración en el orden de los factores sí que altera el producto. Por ejemplo, no es lo mismo desayunar y hacer deporte que hacer deporte y desayunar.
  • ¿Conozco a alguien que tenga mejores resultados que yo? Si es así, fijarse en cómo lo hace, preguntarle y modelar lo necesario (nada de copiar ni de envidiar).
  • ¿Puedo investigar en Internet cómo hacer esto de otra forma? Igual alguien que no conozco lo hace de una manera más eficiente que a mí no se me ha ocurrido.
  • ¿Por qué quiero hacer esto? A lo mejor hace años te formaste la creencia de que necesitabas aprender algo porque era «muy importante» (saberte el B2 de inglés, obtener una certificación, hacer un curso pro de Excel) pero luego realmente no lo has utilizado nunca. Muchas veces la gente hace cosas porque cree que quiere o por los «por si acaso» que puedan presentarse en el futuro. Es importante que conozcas tu porqué para hacer algo.

 

Estas preguntas (u otras similares) reencuadran tu manera de pensar. Te hacen cuestionarte lo aprendido y te sacan de tu zona de confort al abrir la posibilidad de plantearse algún cambio.

 

Otra técnica que puede ayudarte es cambiar de entorno de vez en cuando. El espacio que te rodea puede condicionar tu forma de pensar (aunque tú no lo creas). El ser humano es adaptativo por naturaleza. Se adapta a su entorno físico y a las personas que le rodean.

 

Los enemigos

Como todo lo que nos saca de nuestra zona de confort nos cuesta, es normal que nos resistamos a ello. Por eso te indico también algunos de los enemigos más visibles del aprendizaje para que estés alerta y puedas detectarlos cuando los sientas en ti. (Yo admito que a veces también me cuesta darme cuenta de que también me vencen 😉 ).

 

  • Soberbia: creer que ya lo sabes todo o, por lo menos, no plantearte que puede que ya estés desactualizado y necesites reciclarte o refrescar conocimientos.
  • Pereza: que eso siempre se ha hecho así. Dejarse llevar por la inercia de la costumbre es tentador, pero te limita a lo conocido. No todos los cambios son buenos, pero los hay que merecen la pena.
  • Rigidez: que yo trabajo así. Tu manera de hacerlo no tiene por qué ser la única ni la mejor.

 

Principios y métodos

Las cosas cambian, los tiempos cambian y las personas cambian. Los principios permanecen, pero las metodologías y los procesos no son inmóviles. Lo que sirvió ayer no tiene por qué seguir siendo útil hoy. Por eso, intenta tener claro qué principios son los que funcionan. Esa será la base sólida para aprender y desaprender con eficacia.

 

Recuerda que desaprender es soltar lastre, pero no olvidar. Al fin y al cabo, la persona que eres hoy es fruto de esos aprendizajes. El desaprendizaje es una manera de que puedas evolucionar reaprendiendo pero también deja sus huellas.

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6 comentarios en “Desaprender”

  1. Excelente tu post Cristina
    Creo que casi todos deberíamos desaprendrer algo,así aprenderiamos más y mejor
    Saludos
    Elena

    1. Cristina Chaus

      Muchas gracias por tu comentario, Elena. La verdad es que lo difícil de todo esto no es la teoría sino la práctica. Pero es un ejercicio importante para aprender “más y mejor”, como dices. Un saludo

  2. Hola Cristina,
    Muy interesante,
    Creo que el desaprender no es que sea necesario, pero puede ser muy conveniente.

    El problema que yo veo o la duda que tengo es si realmente sabemos o estamos seguros de lo que tenemos que desaprender,
    ya que si no lo tenemos muy claro, puede ser que desaprendamos cosas buenas y útiles y nos quedemos con mucho aprendizaje tóxico e inutil. Por eso, pienso, que todo aprendizaje e información recibida debería ser seguida de una reflexión sobre la misma para evitar convertirnos en un simple buzón de recogida de datos, pero si lo tenemos claro, ” adelante”, pero siempre reflexionando.

    Aprender sin reflexionar es malgastar la energía y no conduce a nada (Confucio).

    Es sólo mi opinión, y decirte que me encanta leer todo lo que escribes. Espero que lo hagas durante mucho tiempo.
    Un saludo.

    1. Cristina Chaus

      Hola Vicente:
      Sí, lo que comentas es importante. Por eso indico en el blog que es importante empezar con una toma de conciencia. No se trata de aprender solo por acumular datos ni tampoco de desaprender solo por soltar. Es importante saber lo que necesitas en cada momento y las necesidades no siempre son las mismas, ya que la vida cambia.
      Gracias por tu comentario.

  3. Muy buen artículo de nuevo, de los que te hacen pensar. Yo también estoy de acuerdo en que es necesario desaprender, y no sólo porque el espacio en el cerebro es limitado sino porque muchas veces lo aprendido anteriormente se vuelve inservible y además entra en conflicto con nuevas ideas y/o soluciones.

    Saludos

    1. Cristina Chaus

      Gracias por comentar, Daniel.
      Sí, es cierto lo que indicas: el espacio es limitado. Yo pienso mucho en la necesidad de crear espacios vacíos para dejar hueco a la creatividad, a que pueda entrar algo nuevo, etc. También, como comentas, hay que reflexionar de vez en cuando para asegurarse de no tener conflictos internos que puedan obstaculizar tu desarrollo personal o profesional.
      Un saludo

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