El dilema de seguir tu pasión II: el trabajo

Trabajo de tus sueños

 

«La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando.»

Picasso

 

Cuando alguien pide consejo sobre en qué trabajar, igual que para los estudios, se suele escuchar el famoso: «Sigue tu pasión». Pero, ¿cómo se hace esto? ¿Puede ser un arma de doble filo? Hay casos en los que puede ser un verdadero dilema. Se hace evidente cuando la gente se pregunta si quedarse en un trabajo bien pagado o seguir su pasión. (¿Se podrían las dos?).

A medida que se adquieren responsabilidades familiares, económicas, etc. aumenta el miedo.

 

El trabajo es un área fundamental de nuestra vida. Es el medio principal por el que obtenemos ingresos para vivir. Pero cada vez es menos una mera herramienta de supervivencia y más una manera de contribuir y aportar algo valioso. Volcamos lo que llevamos dentro de nosotros en el trabajo: la ambición, la ilusión, el miedo, la creatividad, el estrés, la esperanza, el hastío, la responsabilidad, el compromiso, la codicia, etc. Y, por supuesto, también la pasión.

 

Necesidad de sentido en tu trabajo

Cada vez más gente se pregunta por el sentido de su trabajo. Hay personas que tienen un trabajo con el que se ganan razonablemente bien la vida, pero que tienen un cierto aire de insatisfacción. Es una vocecita que no se calla con las recompensas materiales, que habla de monotonía, que pregunta si esto es todo y que reclama «algo más» porque se siente estancada y desaprovechada.

 

Suele atribuir todo eso a que su trabajo no le apasiona. Por eso también es ahora cuando más que nunca está en auge la idea de que tienes que vivir de lo que te apasiona porque eso será lo que dé sentido a tu vida, te permita llevar el estilo de vida que ansías y, entonces, serás feliz.

 

Creo que suena muy bien el eslogan de «Convierte tu pasión en tu profesión». Pero también creo que hay que matizarlo… mucho.

 

Es obvio que no te vas a dedicar a algo que no te guste. Pero la idea de que tienes que tener un trabajo que te suponga pasión diaria y constante para que merezca la pena y tu vida tenga sentido, me parece distorsionada.

 

Aquí se combinan dos cuestiones fundamentales que hay que definir:

  1. qué entiendes realmente por «pasión».
  2. preguntarse si que algo te apasione es razón para decidir ganarte la vida con ello.

 

No es una cuestión baladí porque no todos respondemos igual a ambas cuestiones.

 

Empecemos por la pasión.

 

La pasión no está para ponerte en marcha; está para evitar que abandones

La pasión sirve para seguir adelante cuando no estás viendo los resultados que quieres, cuando no estás disfrutando de la gratificación instantánea de antes. Pero la pasión no pone en marcha; la pasión mantiene la inercia cuando ya estás en movimiento y aparecen dificultades o las cosas no van tan rápido como a ti te gustaría. O cuando tienes una asignatura que no te gusta o un profesor malo. Estos son obstáculos pequeños para quien hace lo que le gusta.

 

La pasión es otra de las maneras que tenemos de caer en la trampa de mirar solo hacia fuera, de depender de estímulos externos, cuando hay más claridad si miramos hacia dentro. Siempre buscamos la respuesta fuera.

 

Esto te hace pasivo en cierto modo. Es lo de fuera lo que tiene que apasionarte a ti. Pero, en realidad, es al revés: eres tú el que tiene que apasionarse por lo que haces. Es algo activo.

 

La pasión se cultiva con la actividad. Cuanto más la ejercitas, más la fortaleces y la nutres, es una inercia. No sabes si vas a apasionarte por algo a menos que lo pruebes. Lo que te mueve a probar algo no es la pasión es el instinto o la curiosidad. Con la pasión sucede como con la inspiración, no es algo que suceda. Es algo que se provoca. Picasso decía que la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando. Ponte a trabajar y cuando estés en marcha llegará. Si no llega, es que no es lo tuyo y es mejor que cambies de actividad.

 

Cuando alguien cree que le apasiona algo sin haberlo probado, no tiene certezas. Cree que le gusta, pero es como un flechazo. Igual crees que te has enamorado a primera vista. Pero necesitas tiempo para conocer a la persona para saber si realmente estás enamorado o si solo ha sido algo pasajero.

 

Creer que te gusta una persona sin conocerla o que de mayor vas a querer dedicarte a una determinada profesión es ver solo la punta del iceberg. La gente solo suele ver las cosas brillantes de cada profesión, pero no las tareas administrativas, rutinarias y repetitivas que hay por debajo de la superficie. (Y todos los trabajos las tienen, todos.).

 

Con la pasión sucede lo mismo. No es una fuerza motriz que vaya a ponerte en marcha. Lo que te pone en marcha es la curiosidad, el instinto de querer hacer algo sin saber por qué lo quieres hacer. En esa fase inicial de aprender a hacer algo es fácil sentir ilusión porque todo es nuevo y nos gusta la novedad. Notamos avances rápidamente y sentimos constantemente la gratificación instantánea de lo novedoso. Pero cuando ya llevas un tiempo con lo mismo, el aprendizaje tiende a volverse más lento. No avanzas tan rápido. Es lo que se conoce como «la meseta». Los cambios y los avances tardan más. Aquí es cuando necesitas la pasión, cuando las tareas se vuelven aburridas o cuando el aprendizaje requiere mucha repetición para afianzarse antes de pasar a la siguiente novedad.

 

La pasión es para los días nublados, no para cuando brilla el sol. No tiene mérito hacer lo que te gusta cuando las cosas van bien y todo va a tu favor. La grandeza de la pasión está en que te hace mantenerte en marcha, seguir con tu inercia de trabajo cuando las cosas se complican, cuando el rozamiento y la fricción te frenan. Para eso está la pasión: para mantenerte en marcha; no para ponerte en marcha.

 

Creo que no se trata de seguir tu pasión, sino de que tu pasión te siga a ti. No es para dejarse llevar cuando todo fluye, sino para recordarte por qué haces lo que haces cuando ya no es tan fácil seguir haciéndolo.

 

No esperes a sentir la pasión para saber si tienes que actuar. Actúa para saber si sientes pasión. No veas la pasión como algo pasivo que te sucede, sino como algo activo que tú generas.

 

«Pasión» no equivale a «talento»

Que algo te apasione no significa que se te dé bien. De hecho, puede apasionarte algo para lo que seas un desastre. Por ejemplo, puede apasionarte la música pero eso no implica que tengas talento musical.

 

Este ejemplo puede ilustrarse con la historia real de Florence Foster Jenkins. Fue una cantante de ópera estadounidense que no es recordada por ser una cantante cualquiera, sino por ser la peor cantante de ópera del mundo.

 

No es un ejemplo de éxito, no triunfó en la ópera. Solo consiguió fama, que no es lo mismo. La consiguió porque tenía dinero para poder dar sus conciertos y promover actos a favor de la música. Ella no tenía la presión de tener que ganar dinero con su pasión.

 

No es el ejemplo a seguir, aunque sí alguien a modelar en lo referente a vencer el miedo a exponerse y a no quedarse con ganas de hacer lo que te gusta. Su historia es inspiradora porque es un ejemplo de atreverse a hacer lo que amas sin que te amedrante la crítica. Por eso sigue siendo recordada y recientemente se ha hecho una película con su historia (tráiler).

 

Para poder vivir de lo que te apasiona necesitas ser bueno en ello. Y para llegar a tener el talento necesario hay que echarle muchísimas horas. «Pasión» y «talento» comparten algo: ambos se cultivan con trabajo y horas de dedicación. La unión entre ambos no es una secuencia lineal, es una rueda. Pero necesitas una fuerza que la haga ponerse en movimiento. Esa fuerza es la práctica. Mark Cuban deja claros los 4 pasos del proceso:

 

  1. Cuando trabajas duro en algo, te vuelves bueno en ello.
  2. Cuando te vuelves bueno en algo, disfrutas más haciéndolo.
  3. Cuando disfrutas más haciendo algo, hay más posibilidades de que te llegue a apasionar o de que te apasione aún más.
  4. Cuando eres bueno en algo, te apasionas y trabajas todavía más duro para ser excelente y el mejor en ello, pasan cosas buenas.

 

Como indica Mark Cuban, lo que mucha gente no ve es que la pasión crece y se cultiva con la práctica. Es un círculo virtuoso. Pero lo que hace que esta rueda empiece a girar no es la pasión, es la acción.

 

Solo ves la punta del iceberg, pero bajo la superficie hay más. No lo olvides.

La felicidad no está tanto en hacer lo que amas como en amar lo que haces. Ese es uno de los aprendizajes que yo estoy integrando todavía. Aunque tengas el trabajo de tus sueños, siempre habrá tareas tediosas que no te entusiasme realizar pero que no te quede más remedio que hacer. ¿Vas a dejar de ser feliz mientras tengas que hacer limpieza, controlar la contabilidad en un Excel o lo que sea que te resulte aburrido?

 

En ocasiones la gente cree que su pasión es solo lo que quiere llegar a ser, pero no el proceso para llegar a serlo. Para esto es para lo que necesitas la pasión, para hacer lo que debe ser hecho pero que a ti no te apetece hacer.

 

El trabajo es muy importante en la vida de cada persona. Es una fuente de frustración y estrés de muchas personas que trabajan en algo que no les gusta o a lo que no le ven sentido. Sienten que no aportan ninguna diferencia y que no hacen nada valioso. Otra persona, o incluso una máquina, podría sustituirles y nadie percibiría el cambio. Para otras personas el trabajo es realmente una manera de contribuir y de sentirse útiles.

 

Obviamente, es mejor el segundo caso que el primero. Pero, aun así, el trabajo, aunque no deje de ser importante, no es lo único. No caigas en la trampa de pensar que el trabajo será tu única fuente de felicidad ni utilices la excusa de trabajar en lo que te apasiona para llenar los vacíos de otras áreas descuidadas de tu vida.

 

 

La pasión puede sentirse oprimida por la presión de tener que ganar dinero

Quizá haya que quitarse la idea de que SOLO serás feliz haciendo lo que te apasiona como medio para ganarte la vida. Es arriesgado afirmar eso con rotundidad. Según el caso, puede que sea mejor dedicarte a lo que apasiona en tu tiempo libre. Así no tendrás la presión de generar ingresos con ello ni de tener el talento suficiente.

 

Sé que puede sonar trágico, pero solo suena así cuando la gente cree que la ÚNICA manera de ser feliz es ganando dinero haciendo lo que les gusta. Hay mucha gente que dedica su tiempo libre a ayudar a otros de manera altruista y afirman que eso es lo que más sentido da a sus vidas y lo que más felices les hace. No todos hemos nacido para vivir de la misma manera.

 

Con esto no te digo que trabajes en algo que detestas, porque no serías feliz. Pero tampoco creas que trabajar en algo que te apasiona es la única vía de ser feliz. Es una reducción falaz. Implicaría que la gente que no trabaja, no puede ser feliz. O que la gente a la que le apasiona algo que no se le da bien no va a poder ser feliz nunca. Es muy contundente afirmar eso, ¿no?

 

Esto no es malo, ni mucho menos. No es un premio de consolación ni resignación. De hecho, hay ocasiones en las que es una gran liberación.

 

Aunque vaya contra de la tendencia emprendedora actual, hay gente para la que es una bendición no tener que ganarse la vida con lo que les apasiona. Si conoces a gente que se mueva en un ambiente de artistas, verás cómo no es raro que muchos tengan una fuente principal de ingresos que no es su arte.

 

Conozco a poetas que viven de un negocio familiar y están encantados porque eso les da libertad para escribir sin tener que preocuparse de las ventas que generen sus libros.

 

Lo mismo se puede aplicar a otros artistas que sienten el conflicto interno entre ser ellos mismos a través de su obra o ser «comerciales». (Despreciar un libro por ser un bestseller demasiado comercial hiere gravemente la sensibilidad de muchos autores. Sienten dramáticamente que «prostituyen» su talento. El prestigio artístico suele estar reñido con la lista de los más vendidos 😉 ).

 

De hecho, la historia está llena de artistas que tenían un empleo para mantenerse y creaban su obra después con total libertad.

 

El miedo es la excusa para aplazar descubrir tu pasión

Cualquier mente asustada es una excelente fábrica de excusas para no intentar nada.

 

¿Qué te parece esta?: «Hasta que no descubras tu pasión, no tienes que pensar si podrías vivir de ella o no y no tienes que intentar nada. Mejor espera y mantén tu trabajo hasta que encuentres tu pasión».

 

¡Mira qué bien! Es lo que dice cualquier mente asustada por hacer algo nuevo que no es estrictamente necesario para la supervivencia. Es una salida innecesaria de la zona de confort, una excusa tan buena que es de las más comunes. Funciona tan bien porque además da también el falso remedio: la esperanza del «algún día» que nunca llega y que, por supuesto, te da miedo que llegue.

 

El peligro de caer en esta trampa es que te paraliza y al final no haces nada. Te lleva a la inacción. Estás procrastinando mientras esperas a sentir la pasión para ponerte en marcha.

 

Tu mente es aviesa y se encarga de convencerte de manera racional de que aún no estás listo porque no has encontrado tu pasión. Pero también te tranquiliza haciendo que creas que es cuestión de tiempo. Que en cuanto sepas cuál es tu pasión podrá seguirla y todo irá bien.

 

Es la máscara que utiliza tu miedo para ganarte hoy haciéndote creer que tú lo vencerás a él… otro día, cuando encuentres tu pasión. Es una manera de justificar tu insatisfacción actual a la vez que da una falsa esperanza para calmarte. Es otra forma de «síndrome de la felicidad aplazada». Te dice lo que te falta para ser feliz y te engaña con que podrás serlo más adelante.

 

Recuerda que quien quiere algo encontrará un medio y quien no lo quiere encontrará una excusa.

 

Lo importante es que si te apasiona algo, lo hagas. Da igual si lo haces mal como la señora Florence. Únicamente tienes que no obcecarte en hacer de ello tu medio de vida. Si realmente te apasiona, lo harás sin preocuparte por obtener beneficios con ello.

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8 comentarios en “El dilema de seguir tu pasión II: el trabajo”

  1. Cristina este me parece hasta ahora tu mejor post. Tiene criterio, algo que en pocos blogs he visto y además lo más importante: los pies en la tierra. En este tema de la pasión se ve a mucho triunfador que no cuenta todo lo que trabajó por detrás para llegar ahí o a mucho wannabe que tiene un discurso vacío. Al final hace falta sacrificio para todo, y la clave es que el sacrificio y su disciplina cansan menos cuando te gusta. Lo de que un día te despiertas y tienes 1M€ en el banco por hacer simplemente lo que te gusta es una falacia.
    Te felicito
    Gracias por tu claridad

    1. Cristina Chaus

      Gracias por tus palabras, Laure. Sí, yo también estoy de acuerdo contigo en que hay quienes solo se preocupan por dar una imagen de éxito. El mundo de las apariencias es así. Pero lo honesto es confesar el esfuerzo que hay detrás. Alguien verdaderamente apasionado por lo que hace no lo oculta.

  2. ¡Hola Cristina!
    Me gusta tu punto de vista y lo comparto totalmente.
    Siempre me gusta escuchar o leer tus comentarios sobre diferentes temas, claros, reales y con criterio, y con sabias aportaciones de las cuales siempre se aprende algo y se comparten puntos de vista.

    Un saludo.

  3. “No caigas en la trampa de pensar que el trabajo será tu única fuente de felicidad” ¡Qué gran verdad! Es cierto que todos (en ciertas edades) necesitamos un trabajo remunerado, pero eso no va a aportarnos la felicidad que nos dan la familia, los amigos, la actividad física, el descanso apropiado. Muy acertado todo tu artículo, gracias Cristina.

    1. Cristina Chaus

      Gracias por comentar, Manuel. Sí, hay veces que no sabemos que tenemos que estar agradecidos incluso por los trabajos que no nos “apasionan”. La felicidad son varias áreas de la vida, como bien indicas. Intentar volcarlo todo en una no es sostenible. 🙂

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