Cangrejo Ermitaño

El blog de Cristina Chaus sobre aprender, desaprender y reaprender

El dilema de seguir tu pasión: los estudios

El dilema de seguir pasión

 

«A menudo la educación no solo no te ayuda a descubrir tus intereses y talentos, sino que muchas veces tiene el efecto contrario»
Sir Ken Robinson

 

Cuando no sabes qué estudiar y tienes que tomar la decisión con inseguridad, te sientes mal. Si además te aconsejan: «Sigue tu pasión», te sentirás peor porque creerás que hay algo defectuoso en ti ya que, a diferencia de otros, no has sido capaz de descubrir tu pasión: esa pasión que te dicen que tienes que tener…

No te agobies lo más mínimo por esto. La gente va descubriendo su pasión a lo largo de camino. La pasión no es algo estático. También varía.

La desagradable sensación de no saber lo que te interesa
En muchas ocasiones alguien me ha pedido consejo sobre qué estudiar. Siempre que me preguntan esto me da «cosa» porque es algo que yo no puedo ni debo responder.

Es algo muy personal que debe decidir cada uno y que no se debe responder a la ligera. Pero somos muy jóvenes cuando tenemos que elegir una carrera universitaria o si hacemos un máster. Mucha gente aún no se conoce lo suficiente para saber qué es lo que quiere.

Hay dos motivos que dan mucha presión a la hora de decidir qué estudiar:

1. No saber qué es lo que quieres
2. Creer que es una decisión determinante que condicionará tu futuro.

Es normal que con 17-18 años aún no sepas qué es lo que vas a querer hacer el resto de tu vida. Pero ya te hacen ir pensando qué trabajo vas a querer realizar para ganarte la vida durante más de 40 años. ¡Vaya losa!

Las personas cambiamos con los años, sobre todo de niños y en la adolescencia. Casi todos hemos querido ser cosas muy diferentes a medida que íbamos creciendo (deportista, médico, profesor, cantante, veterinario…). Es menos frecuente que alguien de pequeño responda a la pregunta «¿qué quieres ser de mayor?» siempre igual.

Cuando no sabes lo que quieres, no sabes qué descartar
Es muy normal que sepas lo que NO quieres antes que lo que realmente quieres. A medida que una persona va cumpliendo años y se va conociendo a sí misma, aprende a descartar antes. Una buena parte de nuestro conocimiento personal la obtenemos por esa vía: los libros que no nos gustan, los trabajos que no significan nada para nosotros, las parejas con las que no funcionamos…

Pero cuando tienes que decidir qué carrera estudiar o eres un recién licenciado, aún no tienes tanta experiencia. Hacer este descarte cuesta mucho más. Cuanto más joven eres más necesitas experimentar y más quieres probar cosas. No es nada extraño que te gusten varias cosas y que no sepas qué elegir. Elegir es cada vez más duro… ¡porque cada vez tenemos más donde elegir! Lo duro de elegir no es decidir con qué te quedas, sino qué descartas. Ya sabes que cada vez puedes estudiar más cosas, en más sitios y con distintas metodologías.

El peso de la decisión ahora recae sobre ti
El trabajo es una parte muy importante en la vida de cualquier persona. Así que es importante asegurarse de que no vas a dedicar todo ese tiempo a algo que no te guste o que no tenga sentido para ti. Eso añade presión al dilema.

Es una decisión importante. Pero también suele estar muy mal planteada. Hay varios tópicos que surgen aquí:

– Estudia algo con lo que puedas ganar mucho dinero.
– Estudia algo que tenga mucha demanda.
– Sigue tu pasión.

Esta decisión no ha pesado sobre nuestros hombros siempre. Hace siglos sabías que seguirías el oficio familiar. No había que decidir nada. Lo habitual es que si tu padre era sastre, agricultor o panadero, tú siguieras sus pasos. Si una familia reunía dinero entonces podía plantearse mandar a su hijo a estudiar para que se dedicara a otra profesión.

Ahora, en tiempos de abundancia material, se busca el sentido y es cuando nos preguntamos si nos «llena» o no lo que hacemos para ganarnos la vida.

La responsabilidad de responder a esta pregunta es tuya. Si dejas pasivamente que otros (padres, entorno, medios de comunicación, lo que dice la gente) decidan por ti, estarás cultivando el hábito de dejarte arrastrar por la corriente. Tarde o temprano lo lamentarás. La vida es personal e intransferible.

«¡No sé cuál es mi pasión! ¿Qué hago?»
Calma, no es un defecto tuyo. Tenemos un sistema educativo que se centra mucho en llenar de información las cabezas de los alumnos y muy poco en que se conozcan a sí mismos y sepan cuáles son sus fortalezas y qué habilidades fomentar. Por eso no es raro que alguien con 17-18 años no sepa qué estudios universitarios hacer (en caso de que estudiar sea la mejor opción). Parece comprensible cuando descubres que hay gente con 40 años que sigue sin saber qué quiere hacer con su vida. La famosa crisis de los 40 ya se ha adelantado.

Al principio todo es búsqueda… aunque no sepas qué buscas o ni siquiera seas consciente de que estás buscando algo. La manera que tienes de conocerte es probando cosas. Las experiencias que tengas y tus vivencias serán las que te revelen qué persona eres en realidad. Pero si no lo pruebas, nunca lo sabrás.

Es importante que empieces a explorar tus intereses para confirmar si hay alguno que realmente te interese más allá que como hobby. Lo que aprendas serán habilidades en las que tendrás que trabajar todo lo que puedas para llegar a realizarlas de la mejor manera de la que seas capaz.

Cuanto antes te pongas en marcha y pruebes cosas, mejor. Quítate la presión de que te tiene que apasionar. El Dr. Cal Newport indica que esto parte de dar por hecho que todos tenemos una pasión por algo de antemano. Como si fuera algo que ya existe y que, de repente, se nos revelará. Y advierte de que no es así.

No tienes que saberlo de antemano; no tienes que sentirlo de antemano
Hay una trampa muy común (por supuesto yo también he caído caigo en ella). Es la que te hace creer que tienes que esperar a sentir o saber algo para empezar. Simplemente, prueba cosas.

La certeza y las emociones vendrán después. En los inicios hay incertidumbre de sentimientos e incertidumbre de conocimientos. Muchas veces queremos saber por anticipado si se nos dará bien una cosa u otra, si nos irá bien en un trabajo o una relación. Pero no lo sabremos a menos que lo intentemos. De igual manera, tampoco podemos sentir de antemano para decidir si hacer algo o no hacerlo. Los sentimientos surgen durante el proceso.

Para empezar basta con curiosidad y ganas de experimentar
A priori lo único que tienes, en algunos casos, es el instinto o intuición, que también es una forma de conocimiento. Pero ese conocimiento hay que confirmarlo. Puedes creer que algo te va a gustar o no te va a gustar, pero si no lo pruebas no lo confirmarás. No puedes saber si un camino es para ti a menos que camines te adentres un poco en él.

A veces nos gustan demasiadas cosas o, por el contrario, estamos tan hastiados de todo que nada nos entusiasma. Si te pasa esto y alguien te dice «sigue tu pasión» o «haz lo que el corazón te diga», no te será de gran ayuda. Si estás tan confundido que no sabes quién eres ni qué es lo que quieres, ¿cómo vas a saber cuál es tu pasión y seguirla?

No tengas miedo de que pruebes algo y no te guste. Ahí tienes una información muy valiosa de un camino por el que no ir. Cuanto antes puedas hacer estos descartes, mejor. Tu coste de oportunidad será menor cuanto antes salgas de los caminos que no son para ti.

Recuerda que hoy, más que nunca, tendemos a estudiar a ciegas y que no hace falta tener una dirección exacta para dar el primer paso. Basta con que tu brújula interna te indique grosso modo el rumbo. (Sí, tienes esa brújula interna 😉 ).

Es gradual
Recuerda que no necesitas esperar a que «te llegue» la pasión para ponerte en marcha. ¡Ni mucho menos! Se va de menos a más. Por eso es importante que adquieras una mentalidad de incremento (que en este blog representa la metáfora del cangrejo ermitaño).

El motor que te pone en marcha NO es la pasión. Esta surge mucho más adelante. Los que hace que quieras empezar algo son la curiosidad y el instinto.

Para todo lo que tenga que ver con el aprendizaje, es inevitable tener claro que el proceso es gradual. Se aprende gradualmente, ya sea a mayor o menor velocidad, pero no de golpe.

Yo lo veo así:

Curiosidad > Interés > Pasión

Curiosidad: es la etapa inicial, cuando algo empieza a llamar tu atención. Aquí empiezas a buscar información gratuita en Internet, ves vídeos de YouTube o conferencias sobre el tema. Si te gastas algo de dinero en tu curiosidad, será un gasto pequeño, como un libro. Es una etapa meramente autodidacta. Te dedicas a recopilar información suelta que encuentras. Puede haber varias cosas por las que sientas curiosidad al mismo tiempo.

Interés: aquí ya hay algo más que curiosidad, el interés es más sólido y firme. Aquí es cuando empiezas a profundizar y quieres contenido más específico y estructurado. Si gastas dinero en esta etapa, será una inversión un poco mayor: un curso, un taller, etc. Buscas alguien que te enseñe y a quien puedas preguntar. Has filtrado todas las curiosidades iniciales y algunas se han quedado en esa etapa. En la etapa de interés real hay menos cosas.

Aquí  se desenmascara el falso interés. He oído a mucha gente decir que le interesa una cosa, pero luego resulta que no le dedican nada de tiempo a ese supuesto interés. Una clave para que sepas qué es lo que te interesa realmente en este momento es que te fijes en: qué haces (actividades), a qué dedicas tu atención y en qué estás invirtiendo tu tiempo, tu esfuerzo y tu dinero.

Si no hay coherencia entre ambos, lo que haces siempre prima sobre lo que dices. Esta regla te ayudará a disipar la confusión entre lo que te interesa y lo que dices (crees) que te interesa.

Pasión: sabes lo que quieres y hacia donde te quieres dirigir. Ya lo has confirmado porque lo has comprobado dedicándole muchas horas. Pones el dinero en último lugar. Sabes que es necesario, y si te hace falta para algo y no lo tienes, buscarás la manera de obtenerlo. No quieres un profesor cualquiera, quieres al mejor que puedas encontrar. A estas alturas ya tienes bastante claridad y sabes que la dedicación aquí es mucho más selecta. No puedes apasionarte por todo lo que te interesa o te produce curiosidad.

No es irrevocable
Un motivo adicional para quitarle un poco de peso a la gran decisión de qué carrera o máster elegir es que en la actualidad esto no es tan determinante como hace 50 años. Hoy, cada vez más, hay más reinvención profesional. La gente no se ciñe a lo que ha estudiado como si fuera un guion estricto del que no pueden salirse.

Tus estudios seguramente marquen una línea principal en tu carrera profesional, pero cada vez contamos con más información y medios tecnológicos que nos permiten reajustar nuestra vida laboral e ir modificando. Incluso aunque des un giro de 180º y con 45 años te preguntes: «¿Pero por qué estudié Derecho si lo que me gusta son los niños pequeños y siempre quise ser maestro?»

En serio, siempre puedes cambiar de rumbo, aunque no lo creas o te dé miedo admitirlo. La incertidumbre nos asusta. Pero lo bueno de la incertidumbre es que echa por tierra las ideas deterministas de hace unas décadas.

Descarta todo lo que ya sabes que no te gusta. Estudiar algo que no te interesa lo más mínimo solo te garantizará insatisfacción. No pienses en si tiene «salida» o no, o si se gana dinero o no. Hay sectores profesionales que van por modas, tienen un boom y luego se saturan. Los altibajos de la oferta y la demanda también se reflejan en el mercado laboral.

Sigue buscando, prueba cosas y confía, que la vida sabe más que tú y que yo. Todos hemos pasado por decepciones cuando descubrimos que algo que creíamos que nos iba a gustar no nos gustó. Pero seguro que también has pasado por el opuesto: algo que a priori no te interesaba mucho acabó sorprendiéndote para bien.

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3 Comentarios

  1. ¡excelente post,Cristina
    Un saludo muy grande
    Elena

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