Cangrejo Ermitaño

El blog de Cristina Chaus sobre aprender, desaprender y reaprender

Tu educación a largo plazo

Eduación a largo plazo

Educación a largo plazo

 

“Vive como si fueras a morir mañana. Aprende como si fueras a vivir para siempre.”

Gandhi

 

Todos estamos sometidos al inevitable paso del tiempo. No hay escapatoria al transcurso de las horas. Al inicio de cada día todos contamos exactamente con la misma cantidad, 24 horas, por delante. Nadie tiene 23 para compensar que otro tenga 25.

 

Cómo empleemos estas 24 horas para que nos cundan más es cosa de cada uno y, al final de una vida, habrá marcado la diferencia. Aquí entran en juego los hábitos que tengamos, la disciplina, la energía, la capacidad de atención frente a las distracciones, etc.

 

Cada día es tu vida en miniatura. Como vives tu día a día es como vives tu vida porque tu vida es la suma de tus días.

Aunque vivamos día a día, como seres humanos tenemos la posibilidad proyectarnos a futuro y ponernos objetivos en diferentes áreas de nuestra vida a corto, medio o largo plazo. Podemos llevar a cabo acciones hoy con la intención de que tengan repercusión ahora mismo, en unos meses o dentro de varias décadas. Todos combinamos diferentes plazos.

 

Posiblemente hayas oído hablar del famoso test de la golosina que llevaron a cabo varios profesores de la Universidad de Stanford con niños en los años 70. Estudia la gratificación instantánea (recompensa ahora, plazo inmediato) y la fuerza de voluntad (recompensa mayor pero postergada, medio y largo plazo).

 

Tenemos que conjugar varios plazos en nuestra vida. Por un lado el día a día y por otro horizontes a años vista. Es importante que no te pierdas el presente por estar mentalmente en el futuro, ya que la vida solo sucede en el presente. Tienes que encontrar el equilibrio para disfrutar el presente mientras planificas tu futuro. Hay que tener una cierta disciplina para no caer siempre en la gratificación instantánea, pero también hay que disfrutar del camino.

 

En el sistema educativo también se aplicaba un esquema parecido al del test de la golosina. Pero ya no siempre se cumplen las condiciones…

 

Quien más y quien menos, estudie por el motivo que estudie, suele hacerlo con la idea de obtener algún beneficio de sus estudios. Los que estudian lo que les gusta obtienen la recompensa en el mismo momento (y puede que también posteriormente, depende del caso). Los que estudian algo que no les gusta aceptan el sacrificio porque proyectan su recompensa hacia el futuro.

 

El plazo futuro varía. Alguien que empiece ahora su carrera universitaria maneja un plazo de unos 4 años, alguien que ya la haya acabado y esté haciendo un máster se mueve en un horizonte de 1-2 años, quien esté todavía en el instituto verá todavía esto como algo un poco más lejano, quien prepara oposiciones tiene otros plazos, etc.

 

Esto funcionaba así antes, pero ahora no necesariamente. Hay que seguir estudiando, por supuesto, pero las reglas del juego ya no son las que eran. Antes estudiar era garantía de algo. Hoy aprender (más que estudiar), a menos que sea algo que no dejes de hacer nunca, no es garantía de nada. Pero hemos sido educados por el sistema con las reglas del juego anterior.

 

Con el cambio radical del paradigma laboral en la última década, necesitamos aprender continuamente para adaptarnos a los cambios. Estudiar nos da una base de partida. Pero no lo es todo. Antes acabar la carrera era la culminación de un proceso que prácticamente garantizaba certidumbre profesional. Una carrera universitaria aumenta tu nivel de conocimiento pero, ahora esa es la nueva base. Ya no hay final del proceso, porque el proceso no acaba nunca. Hay que seguir aprendiendo.

 

Muchas veces, trabajando como asesora de estudios, he visto a personas creer que, con el diploma que obtendrían al final, su vida (laboral) estaría resuelta. Efectivamente, puede que así sea. Pero también puede que no. Dar por hecho que sí es propio del paradigma anterior y de sectores como el funcionariado, en los que la golosina académica sigue vigente. Mucha gente sigue viviendo con la idea de que puede poner todas sus esperanzas en un “papel”.

 

¿No se han dado cuenta de la gran cantidad de jóvenes que hicieron el esfuerzo, obtuvieron su “papel” y luego no tuvieron la recompensa esperada? ¿No han visto a jóvenes frustrados por tener empleos para los que están sobrecualificados?

 

Ante esto pregúntate cuánto vas a tardar en adaptarte al cambio. Cuando ya es una realidad, tardar en aceptarlo, enfadarte o deprimirte no te va a ayudar. Solo hará que te duela más.

 

Contempla tu vida y tu educación como un proyecto a largo plazo, de toda la vida. Y algo también fundamental, toma las riendas en tu aprendizaje. No esperes a estudiar solo cuando no te quede más remedio porque en el trabajo te pidan alguna certificación o porque te hayan echado y no te quede más remedio que “reciclarte”. Eso equivaldría a que el trabajo y las circunstancias externas dominaran tu educación. No lo hagas por los demás, pon el foco en ti y hazlo por ti.

 

No hay que seguir con la creencia de que tu educación termina cuando terminas la universidad (y menos en el momento histórico tan cambiante en el que estamos viviendo). No hay una “tierra prometida” a la que vayas a llegar cuando obtengas el “papel”, estamos en un viaje constante. Por eso tienes que seguir formándote.

 

Ya no aprendemos una vez, sino que aprendemos, desaprendemos y reaprendemos continuamente. La educación es de por vida y, si tu vida es a largo plazo, tu educación también debe serlo.

 

La educación ya no es solo ese esquema rígido en el que uno enseña y los demás aprenden. Hay más opciones que nunca para aprender continuamente (libros, talleres, grupos privados, mentorías personales, MOOC, por tu propia experiencia haciendo cosas nuevas, blogs… hasta YouTube).

 

Sea como sea, tienes que asegurarte de educarte un poquito cada día porque en el futuro será una de las decisiones que más te alegrará haber tomado. En el largo plazo te sorprenderá todo lo que has aprendido y en el corto plazo verás resultados muy pronto que te destacarán frente al resto. Estos resultados inmediatos te animarán.

 

Recuerda que el mundo avanza muy rápido y quien no se actualiza, se queda atrás antes de que pueda darse cuenta. No hace falta que tú también vayas tan rápido. Es un ritmo desquiciante y necesitarás tiempo para asentar todo lo que vayas aprendiendo. Lo único que hace falta es que no pares. No se trata de correr, solo de no dejar de avanzar. No puedes permitirte no seguir aprendiendo.

¿Te has dado cuenta de que mucho de lo que te enseñaron ya no vale?
Únete para ser un cangrejo ermitaño que aprende y desaprende. ¡Sal del caparazón que te oprime!
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6 Comentarios

  1. Estupenda reflexión. Enhorabuena Cristina!!

  2. Acabo de descubrir este blog, y no tengo mas remedio que contestar a su autora Cristina,que simplemente me ha encantado
    Dosis de realidad , pero a la vez, ilusionante pues la vida tanto la profesional
    Como la personal es un aprendizaje continuo pero como se suele decir “tienes que estar al loro”,contigo misma y no caer en la depresion y el enfado.
    Simplemente es lo que nos ha tocado vivir y hay que sacarle el rendimiento adecuado,¿injusto muchas veces con miles de personas preparadisimas?Si
    Este blog tendria, que leerlo gente joven preparada y esperanzada y no tan esperanzada para coger las riendas de su futuro con otras expectativas e ilusiones,yo desde luego , voy a recomendarlo.
    Felicidades por ello ,Cristina
    Helena

  3. Reyes Marcos

    28/07/2017 at 11:29

    Gracias!!! Muy bueno!
    Sinceramente el hecho d aprender en si mismo es ya un placer..y una alegría superar nuevos retos!!
    Avanzar sp.. además evita la depre y te mantiene vital y optimista.
    Reyes

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