Cangrejo Ermitaño

El blog de Cristina Chaus sobre aprender, desaprender y reaprender

Educación y crecimiento económico

Educación y crecimiento ecomómico

Educación y crecimiento económico

 

“Si crees que la educación es cara, prueba con la ignorancia.”

Derek Bok

 

La educación es una de las bases del crecimiento económico. Por eso creemos que la educación es una inversión. Y, en parte, esto es cierto. En parte.

 

¿Qué fue antes el huevo o la gallina?

La misma pregunta puede hacerse con respecto a la educación y el crecimiento económico, ya que van asociados. Pero, ¿seguro que sabemos en qué orden?

 

Respondo directamente: primero se produce la riqueza, luego la educación y, después, idealmente, se genera más riqueza. Es un ciclo.

 

El sistema educativo tiene como uno de sus principales propósitos que el individuo formado se integre en la sociedad y sea productivo para sí mismo y para los demás, generando así más riqueza. Es decir, la educación es una inversión.

 

Cualquier persona estará de acuerdo en que formarse es importante. Hemos conocido un mundo en el que la formación prácticamente aseguraba tener trabajo. Pero los tiempos actuales demuestran que esto ya no está garantizado.

 

Hace décadas tener estudios era igual a tener empleo. “Educación” y “crecimiento económico” eran dos conceptos que se retroalimentaban. A más inversión en educación, más gente podría formarse y trabajar. Cuanta más gente trabaje, menos paro, más crecimiento económico, etc. Así que era una inversión rentable. La fórmula funcionaba porque iba acorde con la oferta y la demanda de entonces.

 

 

¿Sigue funcionando hoy?

Una de las funciones del sistema educativo es formar a los más jóvenes para que puedan ser miembros productivos y adaptados a la sociedad el día de mañana. Ya va siendo habitual que en Cangrejo Ermitaño hablemos sobre el futuro y nuestra incapacidad para verlo.

 

La gran cuestión es cómo educar a los niños para que encuentren su lugar en la economía del siglo XXI si ni siquiera podemos anticipar con precisión cómo irá la economía al final de la semana que viene. Esta es exactamente una de las preguntas que se hace Sir Ken Robinson.

 

Como él mismo diagnostica, el sistema educativo hace lo que hizo en el pasado. Se creó bajo las circunstancias económicas de la Revolución Industrial. Pero hace tiempo que esas quedaron atrás.

 

Sabemos que aprender es una inversión. Hay cosas que, una vez aprendidas, son tu mayor tesoro de por vida. Otras en cambio, no son tan rentables o lo son durante menos tiempo. La economía, como todo en esta vida, fluctúa. Y no está de más preguntarse si el sistema educativo también.

 

 

Lo empresarial llevado a lo público

Estamos educando para una economía que no sabemos cómo será. Y lo hacemos con un modelo industrial que sí conocía bien su circunstancia económica y enseñaba a los niños solo lo que necesitaban para tener empleo en la fábrica.

 

La Revolución Industrial generaba dinero a los dueños de las fábricas con el que creaban la escuela para que los que pasaran por ella trabajaran posteriormente para ellos y generar así más riqueza. Eso, desde el punto de vista empresarial, era una inversión.

 

Hoy la educación se gestiona públicamente extrapolando esta fórmula empresarial. El dinero público se invierte en educación para que después el individuo sea productivo para la sociedad. Tiene que haber una riqueza pública que se pueda destinar a la educación.

 

El dinero siempre precede a la educación. Es necesario para que se pueda estudiar. Se hace uso de él con la idea de que esa formación merecerá la pena. De hecho, ya se hacía así incluso en la Antigüedad, antes de que se estandarizara la educación como sistema. Entonces también había que pagar para instruirse.

 

Recuerda cuando tu profe de filosofía te contaba eso de que Sócrates, a diferencia de los sofistas, no cobraba a sus alumnos. Sin dinero los sofistas no enseñaban. Era lo habitual. El raro era Sócrates.

 

Para nosotros, aquí y ahora en España, es igual. La educación también tiene que ir respaldada por la riqueza. No hay “educación gratuita”. Eso es una mentira de la Constitución. Lo que intenta decir es que cuando un niño va a al cole no tiene que ir con su dinero en mano como los discípulos de los sofistas. No tiene que hacerlo porque la educación la pagamos entre todos a través de los impuestos.

 

“Gratis” significa “sin coste, de balde”. Pero la educación, obviamente, tiene coste. Hay que pagar por el mantenimiento de los centros, las nóminas de los trabajadores, profesores y maestros (a menos que sean Sócrates), etc. Aquí puedes ver la incongruencia entre el punto 4 y el 7 del artículo 27 de la Constitución.

 

Si quieres hacer la prueba del algodón para salir de dudas sobre la relación entre educación y economía, analiza lo siguiente: si la educación fuera gratuita y realmente no tuviera coste, sería indiferente a la economía. No existirían las becas porque no harían falta. Pero no es así: en época de vacas flacas, la educación también sufre recortes. Lo gratis no se puede recortar. Además, si fuera al revés y la educación generara riqueza, habríamos salido de la crisis estudiando más 😉

 

 

La fortuna familiar

Thomas J. Stanley y William D. Danko escribieron El millonario de la puerta de al lado, un libro sobre los hábitos de los millonarios estadounidenses. Nada que ver con las ideas de Hollywood o Park Avenue que puedas tener. En ese libro analizan todo lo relativo a la generación y acumulación de riqueza. Uno de los aspectos, que no podía faltar, es el educativo.

 

Sorprendentemente, declaran que la correlación entre riqueza y educación es negativa. La mayoría de los más de 1000 millonarios en los que se basa el estudio de los autores no destacaban precisamente por un nivel de estudios alto. Prácticamente todos se abrieron camino con estudios medios y siendo propietarios de su propia empresa.

 

Todo buen padre quiere lo mejor para sus hijos. Entre esas cosas está, por supuesto, facilitarles la mejor educación posible. En muchos casos, la educación que él no pudo tener. Para que tengan una vida mejor, los anima a estudiar. Los hijos de los millonarios reciben mejor educación que sus padres. Como ves, en el ámbito familiar sucede igual que en el público: primero la riqueza, después la educación y a partir de ahí… tratar de mantener el ciclo.

 

 

Conclusión

No hay fórmula mágica porque no es la misma fórmula en todas las épocas. Está claro que educación y crecimiento educativo van asociados. Nadie escapa a la implacable ley de la oferta y la demanda.

 

La ignorancia no es una opción. Y menos hoy que la información es más accesible que nunca. Cuanto más formada esté una persona, mejor. Pero solo en el caso de que su formación le permita desplegar recursos con los que pueda adaptarse. La capacidad de adaptación y de reaprendizaje continuo será es la clave.

 

La formación limitante, que solo enseña a hacer las cosas como siempre se han hecho, irá cayendo por su propio peso. Debe dejar de estar supeditada a una economía del pasado y más orientada a despertar capacidades y recursos ya que no sabemos las habilidades que podremos necesitar en la economía que está por llegar.

 

 

Foto: Licencia Creative Commons

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1 Comentario

  1. ¡que buen artículo!Así es , tal como lo cuentas Cristina,
    Saludos
    Elena

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