Cangrejo Ermitaño

El blog de Cristina Chaus sobre aprender, desaprender y reaprender

Educación y dogma

Educación y dogma

Educación y dogma

 

«Prefiero tener cuestiones que no pueden ser respondidas que respuestas que no pueden ser cuestionadas»

Richard Feynman

 

 

Es importante tener una pedagogía más enfocada en la pregunta que en la respuesta; lo contrario de lo habitual. Un dogma es algo que se acepta sin cuestionar. Nos educan para aceptar mansamente muchos dogmas.

 

Uno de los propósitos de la educación es la transmisión de la identidad cultural de una sociedad en la que después se espera que se integren los jóvenes. Inevitablemente, transmitir cualquier manera de entender el mundo y cómo encaja un individuo en él es incorporar un filtro a través del cual percibirá y juzgará la realidad.

 

Tendemos a asumir que las respuestas son más importantes que las preguntas porque son lo que vale para pasar el examen. También asumimos que el mundo es como nos lo han explicado.

 

Estamos más programados de lo que creemos y de lo que queremos creer. Buena parte de esta programación pasa por no cuestionar, o cuestionar muy poco. El poder de la educación con la que llenamos nuestras cabezas durante las dos primeras décadas de vida es enorme. (Si no lo fuera, a los políticos no les interesaría tanto controlar la educación 😉 ).

 

Cada sociedad transmite siempre sus valores y su identidad a través de la educación. El individuo condicionado tiende a creer que el mundo es como le contaron de pequeño.

 

La ciencia que conocemos forma parte de nuestra cultura, que es la base de la programación con la que interpretamos el mundo.

 

 

Hacer ciencia lleva tiempo

Desde la época de la Ilustración reverenciamos el dato, las demostraciones científicas, las fórmulas, etc. Nada que objetar a eso. Necesitamos parámetros para tomar decisiones. Pero a veces se nos olvida que la ciencia avanza a base de ensayo y error a medida que se corrige a sí misma.

 

Me gusta pensar sobre esto históricamente. Ampliando el foco puedes preguntarte, por ejemplo, si no habrá algo que hoy hagamos creyendo que es saludable y que en el futuro se demuestre lo contrario. No es una pregunta baladí. Esto ha pasado siempre. Hoy nos escandalizamos ante cosas como los banquetes de los romanos y sus vómitos para seguir comiendo, o la práctica de la sangría a un enfermo para sacarle los humores, o que se defendieran los beneficios del tabaco.

 

¿Tenemos hábitos que harán escandalizarse a la gente del futuro? Rotundamente, sí.

 

 

La realidad no siempre está científicamente demostrada.

La ciencia avanza como puede y hay que tener en cuenta que el que algo no se haya demostrado aún no quiere decir que no sea cierto o que no exista. Sería como creer que la ley de la gravedad no empezó a existir hasta que Newton la formuló. De hecho, una de las funciones de la ciencia es explicar por qué se producen muchos fenómenos.

 

La ceguera de muchas personas es su necesidad de una explicación científica de las cosas para creer en ellas o para tomarlas en consideración. Solo creen en lo que la ciencia avala. Habrían tenido un problema si hubieran vivido antes del siglo XVII. Newton aún no había dicho ni pío sobre la gravedad. Pero si te caías, la gravedad funcionaba igual.

 

Las cosas no necesitan estar científicamente demostradas para existir. Muchas cosas existen tiempo antes de que la ciencia se haya desarrollado lo suficiente para poder observarlas, entenderlas y explicarlas.

 

 

Demostrar para creer: ¿es la ciencia la nueva religión?

No damos importancia a las cosas hasta que nos las demuestran. Desde hace milenios se practica la meditación. Pero hasta que la ciencia moderna no nos ha especificado los procesos exactos que tienen lugar en el cerebro al meditar, no hemos dado crédito sus beneficios. Por eso el boom del mindfulness ha sido en los últimos años.

 

Hay que entender que la ciencia va a su propio ritmo y que necesita el paso del tiempo para confirmarse.

 

Cuando la gente se vuelve muy dogmática con esto es como si, sin ser conscientes de ello, hicieran de la ciencia una nueva religión. Para mucha gente lo científicamente demostrado es lo que ahora va a misa.

 

Esto no está necesariamente mal. Lo que la ciencia demuestra nos da información valiosa de a qué podemos aferrarnos en un mundo tan incierto. Pero hay que ser un poco más flexible y entender que algo puede ser cierto aunque la ciencia aún no lo haya demostrado. O lo contrario: demostraciones falaces que nuevas investigaciones evidencian erróneas.

 

La realidad es siempre más grande que la ciencia y siempre es más lo que ignoramos que lo que conocemos. No conviene olvidar eso. La ciencia abarca lo que abarca. Pero siempre deja fuera muchas cosas que no hay por qué despreciar ni creer crédulamente.

 

Hoy basta decir que algo está científicamente demostrado y la gente lo acepta con una credulidad pasmosa. Dile a alguien que hay un estudio de una universidad de EE.UU. que demuestra X y no lo pondrá en tela de juicio. Seguramente no se tome la molestia de confirmarlo. A lo mejor ni siquiera sabe inglés lo suficientemente bien para hacerlo. No me parece muy distinto de un paisano de hace 10 siglos al que en la iglesia le decían que Y era así porque lo decía la Biblia. Lo aceptaba sin más. Total, tampoco sabía leer para comprobarlo y mucho menos latín para entenderlo.

 

 

¿Y eso quién lo dice?

Algo que va asociado al dogmatismo es el «problema del experto», vinculado a la titulitis. ¿Quién es más experto en algo? ¿Quién sabe más de algo? ¿Valen todas las opiniones por igual?

 

Siempre hay una «autoridad» o un «experto» que sepa más de cada materia. Esto está bien y nos da confianza cuando nosotros no sabemos lo suficiente para tener un criterio propio. No podemos saber de todo, obviamente. Así que está bien dejarse guiar. Pero, como en todo, tiene que haber mesura para no imponer.

 

Yo reflexiono mucho sobre esto desde hace años porque estudié Filología Hispánica. La manera correcta de utilizar el lenguaje es algo primordial. Con esta licenciatura se podría considerar que soy una «experta» en lengua. Pero, ¿hace esto que mi opinión sobre cómo utilizar el idioma sea más válida que la de otro que no tenga los mismos estudios que yo?

 

Habrá gente que responderá que sí y gente que creerá que no.

 

Al final lo único que cuenta es que la comunicación haya sido efectiva: expresar claramente lo que se quiere expresar y que el otro lo comprenda.

 

Lo que más me gusta de esto es que el idioma nos pertenece a todos los que lo hablamos. No es un «área de expertise restringida» a unos pocos. Como el castellano es una lengua viva, está en constante cambio. Siempre hay palabras nuevas que se incorporan y otras viejas que quedan en desuso. Por eso la RAE tiene que sacar nuevas versiones de diccionarios, gramáticas y ortografías.

 

Observar la reacción de la gente ante cada novedad de la RAE es un ejercicio muy bueno para ver cómo de dogmático es cada cual. Hay quien se siente «atacado» porque «eso no es lo que yo estudié»; hay quien pasa olímpicamente de lo que diga la RAE «mientras los demás te entiendan, da igual»; hay quien acepta los cambios sin más; etc.

 

Ilustra muy bien la diferencia entre una norma y un dogma. No son lo mismo, pero hay quien hace de las normas dogmas incuestionables. Las normas se revisan y son necesarias porque son útiles (en teoría).

 

No siempre hay que aceptar ciegamente todas las novedades. Paradójicamente, hay innovaciones que son auténticos retrocesos. Hay que tener criterio para juzgar cada caso. Usar la misma vara de medir para todas las situaciones no siempre es lo idóneo. Hay que adecuar la herramienta a la situación.

 

 

Hacer que las cosas encajen a martillazos

Las titulaciones en algunos casos son una manera de intentar solucionar el «problema del experto».

 

Pero a veces fomentan el problema. Si la enseñanza que has recibido para llegar a ser un «experto» acreditado es dogmática, aprendes a no cuestionar lo que te han enseñado. Lo defenderás y lo proclamarás como tu mejor herramienta posible, tu martillo de oro.

 

Esto es limitante. Es como si estuvieras «contaminado» para ver posibilidades fuera de tu propio paradigma. Crees que la herramienta que a ti te han enseñado es la única herramienta existente. El experto esclavo de sus propios dogmas…

 

¿Conoces a algún carpintero que tenga una herramienta para todo? Para un clavo le vendrá genial un martillo, pero, si tiene un tornillo, será mejor un destornillador.

 

Tener un pensamiento único y dogmático es como limitarse a usar siempre la misma herramienta para todo. A este concepto se le conoce como «martillo de oro o martillo de Maslow» porque dijo, refiriéndose a este sesgo cognitivo: «Si solo tienes un martillo, todo te parece un clavo».

 

Esto está relacionado con otro fenómeno que ya hemos explicado en Cangrejo Ermitaño, el lecho de Procusto. Sucede siempre que forzamos a la realidad para que encaje en nuestro molde. No aceptamos que la realidad sea como es, sino que la ajustamos a nuestros dogmas. Solo puede ser como esperamos que sea. Y solo esperamos que sea como nos han enseñado que tiene que ser.

 

Los grandes científicos, pensadores, descubridores, escritores, etc. se cuestionaron los dogmas de sus respectivos campos. Así es como avanzaron.

 

 

¿Dónde lo lees, dónde lo escuchas, dónde lo ves?

El contexto es necesario. Para que le demos credibilidad a algo tiene que llegar por el canal adecuado. Para que haya esta correspondencia es muy importante el medio a través del cual nos llega la información. No daremos la misma credibilidad a algo que veamos en distintos medios. El contexto nos condiciona, y mucho.

 

Siempre ha habido un canal en el que hemos creído ciegamente.

 

En la Antigüedad, las leyes de los dioses estaban escritas en piedra. No se cuestionaban.

 

Hace siglos no había tantos libros como ahora. La imprenta existe desde hace «muy poco». Se imprimían menos cosas y, por ello, más importantes. Esto hacía que la gente creyera que lo que aparecía en los libros tenía que ser verdad.

 

Don Quijote se volvió loco porque creía que las historias de caballerías que leía en los libros tenían que ser verdad. Es una parodia; es cierto. Pero demuestra cómo se daba un crédito excesivo a la letra impresa.

 

Cuando llegó la radio mucha gente se asustó en Estados Unidos por una invasión marciana. Era una broma de Orson Welles. Pero, como lo decía la radio, tenía que ser verdad.

 

Después llegó la televisión. Creo que no hace falta hablar ni poner ejemplos de desinformación que produce este medio. Las imágenes también se manipulan. Nos cuesta aceptar que lo que vemos pueda no ser real. «¡Pero si lo he visto en la tele!»

 

Hoy estamos en el ámbito de Internet. Como era de esperar produce el mismo efecto. Mucha gente afirma cosas porque lo ha «leído en Internet» (muchas veces sin recordar dónde ni quién lo ha escrito; da igual está en Internet) o porque ha visto algún vídeo por la red (YouTube es la nueva tele).

 

Si algo aparece en todos los medios, es más fácil que te lo acabes creyendo. (Si no, los políticos tampoco tendrían tanto interés en controlarlos 😉 ).

 

Ten en cuenta que verdades y mentiras se mezclan en libros, radio, televisión e Internet. De hecho, existen webs divertidas de fake news.

 

Cada cosa en su sitio: no reconocer lo que está fuera de lugar

Damos muchísima importancia al canal a través del cual recibimos la información. Cuando esta confianza es excesiva dejamos de emplear nuestro sentido crítico y aceptamos sin juzgar.

 

Una demostración curiosa de cómo damos crédito a las cosas en función de su contexto es el experimento que un violinista y el Washington Post llevaron a cabo hace unos años. El violinista Joshua Bell estuvo tocando en el metro de Washington. Recolectó las monedas que le echaban los que prestaban atención a su música (no muchos); un total de 32,17$. El mismo recital en un auditorio salía a 100$ por butaca. A la gente le parecía normal ese precio, pero en cambio no lo escuchaba gratis en el metro.

 

El contexto nos condiciona al juzgar la realidad. En un caso la gente percibía a un músico callejero y en otro a un virtuoso profesional.

 

Evidentemente, es difícil ser inmune a esto. Inevitable. Yo confieso que tampoco habría reconocido al violinista. Está bien tomar conciencia de esta dependencia del contexto para reducirla.

 

¿Cómo saber si te condicionan el contexto y el mensajero?

Para acabar voy a hacerte dos preguntas que te hagan darte cuenta de si das mucha importancia al «rigor científico» o no:

 

  1. ¿Consultas la Wikipedia cuando quieres saber algo?

 

Ahí podrás encontrar mucha información gratis e instantánea. Cuando haces una búsqueda en Internet, es normal que uno de los primeros resultados que te salga sea el de la Wikipedia.

 

Uno de los cambios que ha provocado Internet es que ahora podamos hacer muchas más cosas de manera colaborativa. La Wikipedia es el mayor ejemplo de esto. Es una enciclopedia escrita por quien quiera colaborar compartiendo su conocimiento.

 

Consultar la Wikipedia no es tan riguroso como consultar una revista científica. Además, es muy diferente de cómo se hicieron las primeras recopilaciones del saber universal como la Enciclopedia francesa de la Ilustración o las Etimologías. En esos casos, se conocía la autoría de la obra. Se sabía que su «autoritas», su conocimiento, respaldaba el crédito de la obra. En cambio la Wikipedia…

 

Sabemos que tiene fallos y no sabemos es quién es el autor de cada artículo. Pero no deja de ser muy popular por ello.

 

Yo consulto la Wikipedia también. De hecho, en este artículo ya has podido pinchar en hipervínculos que te llevan a ella. Me parece un buen recurso para hacerme una idea general de algo que desconozco. Pero, y esto es lo importante, no me limito a ella. Siempre consulto después otras fuentes para contrastar y confirmar.

 

  1. ¿Sigues a algún «influencer»?

 

El influencer también está muy de moda (y utilizar la palabra en inglés lo hace todavía más cool 😉 ). Son personas que influyen fácilmente en la opinión de sus lectores/espectadores/seguidores en RR.SS./etc. Incluso si son auténticos palurdos, tienen una capacidad asombrosa para generar opinión en sus seguidores. Estos muchas veces no prestan tanta atención al mensaje como al mensajero. Los más fanáticos parecen estar siempre de acuerdo de antemano (¿?).

 

Como en el ejemplo anterior, también confieso que sigo a algunos influencers y también admito que solo hasta cierto punto. Las modas vienen y van, y los influencers también son tendencias.

 

Los dogmas son caparazones

Nunca creas a nadie ciegamente. Cuando lo haces dejas de cuestionarte las cosas y corres el riesgo de confundir una opinión o una norma revisable con un dogma incuestionable. El peligro de esto es que te hace resistente tu propio crecimiento.

 

La reticencia a desaprender lo innecesario para reaprender lo nuevo es la filosofía opuesta al cambio de caparazón que todo Cangrejo Ermitaño tiene que hacer de vez en cuando. (Hay que reconocer que los dogmas son cómodos: los aceptas una vez y ya no cuestionas nunca nada más. Pero sabemos que la comodidad es una trampa: la vida pasa y tú cambias con la vida. Resistirse a esto es resistirse a vivir, aunque dé miedo).

 

El sistema educativo, los medios de comunicación o la influencia social del entorno favorecen que desarrollemos una manera de pensar dogmática. Aprendemos a no cuestionar lo que nos han enseñado y lo defendemos, martillo en mano, como la verdad absoluta.

 

Ya explicamos en Cangrejo Ermitaño que la educación es de por vida. Es un proyecto que siempre está en proceso, que siempre se enfoca al largo plazo y que nunca termina. Por eso creemos también que la educación debe ser fluida y adaptativa, lejos de la rigidez de los dogmas.

 

Principios fijos en esta vida hay algunos: pocos y fundamentales. Eso es lo que hay que aprender de verdad. El resto es adaptación.

Compártelo
¿Te has dado cuenta de que mucho de lo que te enseñaron ya no vale?
Únete para ser un cangrejo ermitaño que aprende y desaprende. ¡Sal del caparazón que te oprime!

8 Comentarios

  1. Uno de los posts que más me han gustado
    ¡¡genial!!
    Elena

    • Cristina Chaus

      11/10/2017 at 13:12

      ¡Gracias, Elena! Valoro mucho tu comentario porque lees todos mis post.

  2. Cristina me ha gustado mucho tu post!

  3. Muy buen artículo Cristina!! Te hace pensar mucho, porque todos caemos en los dogmas, que además yo diría que a veces también nos sirven para desarrollar sensación de clan… y salir así de lo que de otra manera sería una “soledad”.
    Este salir de los dogmas es lo que ya está cambiando el paradigma occidental en el siglo 21.
    Es una suerte que alguien nos lo recuerde… Gracias!

    • Cristina Chaus

      13/10/2017 at 13:09

      Muchas gracias por tu comentario, Laure. Me alegro de que te haya gustado. Gracias también por tu aportación. Tienes razón en lo que señalas de la presión del grupo. Un abrazo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

*