Cangrejo Ermitaño

El blog de Cristina Chaus sobre aprender, desaprender y reaprender

El Efecto Pigmalión y la educación

Efecto Pigmalión. Crecimiento

Si tratas a un individuo como si fuese lo que debería ser y podría ser, se convertirá en lo que debería ser y podría ser.

Goethe

 

Las expectativas tienen un peso en nuestra vida mayor de lo que parece. A veces asumimos las que otros tienen de nosotros sin cuestionarlas. Otras veces nosotros mismos tratamos a los demás en función de la idea que nos hemos hecho de ellos. Este condicionamiento se conoce como Efecto Pigmalión.

 

El mito

Pigmalión esculpió en mármol la estatua de Galatea, una mujer tan bella que llegó a enamorarse de su propia creación. Afrodita, diosa del amor, la convirtió en un ser de carne y hueso.

 

Este relato mitológico inspiró siglos después a George Bernard Shaw para escribir una nueva versión del mito en obra de teatro, que a su vez dio lugar a una nueva versión musical, My fair lady.

 

Esta historia, en cualquiera de sus variantes, muestra cómo condicionamos el trato que damos a los demás según veamos en ellos mayor o menor potencial.

 

 

El experimento de la profecía autocumplida

En 1968 Rosenthal y Jacobson publicaron Pygmalion in the classroom, un libro en el que recogían el resultado de su experimento. Dijeron a los profesores de una clase que los alumnos habían llevado a cabo un test y les dijeron qué estudiantes tenían mejores capacidades que el resto. Pero no era cierto. Esos alumnos obtuvieron resultados similares a los de sus compañeros.

 

No importó que no fuera verdad. El condicionamiento ya estaba operando. Los falsamente etiquetados generaron expectativas más altas en sus profesores, que los estimularon más. A veces, incluso sin ser plenamente conscientes de ello, los favorecían un poco más que al resto de sus compañeros “normales” porque esperaban más de ellos.

 

La sorprendente revelación del experimento de Rosenthal y Jacobson es que al final esos estudiantes realmente obtuvieron los mejores resultados. Su rendimiento fue superior porque era lo que se esperaba de ellos.

 

Tendemos a ser lo que los demás esperan que seamos. En eso se resume el Efecto Pigmalión.

 

Pero esto funciona en dos sentidos: tanto para mejor como para peor. (En este caso se denomina Efecto Golem). Si tienes bajas expectativas de un alumno o un empleado, casi con toda seguridad rendirá menos. Es un efecto que puede usarse en los dos sentidos.

 

 

El cangrejo ermitaño

En el post sobre El arte de aprender distinguimos dos enfoques de aprendizaje: el que se basa en la entidad (yo soy bueno/malo en esto, yo soy así, etc.) y el que se basa en el incremento (se puede mejorar con entrenamiento y práctica).

 

Como cangrejos ermitaños, vivimos con mentalidad de incremento. Lo que tú eres hoy, no tiene por qué ser lo que sigas siendo mañana, si pones de tu parte…

 

Esta mentalidad de incremento no es solo hacia nosotros mismos. También proyectamos nuestras expectativas sobre los demás. Sabemos que, si nosotros podemos cambiar de caparazón, los demás también pueden. Aunque cueste.

 

 

Niégate a que tu hijo crea que vale menos que el resto

La profecía tiende a autocumplirse pero si alguien cree que no eres lo suficientemente bueno, depende de ti en última instancia darle la razón o sorprenderle demostrándole que se equivoca. Al fin y al cabo el Efecto Pigmalión es una tendencia, no una ley infalible de la naturaleza.

 

Esto lo saben bien quienes que no permiten que los demás pongan este tipo de losa mental sobre el futuro de sus hijos.

 

Una de ellas, que seguramente conozcas, es la madre de Forrest Gump. Un test de inteligencia confirmó que el “cortito” Forrest estaba por debajo de la media para poder ser admitido en el colegio de su ciudad y que tendría que ir a otro para “niños como él”. Pero su madre no lo aceptó y le educó para que fuera lo que podía llegar a ser.

 

Pero esto no pasa solo en las películas americanas. Si te gusta el hip hop puede que conozcas al grupo La Excepción del barrio madrileño de Pan Bendito en Carabanchel. Juan Manuel Montilla, alias El Langui, es su cantante.

 

Desde que nació tiene lesiones provocadas por falta de oxígeno en el parto, pero eso no le hizo asumir que era menos que el resto. Además de cantar, en el año 2008 participó en la película El truco del manco. Para sorpresa de mucha gente, esta incursión en el cine le valió dos Premios Goya: a la mejor canción de la BSO, compuesta por él mismo, y al Actor Revelación.

 

Te soy sincera: yo no he visto la película ni suelo escuchar hip hop. Pero me gusta este ejemplo de enfoque de incremento. Años después aún me parece inspirador cómo El Langui, al recoger el segundo Goya, agradece a sus padres que nunca le dieran un trato especial y que de niño nunca le bajaran la lata de Nesquik cuando él no llegaba para que se esforzara igual (o más) que cualquier otro niño porque sabían que a la larga sería mejor para él. Puedes verlo aquí.

 

Ni a mi alcance ni inalcanzable: solo fuera de mi alcance

No quiero que el post parezca efectista porque estos ejemplos sean de “discapacitados”. (Lo pongo entre comillas porque, al fin y al cabo, ambos resultan ser perfectamente capaces de hacer lo que hacen).

 

Todas las personas, con dificultades físicas o psicológicas o sin ellas, crecemos igual: intentando llegar a lo que tenemos un poquito más allá. No nos esforzamos por algo que tenemos al alcance la mano ni tampoco por algo que consideramos absolutamente inalcanzable.

 

Lo que nos pone en marcha es lo que está en medio, como una lata de Nesquik en lo alto del armario. No es más que otra forma de explicar lo de la famosa zona de confort que se expande cada vez que vas un poquito más allá de donde estás ahora.

 

El Nesquik está fuera de la zona de confort actual. Alguien con enfoque de entidad se conformará con aceptar que no llega al Nesquik porque él es así. Lo da por inalcanzable. Alguien con enfoque de incremento, aceptará que ahora mismo no llega pero que, si trabaja en ello, mañana puede llegar.

 

En caso de tratarse de un niño, puede asumir un enfoque u otro en función de lo que los demás esperen de él, Efecto PigmaliónEfecto Golem. Los padres de El Langui y la madre de Forrest Gump, tenían claro su enfoque: el niño llegará. Otros padres quizá asuman que no puede y se resignen a bajarle el Nesquik y ponérselo en la mano cada vez que lo pida.

 

¿Cómo crees que progresará más el niño? ¿Qué enfoque acabará haciendo de él un adulto más competente?

 

 

Nesquik y Efecto Pigmalión

Nada está garantizado. El Efecto Pigmalión también tiene detractores que lo niegan o lo cuestionan con escepticismo.

 

Aunque la mayoría de los pronósticos suelen cumplirse, siempre habrá lugar para comportamientos imprevisibles. Pero, lo que está claro, es que somos mucho más influenciables de lo que creemos. Si nuestro entorno cree que lo lograremos, nuestra tendencia será a actuar según esa imagen que hay de nosotros y a hacer lo necesario para lograrlo.

 

Si necesitamos un modelo de lo que “debemos” ser y no lo tenemos, no es raro pensar que asumamos (consciente o inconscientemente) el modelo que otros se han hecho de nosotros.

 

Tomando esta metáfora del Nesquik deseado pero todavía fuera del alcance, podemos darnos cuenta de las expectativas que tenemos sobre nosotros mismos o sobre los demás.

 

¿Con qué enfoque miras a tus hijos/empleados/alumnos? ¿Crees que llegarán o les bajas directamente el Nesquik a su zona de confort?

 

Del mismo modo, el Efecto Pigmalión opera sobre nosotros con las expectativas ajenas.

 

¿Has experimentado alguna vez que alguien te juzgaba así (para bien o para mal)? ¿Tenían expectativas altas o bajas puestas en ti? ¿Se cumplieron? Dímelo en los comentarios, me encantaría saberlo.

 

 

Foto: Licencia Creative Commons

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4 Comentarios

  1. Qué buen post!! Yo por el Nesquik también saldría de mi zona de confort!! jejeje 😉

  2. Ole ole y ole!!! Grandísimo post y como dice Cristina, por el nesquik salgo de donde haga falta…por el nesquik ma-to!!

    Y ya fuera de broma, ojalá todos nos aplicásemos a nosotros mismo y a las personas que tenemos al lado el efecto pigmalion, para poder sacar afuera todo nuestro potencial y, nos dejásemos de criticar o juzgar.

    Como bien dices, es cierto que somos lo que somos, pero que si nos lo proponemos podemos llegar a lo que queramos con trabajo y sobre todo con compromiso 100% con nosotros mismos para darnos lo mejor.

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