El Elemento, por Sir Ken Robinson

El Elemento
El Elemento

 

«Hay demasiada gente que nunca conecta con sus verdaderos talentos naturales y, por tanto, no es consciente de lo que en realidad es capaz de hacer.»

Sir Ken Robinson

 

He estado repasando mis notas de El Elemento, libro más que recomendable que leí hace años. Su autor, Sir Ken Robinson, es uno de los pioneros en replantear el sistema educativo. Su voz es referente en cuanto a apuntar por dónde deben ir los cambios.

Todo empieza por descubrir cuál es nuestro Elemento, ese cruce entre nuestras aptitudes y nuestras inclinaciones personales. Hacer este descubrimiento es tener un momento mágico, una revelación acerca de quiénes somos y de cómo podemos aportar valor a otros.

Aunque no soy muy fan de la idea de «descubrir tu pasión» como algo romántico y fantasioso, El Elemento es un libro que me ha gustado mucho por:

  • La exposición clara de cómo funciona nuestra inteligencia y de los mitos culturales que han arraigado con respecto a ella.
  • La explicación de cómo inteligencia, imaginación y creatividad son tres conceptos que se entrelazan, se favorecen y se alimentan entre sí.
  • Las pistas que ofrece para ayudarnos a saber cuál es nuestro Elemento, como «magia» que se produce cuando estás en la zona y fluyes concentrado en lo que estás haciendo.
  • El análisis que hace del sistema educativo y de cuáles son sus errores y cómo podrían corregirse.

Es una lectura muy interesante, sobre todo si: no tienes claro a qué dedicarte, estás insatisfecho con tu trabajo, no sabes qué estudiar, eres profesor o tienes hijos.

Sir Ken Robinson hace un minucioso (a la vez que entretenido) análisis de esto. Desmonta mitos que han perdurado durante siglos como algo indiscutible de la educación, desenmascara las incongruencias del sistema y marca el rumbo para la educación en la economía del siglo XXI.

El libro está lleno de ejemplos de personas que descubrieron su Elemento (a veces de forma casual). Algunos son muy conocidos como Paul McCartney, Mónica Seles, Meg Ryan o Warren Buffet. Pero también se incluyen ejemplos de personas que no son tan conocidas para el gran público, lo cual ayuda a acercar el concepto y a reconocer cómo se presenta en nosotros mismos.

Quizá en algunos pasajes se abuse un poco de anécdotas y «batallitas» biográficas (incluidas algunas del propio autor), pero esto sirve para hacer que sea una lectura muy amena y ligera a la vez que profunda.

 

Potencial oculto y no realizado

Mucha gente se queja de que el sistema educativo es malo, aburrido y alejado de la realidad. También es frecuente oír que no ayuda a los niños a sacar lo mejor de sí mismos. Y no solo disgusta a los alumnos. También hay muchos profesores que se sienten atados por un sistema orientado a las calificaciones y con planes de estudio sobrecargados de temario.

Muchas personas, tras largos años de estudio en el sistema educativo, sienten que, aunque tengan trabajo y se ganen decentemente la vida, hay algo que sigue insatisfecho en su interior, como un potencial no utilizado y, muchas veces, ni siquiera descubierto.

La mayoría llegamos a la edad adulta sin saber cuáles son realmente nuestras capacidades y nuestros talentos, qué cosas hacemos naturalmente bien. Esto sucede en buena medida porque el sistema educativo nos enseña a primar unas habilidades sobre otras.

  

¿Qué es el Elemento?

Sir Ken Robinson define el Elemento como «el punto de encuentro entre aptitudes naturales e inclinaciones personales». Es algo así como una epifanía en la que descubres quién eres y qué hacer con tu vida.

Según él, esto está compuesto por:

  • Dos características: capacidad y vocación.
  • Dos condiciones: actitud y oportunidad.

Cuando alguien descubre su Elemento descubre algo para lo que tiene facilidad de manera natural, lo practica, se apasiona por ello y busca siempre ocasiones de practicarlo para que esas aptitudes lleguen a hacerse potentes.

Es el inicio esta secuencia:

  1. Lo entiendo: es la facilidad natural para hacer algo.
  2. Me encanta: aquí surge la pasión. No puedes imaginarte haciendo otra cosa.
  3. Lo quiero: se manifiesta en tu actitud (optimismo, ambición, sentimiento de frustración).
  4. ¿Dónde está?: Hay que utilizar las aptitudes para que lleguen a ser potentes. Hay oportunidades que se tienen y oportunidades que se crean.

Explorar nuestra creatividad nos lleva a conocernos a nosotros mismos y esto es imprescindible para que descubramos cuál es nuestro Elemento.

 

Para ser creativo hay que estar dispuesto a equivocarse

La imaginación y la confianza suelen perderse al crecer y el sistema educativo y nuestro entorno incitan ello. En cualquier proceso creativo, las cosas no salen perfectas a la primera. Hay que hacer cambios, hay que ajustar, o simplemente empezar de cero porque creíamos que una idea que parecía buena finalmente no lo era. Esto se juzga como un error, en vez de como una parte del proceso.

Lo tenemos interiorizado porque hemos sido moldeados por un sistema educativo que valora conocer la respuesta a la pregunta y penaliza el error. Todavía no hemos terminado de asumir que el error es parte del proceso creativo y que, si lo castigamos, impedimos que el proceso se desarrolle.

Sir Ken Robinson señala en el libro cómo a los niños no les importa equivocarse o no. Ellos simplemente se lanzan a hacer algo y se sumergen en ello. Aún no están condicionados para juzgar en términos de bien/mal como hacemos constantemente los adultos. Pero a medida que van creciendo, van adquiriendo este condicionamiento.

Entonces aparecerá el miedo a equivocarse, que frenará sus iniciativas y atacará directamente a su confianza.

Esto conllevará que crezcamos sin ser conscientes de nuestras capacidades, ya que no las hemos explorado ni explotado por haber apagado nuestra confianza y nuestra imaginación al crecer. Respecto a esto, Sir Ken Robinson señala tres limitaciones que tenemos por no conocernos al no saber cuáles son nuestras capacidades:

  1. Limitación en la comprensión del alcance de nuestras posibilidades: si no intentamos cosas por miedo al error, no sabremos hasta dónde somos capaces de llegar. No sabes lo que puedes llegar a hacer si no sabes lo que eres capaz de hacer.
  2. Limitación en la comprensión de cómo nuestras capacidades se relacionan entre sí de forma integral: todo en nosotros está unido. Somos un organismo, un sistema en el que cada parte afecta a las demás. La mente afecta al cuerpo, los pensamientos a los sentimientos (y viceversa). En cambio nuestro sistema educativo está formado por asignaturas inconexas estudiadas como compartimentos estancos. Tenemos que darnos cuenta de cómo conectan unas con otras y tener una visión más holística e integradora.
  3. Limitación en nuestra escasa comprensión del potencial que tenemos para crecer y cambiar: rebate ese mito arraigado de que «es que yo soy así», «yo soy bueno/malo para» y todos esos determinismos propios de una mentalidad fija que son una excusa para no mejorar.

Esto da como resultado una gran paradoja que muestra la gran brecha que hay entre el mundo escolar industrial y el mundo laboral real del siglo XXI. Mientras que el sistema educativo reduce la creatividad, las empresas demandan cada vez más a personas creativas.

 

Inteligencia, imaginación y creatividad se entrelazan

Cada vez se oye más eso de que todos tenemos talento para algo,

Pero muchos creemos que no tenemos nada que pueda denominarse propiamente «talento» porque es algo que no está relacionado con las asignaturas del colegio y por eso creemos que no somos especialmente buenos en nada en concreto.

Si rascamos un poco en esta creencia y tiramos del hilo, nos damos cuenta de que esto tiene que ver con una serie de mitos acerca de qué entendemos por «inteligencia», «imaginación» y «creatividad». Cada una de ellas conduce a la siguiente y conviene entender correctamente qué son.

  • Inteligencia:

Hay varios rasgos que caracterizan a la inteligencia humana: es extraordinariamente heterogénea, muy dinámica y peculiar (como la huella dactilar). No es algo fijo ni igual en todas las personas.

Al referirnos a la inteligencia, caemos en tres grandes errores:

  1. Darlo todo por hecho: no solemos valorar las capacidades propias del hemisferio derecho. Durante muchas décadas, el sistema educativo nos ha inculcado que la inteligencia son las capacidades propias del hemisferio izquierdo (lógica, análisis, pensamiento secuencial, lenguaje, etc.). Pero se ha obviado completamente al hemisferio derecho, que es el que nos da las capacidades de establecer conexiones y relaciones entre cosas. (Sobre la inteligencia y los hemisferios cerebrales puedes leer más en este post). Además, damos por sentado que tenemos cinco sentidos aunque también utilicemos a diario otros como la intuición, el equilibrio, el kinestésico y otros más de los que recibimos información constantemente.
  2. La manera en que medimos la inteligencia: ya está suficientemente demostrado que los tradicionales test de cociente intelectual (CI) ofrecen un resultado parcial que no puede medir toda la inteligencia de una persona.
  3. Maneras de ser inteligente: ya nos vamos familiarizando con eso de las inteligencias múltiples. No hay unas más importantes que otras, sino «dominantes» y «latentes».
  • Imaginación:

La imaginación sustenta todo logro humano y es la base de nuestra creatividad. Es la que nos permite reconsiderar nuestra vida y circunstancias.

La forma más elevada de inteligencia consiste en pensar de forma creativa. Para ello hace falta imaginación. Es abstracta e interior y permite plantear nuevas posibilidades Es indispensable para la creatividad, pero no suficiente. Hay que concretarla en algo para que no se convierta en una mera fantasía o en un soñar despiertos que no produce nada. La imaginación hay que trabajarla para hacer algo.

  • Creatividad:

La creatividad es dar ese paso más allá de la imaginación. Es concretarla haciendo algo. Mientras que la imaginación es abstracta e interior, la creatividad se plasma en algo. No dirías que una persona es creativa si no ha hecho nada.

No obstante, tenemos mitos muy arraigados en torno a la creatividad. Creemos, por ejemplo, que solo la gente especial es creativa y que es algo que viene dado (o se es creativo o no). También asociamos la creatividad solo a unas actividades específicas, como las artes, y no nos damos cuenta de que se puede utilizar la creatividad en cualquier cosa que requiera inteligencia.

Esta relación entre inteligencia, imaginación y creatividad es necesaria tanto para producir nuevas ideas como para evaluarlas.

 

La zona

Conocer tu Elemento no implica que todo vaya a ser un camino de rosas cada vez que dedicas a practicarlo. El hecho de que algo te guste no garantiza que siempre te vaya a salir bien. Habrá días en que las ideas no fluyan, tendrás malos momentos y diferentes estados de ánimo.

A colación de esto, Sir Ken Robinson, explica el concepto de la zona, lo más profundo del Elemento. Este concepto ya ha sido ampliamente tratado por Mihaly Csikszentmihalyi, quien lo denomina, flow (fluir).

Cuando estamos en la zona nos sumergimos totalmente en la experiencia, nos olvidamos de nosotros mismos, dejamos de percibir el paso del tiempo, la concentración es plena y no sentimos que nos estemos esforzando, tenemos sensación de fluidez. En ese momento la actividad que realizamos en vez de quitarnos energía, nos la da. Es lo que se considera la experiencia óptima.

Entrar en la zona es algo que se entrena. Muchos deportistas lo saben y desarrollan una serie de rituales (quienes lo desconocen creen que son simples manías o tics) que les preparan. Les ayudan a concentrarse y alcanzar esta zona donde su desempeño es máximo.

 

Los otros: tribus y mentores

Los seres humanos no somos islas, tenemos un entorno y formamos parte de una sociedad. Nos rodeamos de otras personas que pueden (consciente o inconscientemente) obstaculizarnos o ayudarnos a descubrir nuestro Elemento.

Sir Ken Robinson define un concepto de «tribu» como «personas conectadas por un compromiso común con aquello para lo que sienten que han nacido». A veces, hallar la tribu correcta puede ser imprescindible para que alguien encuentre su Elemento. Y, por el contrario, saber que no encajas en una tribu puede ser una señal de que deberías buscar en otra parte, relacionarte con otras personas, etc.

Aunque las personas de tu tribu pueden ser tanto colaboradores como competidores, lo bueno de formar parte de ella es que te ayuda a tener una inspiración más intensa. Ser un lobo solitario es más duro en los momentos malos y una tribu buena te proporciona mayor inspiración, ratificación y sinergia.

Una tribu es un círculo de influencia. La gente de la que te rodeas siempre te influye de alguna manera. Así que puedes ser más proactivo con respecto a la gente que está a tu alrededor. Quizá no siempre sea posible estar físicamente rodeado de gente inspiradora, pero también puede formar parte de tu tribu gente que está en otro lugar (gracias a Internet) o muerta (gracias a sus obras).

Hay ocasiones en que una sola persona puede condicionar la vida de otra. Puede que alguien que no haya descubierto (o descubierto hace muy poco) su Elemento conozca a un mentor que marque su vida.

Un buen mentor es un punto de inflexión en la vida de un discípulo porque: le inspira, le enseña y le exige más de lo que él cree que puede dar.

 

Círculos de restricción

No siempre encontramos a gente que nos ayuda a sacar lo mejor de nosotros mismos. A veces sucede lo contrario y tenemos que romper la resistencia de varios círculos concéntricos de restricción. Según Sir Ken Robinson son tres: personales, sociales y culturales.

  • Círculo personal

La actitud es la pieza fundamental aquí. Con ella podemos vencer esta resistencia o sucumbir a ella. La determinación de llegar a ser uno mismo tiene un poder invencible. En cambio, quien no tiene una actitud positiva adecuada puede que no descubra nunca su Elemento, ya que el miedo es el obstáculo más común para encontrarlo.

  • Círculo social

Las personas cercanas a ti pueden intentar disuadirte de que intentes algo «por tu bien». Puede que lo hagan de corazón y estando absolutamente convencidas de que es por tu bien. Ha habido gente que ha tenido que apartarse de su entorno (al menos durante un tiempo) para poder ser ellos mismos. Pero no todo el mundo tiene esta fortaleza. Hay quienes prefieren ceder y evitar un conflicto para tener la aprobación de sus seres más cercanos.

  • Círculo cultural

No elegimos la familia que nos toca, pero sí a nuestros amigos. Estos tienen un peso especialmente importante sobre nosotros en la adolescencia, que es cuando intentamos fijar nuestra personalidad y nuestra identidad más allá de los límites de la familia. Como dice Sir Ken Robinson, «la cultura es un sistema de permisos» y no sería de extrañar que para descubrir tu Elemento tengas que salir de tu círculo.

 

Sin fecha

Una de las cosas en las que se insiste bastante a lo largo del libro es en que no hay una fecha para descubrir el Elemento. Nunca es pronto y nunca es tarde. El autor pone abundantes ejemplos de personas de vocación tardía a las que la vida llevó por distintos caminos antes de que descubrieran su Elemento.

No sientas la presión de tener que saber cuál es tu misión, tu propósito, tu destino, tu pasión, etc. (Estas son palabras que se utilizan mucho en el desarrollo personal actual y que pueden dar lugar a mucho error y frustración).

Simplemente abandona la perspectiva de la vida como algo lineal, ya que la vida es cíclica.

 

Precio

A raíz de lo anterior, hay otro punto importante: tu Elemento no tiene por qué ser necesariamente tu manera de ganarte la vida. ¡Quítate esa presión! No sientas la obligación de hacer tu trabajo de tu Elemento. (Otra moda del desarrollo personal). No siempre tiene por qué ser así. Puede que sí y puede que no, pero no es una regla fija.

Piensa que el Elemento es algo que tienes que realizar, da igual si es a cambio de una retribución económica o no. Hay casos en los que descubrir el Elemento es descubrir tu futuro profesional y otros en los que intentar obtener dinero con él no es viable.

Lo único que importa es que saques de ti eso que llevas dentro.

 

Recapitulación

Visto todo lo anterior, podemos concluir que el Elemento

  1. Tiene estos síntomas:
  • Fluidez, es algo que se hace de manera natural
  • Sin aparente esfuerzo y con lo que
  • Se pierde la noción de sí mismo y del tiempo, algo que
  • Da energía.
  1. Eso es algo diferente en cada persona.
  2. Muchos no conocen su Elemento porque la educación estandarizada establece una jerarquía que hace ver unas asignaturas como más importantes que otras. Por extensión, esto se traduce en que asumimos que las habilidades necesarias para las asignaturas de lo alto de la jerarquía (lengua, matemáticas, ciencias, idiomas), son más importantes que las de la parte baja (artes) o las del medio (humanidades).

 

¿Por qué la educación no ayuda a descubrir nuestro Elemento y qué hacer al respecto?

Hemos tenido un modelo educativo con jerarquía de asignaturas durante siglos. (Recuerda que por eso en los test tradicionales de CI solo se mide la inteligencia de las competencias para las asignaturas de la parte alta de esa jerarquía, las del hemisferio izquierdo del cerebro).

Esto da como resultado una educación estandarizada en la que se favorece la conformidad frente a la diversidad. Algo más en consonancia con las cadenas de montaje industriales que con las necesidades reales de la economía del siglo XXI.

Ante esto, muchos países son conscientes de que deben reformar sus sistemas educativos públicos por dos motivos:

  1. Económico: hay que educar a una población para que trabaje y cree riqueza en un mundo que cambia más rápido que nunca.
  2. Cultural: las sociedades quieren aprovecharse de las ventajas que ofrece la globalización pero sin perder su identidad en el proceso.

La reforma educativa hay que abordarla desde tres lugares:

  1. Planes de estudio: lo que el sistema quiere que aprendas.
  2. Pedagogía: el método por el que el sistema hace (o pretende) que aprendas.
  3. Evaluación: forma de medir lo bien o mal que lo estás haciendo.

La mayoría de las reformas se centran en los planes de estudio y la evaluación. Pero se olvidan casi por completo de la pedagogía.

 

Ideas y principios fundamentales de El Elemento

Ante todo esto, la propuesta que hace Sir Ken Robinson en su libro basándose su experiencia se fundamente en tres claves:

  1. Suprimir la jerarquía de asignaturas. Viene de cuando se creó el sistema industrial de educación y no está acorde con lo que demanda el mundo actual.
  2. Cuestionar la idea de asignaturas y hablar de disciplinas. Esto favorece el dinamismo, lo interdisciplinario, el cultivo de habilidades en vez de enseñar asignaturas como cosas separadas sin conexión entre sí.
  3. Plan de estudios personalizado. El objetivo es que cada uno pueda cultivar sus fortalezas y habilidades, en vez de imponer un único criterio para todos que lo haga iguales. Diversidad frente a conformidad.

 

Y de propina…

Aquí te dejo la charla TED de Sir Ken Robinson «Las escuelas matan la creatividad». Tiene millones de visualizaciones. Presta atención porque merece mucho la pena escuchar lo que este caballero del imperio británico tiene que decir (y te reirás 😉 ):

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8 comentarios en “El Elemento, por Sir Ken Robinson”

  1. Catalina Ferrer

    Me ha encantado yo lo estoy releyendo por segunda vez me parece un libro de mesilla de noche sobre todo para profesores y educadores. Gracias por tu análisis me ha encantado.

    1. Cristina Chaus

      Sí, Catalina, la verdad es que es un libro que merece la pena leer más de una vez porque da mucho que pensar y en muchos aspectos nos quita una venda de los ojos. ¡Muchas gracias por comentar!

  2. Espectacular post! Mi pasión es la bolsa y una de las cualidades necesarias más importantes es el saber aceptar las pérdidas. Es lo más complicado ya que desde pequeños el error no lo vemos como oportunidad para mejorar sino como castigo. Esto provoca que tras haber tenido una pérdida haya veces que nos descontrolemos, con las implicaciones que tiene ello en la cuenta de resultados.

    Un saludo

    1. Cristina Chaus

      Me alegro de que te haya gustado, Daniel. Gracias por compartir tu caso porque la bolsa es un ejemplo buenísimo para este tema.

      Muchos inversores tienen profundos conocimientos técnicos con los que analizan y toman sus decisiones, pero luego les falla la inteligencia emocional. Seguramente nunca les enseñaron nada de eso aunque el mercado es terriblemente emocional. Puede desatar tanto pánico como euforia. Por eso hay tanto cracks como burbujas. Los seres humanos tenemos una gran aversión a la pérdida. Por eso unas emociones descontroladas pueden echar por tierra la mejor estrategia.

      Un saludo y ánimo con tus inversiones. Es genial que sepas cuál es tu Elemento.

  3. Hola Cristina,
    Tu post me parece muy interesante.
    He visto el video y me ha encantado. Estoy totalmente de acuerdo con él.
    Que bueno sería que siguieramos sus consejos.
    Trataré de leer su libro. Siempre hay mucho que aprender.

    Un saludo.

    P.D. (Por cierto, me gusta mucho como escribes)

    1. Cristina Chaus

      Hola Vicente, muchas gracias por comentar de nuevo. Me alegro de que el artículo y el vídeo te hayan gustado. Un saludo

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