Cangrejo Ermitaño

El blog de Cristina Chaus sobre aprender, desaprender y reaprender

La educación antifrágil

 

Antifrágil, Nassim Taleb

Antifrágil, Nassim Taleb

 

“Quiero vivir feliz en un mundo que no entiendo”

Nassim Nicholas Taleb

 

 

Ayer acabé de releer Antifrágil, de Nassim Taleb. Lo leí por primera vez hace un año y me hizo reflexionar tanto que he querido releerlo. El libro trata de algo simple pero que nos pasa desapercibido: las cosas que se benefician del desorden.

 

  1. Conceptos y mitos: la Tríada

 

Partimos de la siguiente pregunta: ¿qué es lo contrario de frágil? La mayoría responderíamos que fuerte o robusto. Pero Taleb explica que no es así. Según él, frágil es todo aquello que sale perjudicado del desorden, de la volatilidad, de la incertidumbre, de cualquier cosa que suponga una crisis (incluido el paso del tiempo, que siempre deteriora lo frágil).

 

Lo fuerte o robusto es lo que no sale perjudicado pero tampoco mejora. Es lo que aguanta, lo resiliente.

 

Pero hay una tercera categoría, lo antifrágil, que es la que corresponde a lo que se beneficia del desorden, del caos, de estresores (hasta cierto punto). No se queda como estaba. Lo antifrágil gana con las crisis.

 

Hay tres figuras mitológicas que ilustran cada una de las categorías. La categoría de lo frágil está representada por Damocles, sobre cuya cabeza pende una espada. Es una situación de debilidad en toda regla. Cualquier mínimo movimiento o eventualidad perjudicará a Damocles porque la espada caerá sobre él.

 

Si tuvieras que enviar por correo una vajilla de porcelana a la otra punta del mundo, en el paquete iría escrita la palabra frágil. Está claro que la porcelana, al igual que Damocles, no se beneficiaría de golpes y movimientos bruscos. Todo lo contrario, necesitan estabilidad. Cuanto menos movimiento, mejor.

 

Para la categoría de lo robusto el ejemplo es el Ave Fénix. Como ya sabes, la cualidad que la distingue es que cuando llega al final de su vida, ella misma se hace arder para resurgir a continuación de sus cenizas. Pero no mejora con el cambio. Es robusta y se mantiene tal cual tras cada cambio.

 

Si el paquete anterior en vez de una vajilla contuviera un trozo de plomo, no nos preocuparían los golpes que pudiera recibir. El trozo de metal es robusto y llegaría intacto a su destino.

 

La tercera categoría es para las cosas que se benefician del caos, el desorden, la volatilidad, la inestabilidad, etc. No tenemos una palabra para definirlo y por eso Taleb forma el neologismo de antifrágil. Esto sí que es lo contrario a lo frágil. Lo frágil sale perjudicado del caos. Lo antifrágil sale beneficiado.

 

En lugar de la porcelana del primer paquete, aquí tendríamos un trozo de carbón al que la presión de los golpes y las altas temperaturas transforman en un diamante.

 

La correspondencia mitológica es la Hidra. La criatura a la que se enfrentó Hércules y que se beneficiaba de las heridas y golpes. Si le rebanaban una de sus múltiples cabezas, le salían dos nuevas en su lugar. Así que mejoraba, salía fortalecida de la lucha.

 

Aquí es donde podemos aplicar la famosa cita de Nietzsche de “lo que no me mata me hace más fuerte”. Esta es la clave, más fuerte; no igual (eso sería robusto).

 

La Tríada nos sirve como brújula para las diferentes facetas de nuestra vida. Lo que nos interesa es evitar la parte frágil, que es donde están los riesgos. Pero nuestro estilo de vida pasa por alto muchos de ellos, que suelen permanecer ocultos.

 

No nos engañemos: vivimos en un mundo que no entendemos. ¿Cómo podemos ver mejor las cosas y tomar mejores decisiones? La respuesta a esto es la esencia del libro.

 

Taleb estudia distintos aspectos de la vida: salud y medicina, finanzas y economía, educación, estilo de vida, formas de gobierno, ética, toma de decisiones, etc. a partir de este planteamiento.

 

 

  1. Aceptar que no podemos predecir el futuro, aunque la tecnología nos haga tener la ilusión de que sí podemos.

 

Hay varias premisas que son básicas en el libro. Una de ellas es que no podemos predecir el futuro. Parece obvio, pero a veces olvidamos que no tenemos ese superpoder.

 

Cada vez hay más tecnología para recabar datos con el fin de tomar mejores decisiones. Ahora hay mucha demanda de todo lo que tiene que ver con el big data.

 

Hacemos predicciones, estimaciones, cálculos, presupuestos y fondos de inversión. La toma de decisiones incluso se ha convertido en una profesión: consultoría, asesoría, etc. Pero eso llega hasta donde llega y no es una bola de cristal.

 

Siempre hay fragilidades ocultas que no detectamos, como grandes bancos que colapsan. Aunque también hay siempre alguien que se enriquece en cada crisis. (Ese es el antifrágil, el que vio los riesgos.)

 

Por muy previsible que queramos que sean determinados aspectos de nuestra vida, shit happens!

 

Es inevitable que de vez en cuando haya acontecimientos no previstos (o desestimados): un terremoto, un atentado terrorista, una catástrofe nuclear, un golpe de estado, un colapso financiero. Taleb los llama sucesos de Cisne Negro. Pese a nuestros esfuerzos, no se pueden prever.

 

Esto hace saltar por los aires nuestros planes estables y lineales.

 

A los seres humanos, salvo un poco de aventura ocasional y dosificada, no suele gustarnos la incertidumbre. En general, queremos saber cómo van a ser las cosas y no somos buenos aceptando cambios que no elegimos nosotros mismos. Nos gusta creer que controlamos cuándo nuestra vida es previsible y cuándo no.

 

La propia madre naturaleza es antifrágil. Tiene sus propias crisis (desastres naturales) que eliminan lo frágil y la fortalecen (después de la tormenta siempre llega la calma).

 

 

  1. Exceso de línea recta y plana

 

Somos animales de costumbres. Nos gustan las rutinas ancladas en la regularidad y la media, lejos de los extremos. Nuestro ocio también está regulado y tiene su espacio en la agenda. (Lo reconozco: me encantan las rutinas 😉 ).

 

Hemos creado un estilo de vida en el que todo está demasiado medido. Y la paradoja está en que esto nos hace más frágiles en vez de antifrágiles. Determinadas dosis de estrés nos favorecen.

 

Regulamos la temperatura de la habitación para que esté siempre igual, nos recomiendan que comamos guiados por el reloj (ya no escuchamos a nuestro cuerpo) 5 veces al día, muchas veces hacemos actividad física a ritmo constante, etc.

 

Pero, si estamos sanos, un poco de aleatoriedad nos sienta bien. Pequeños estresores como exponerse a temperaturas frías (no hace falta ser Wim Hof), el hambre de saltarse alguna comida de vez en cuando o hacer actividad física de modo más desigual nos beneficia.

 

El progreso ha hecho que las condiciones higiénicas y médicas de hoy nos mantengan libres de numerosas infecciones, afortunadamente. Pero nos hemos pasado: somos demasiado sobreprotectores y eliminamos lo que nos fortalece.

 

Ahora que vivimos en entornos más esterilizados es cuando más alergias y enfermedades autoinmunes hay. Determinadas enfermedades no graves son las que hacen que nuestro sistema inmunológico trabaje y se vaya fortaleciendo. Eliminar esto nos fragiliza. Piensa en esos padres bienintencionados pero sobreprotectores que hacen que su hijo viva en un entorno prácticamente esterilizado.

 

  1. Turista vs Flâneur

 

Tenemos caminos regulados para muchos aspectos de nuestra vida: la salud, la actividad física, la economía, etc. Y también el turismo. Fíjate en cómo funciona el turismo. Nunca ha habido tanta oferta como ahora de tours y rutas guiadas. Te llevan “de la mano” y bien identificado por lo que se considera que necesitas ver y experimentar (y encima con prisa porque todo está medido, hasta el tiempo que tienes para mirar cada cosa). Nuestra forma de viajar también está empaquetada.

 

En cambio, tampoco ha habido nunca tanta gente que quiera salirse de estas rutas artificiales y que quiera improvisar y descubrir por su cuenta. Este es el flâneur, el que camina dejándose llevar, el paseante que decide sobre la marcha, el que llega a una ciudad sin saber qué día se va a ir o cuál será la siguiente ciudad de su recorrido.

 

Más allá del turismo, parece que también hemos creado un entorno artificial en el ámbito educativo.

 

  1. ¿Es el sistema educativo una ruta turística más?

 

Si uno de los principales cambios de la modernidad es que ahora todos los aspectos de nuestra vida sean más uniformes, no es de extrañar que la educación también lo sea. Ya hemos comentado en otros post cómo estudiamos para un futuro que no controlamos.

 

Algo muy importante al respecto, y en lo que Taleb insiste mucho, es en que cada vez somos más dependientes de este tipo de entornos previsibles y uniformes. Pero, en cuanto nos sacan de ellos, nos perdemos.

 

Tenemos “dependencia del ámbito” porque solo sabemos manejarnos en un contexto dado, si nos sacan de él nos desconcertamos y es como si perdiéramos nuestra capacidad. Como un nerd que pierde la compostura si le sacas de las pocas asignaturas que domina o un fortachón que levanta mucho peso en las máquinas del gimnasio pero luego no sabe actuar en una pelea callejera. Expertos en un ámbito pero incompetentes fuera de él.

 

Taleb recuerda la cita de Séneca, muy presente en todo el libro: “ No estudiamos para la vida, sino para el aula” (non vitae, sed scolae discimus).

 

La dependencia del ámbito está reforzada por otro fenómeno urbano reciente. Taleb lo llama “la supermamá”. Con toda su buena intención, ella no se da cuenta de que acomoda a su hijo a un hábitat antinatural que es contraproducente para él. Es la mamá todoterreno que da todo a su niño antes de que lo él mismo lo pida, es sobreprotectora con él, le procura una higiene excesiva, le embadurna de protector solar, etc. Sin ser consciente de ello, la supermamá fragiliza a su hijo.

 

Como no podemos predecir el futuro, ni la aleatoriedad de la vida, es importante aprender más allá de la formación empaquetada que es la ruta turística del sistema educativo.

 

Taleb lo tiene claro. Sabe, como Séneca, que aprendemos para el aula, no para la vida. Así que combina la educación formal con su propia educación autodidacta. De hecho, cuenta su propio ejemplo de autodidacta a través de la lectura. Hubo una especie de pacto entre él y su padre para que leyera todo lo que pudiera y quisiera fuera del currículo escolar. La única condición que le puso su padre: “que no te cateen”.

 

No hizo grandes esfuerzos por sacar las mejores notas, simplemente aprobaba. Era muy consciente de que el desempeño en la escuela no es un indicador fiable de cómo alguien se desempeñará posteriormente en la vida, ya que la escuela no prepara para la vida.

 

Así que el Taleb adolescente se salió de la ruta marcada y leyó por su cuenta todo lo que pudo fuera del currículo escolar. Como él dice, solo un autodidacta es libre.

 

Las fuentes de aprendizaje que él considera antifrágiles son la vida real y la biblioteca. El sistema educativo es un entorno artificial, protegido y, según él, “la escuela era  un complot concebido para privar a la gente de erudición limitando su conocimiento a un pequeño grupo de autores”.

 

Leyó por libre a muchos autores que “pertenecían a la excelsa categoría de no aparecer en el currículo escolar”. Esto siempre amplía tu visión y acaba siendo tu mejor inversión porque como le pasó al propio Taleb, serán las lecturas que más recuerdes. Lo que te obliguen a leer, seguramente lo olvides pronto.

 

Me gusta la propuesta de Taleb de lo que es para él la educación antifrágil: avanza por la educación formal (no hay más remedio), “que no te cateen”, pero no te limites a ella. El ámbito académico es un entorno artificial. Lee por tu cuenta todo lo que puedas.

 

El sistema educativo, obviamente, no puede abarcar todo lo que merece la pena leer. Pero eso no quiere decir que tú tengas que adquirir también esa limitación. Y sobre todo aprende de a no ceñirte a un único contexto.

 

Ir probando cosas también te ayudará a adquirir una mentalidad de ensayo y error, gran fuente de aprendizaje. Esto es lo que nos hace progresar, pero también lo que nos asusta. ¡Tenemos tanto miedo a no saber la respuesta correcta! Taleb pone este ejemplo con la lectura. Puedes aburrirte de un libro en concreto (a todos nos pasa, ha sido un error al elegir el libro). Pero no del acto de leer en sí. Si no te gusta un libro, cambia a otro. Pero no te limites a creer que no te gusta leer. Ensayo y error es libertad. Pero se penaliza el error.

 

Estas son las principales reflexiones referentes a la educación que he tomado de Antifrágil. Hay muchísimo material interesante en ese libro. No solo referente al ámbito de la educación, sino también a la salud, la economía, la toma de decisiones, falacias y errores de pensamiento que nos inducen a pasar por alto riesgos ocultos…

 

La verdad es que yo misma me he dado cuenta de que he caído caigo en muchos de estos errores de pensamiento que distorsionan mi percepción de las cosas. Cuesta verlos porque nos han educado para un mundo que los asume. Así que te recomiendo que leas el libro porque te confrontará al cuestionar muchas cosas que tú das por innegables, pero te hará reflexionar.

 

***

 

¿Lo has leído ya o tenías alguna referencia de él? Indícamelo en los comentarios porque me encantaría saber qué impresión te causó el libro o si te vas a animar a leerlo.

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5 Comentarios

  1. ¡Muy interesante!,un nuevo libro para mi lista
    Elena

  2. Me ha encantado el artículo y ya me he apuntado el libro para comprarlo. Muchas gracias por tanta información tan buena.

    • Cristina Chaus

      13/09/2017 at 17:09

      Gracias por tu comentario, Esther. La verdad es que el libro abarca un montón de temas y merece mucho la pena. Te gustará leerlo. El post es solo un botón de muestra. He dejado fuera muchas cosas. El libro completo da mucho que pensar. Un abrazo.

      • Gracias a ti por enseñarnos tantas cosas y hacernos pensar que es muy bueno para la salud. Encantada de poder leer con mucha ilusión cada artículo que escribes con tanta pasión y amor. Besitos.

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