La meseta del aprendizaje

Meseta
Meseta del aprendizaje

 

«Me ha llevado 10 años tener éxito de la noche a la mañana.»

Woody Allen

 

No aprendemos nada a la primera. En serio, nada. La repetición es fundamental para cualquier cosa que aprendas. ¿Por qué? Porque saber cómo se hace algo no es lo mismo que saber hacerlo. Parece una diferencia sutil, pero es abismal.

 

Cuando aprendes cómo hacer algo, tienes que repetirlo muchas veces para interiorizarlo y afianzar el aprendizaje. Si no hay repetición, solo sabrás las instrucciones teóricas. Pero lo que importa es la ejecución.

 

El saber teórico no ocupa lugar, pero tampoco marca la diferencia. Es la práctica la que lo hace. Y la práctica, obviamente, se adquiere practicando.

 

Si quieres aprender algo, tienes que ir afianzando la información nueva que recibes antes de seguir avanzando. Si no, inevitablemente saldrá igual que entra y retendrás muy poco. El aprendizaje no es una línea recta.

 

Recuerda cuando ibas al colegio y tenías que aprender a leer o a sumar. Era muy importante que practicaras todos los días lo que te explicaban en clase. Por eso, los niños que aprenden a leer tienen que leer un ratito todos los días y no son capaces de darse un solo día una panzada de cinco horas de lectura. Es mejor que hagan 5 sumas al día durante 10 días, que 50 sumas un solo día. La distribución es muy importante.

 

Sociedad impaciente, marketing e imagen distorsionada del éxito

Esto es frustrante porque implica que necesitamos una buena dosis de paciencia para obtener un resultado satisfactorio. Y ahora que vivimos en un mundo que fomenta la impaciencia y los resultados inmediatos, esto no nos gusta.

 

Además, se nos vende una nociva idea de talento y genialidad innatos de la gente que destaca. No es realista. Por mucha facilidad que tenga alguna persona para sobresalir en su campo, tiene que pulir ese talento en bruto mediante la práctica. No hay «genios» que no echen incontables horas a trabajar su don. No creas en el éxito de la noche a la mañana; eso solo pasa en las películas y solo te hará sentir mal contigo mismo.

 

Por otra parte, cada vez somos más esclavos del constante estímulo de la novedad y esto nos vuelve impacientes y mina nuestra capacidad para dedicar mucho tiempo a algo.

 

Por eso hoy en día hay tanto eslogan publicitario de «Habla inglés con 1000 palabras», «Mindfulness en cinco minutos» o «Economía en dos tardes».

 

Esto pasa siempre que queremos el beneficio que nos reportará lo que aprendamos (hablar inglés, vivir más relajados o saber qué hacer con nuestras finanzas personales) pero no nos gusta el proceso por el que hay que pasar para alcanzar ese resultado. Queremos soluciones rápidas.

 

Este condicionamiento es enemigo de quien quiera aprender algo de manera considerablemente competente porque nos hace abandonar pronto. Pero no queda más que practicar y practicar y practicar. Una y otra vez.

 

 

La meseta del aprendizaje

No sirve de nada saberse solo la teoría. Apenas afianzas nuevos conocimientos con la lectura de un libro o haciendo un curso. Tienes repasar tus apuntes, crear tus propios resúmenes, fichas de lectura, esquemas, notas a las que volver periódicamente, etc. para llegar a incorporar esa nueva información. Si no, a los pocos días habrás olvidado la mayor parte de lo que leíste y el cuaderno con los apuntes del curso estará olvidado. En definitiva, ser más activo que pasivo.

 

Aquí es donde tendrás que enfrentarte a algo que te pondrá a prueba: la tediosa meseta del aprendizaje. Cuando aprendes algo nuevo y partes de cero, tendrás la sensación de aprender mucho. Esto pasa siempre en la etapa inicial. Como todo es nuevo para ti, no te cuesta mantener la motivación. Tienes sensación de progreso porque recibes muchos estímulos de cosas nuevas.

 

Entonces, llegarás a ese nivel medio, nivel usuario (llámalo como quieras) en el que ya las cosas no son tan nuevas y te pueden empezar a parecer repetitivas. Sientes que no avanzas (o que lo haces son lentitud) y que «pierdes el tiempo» porque aún no obtienes los resultados que deseas. Seguir haciendo algo sin ningún tipo de recompensa aparente es duro. Por eso la mayoría abandona aquí. Prefiere «consumir» contenido nuevo que repasar lo que ya conoce para afianzarlo.

 

Los pocos que siguen son los que llegan a los niveles altos de competencia. Tras el paso aparentemente inútil y largo por la meseta, se produce una nueva aceleración. Parece como si, de repente, después de tanto tiempo, las cosas dominaran con más rapidez, los resultados comenzaran a aparecer. Es cuando se empieza a sentir que valió la pena.

 

 

Somos animales de costumbres y aprendemos y desaprendemos a base de repetición

Aristóteles dijo que el ser humano es un animal de costumbres. Ya tenemos la demostración científica de por qué. Actualmente, la neurociencia arroja más luz al proceso en que, al aprender cosas nuevas o crear nuevos hábitos, nuestro cerebro establece nuevas conexiones neuronales (vídeo). Para que estas conexiones neuronales se consoliden tienen que repetirse muchas veces. Esto es lo que permite que tú vivas con una cierta «inercia mental» que haga que siempre te sea más fácil repetir algo que ya has hecho previamente.

 

Esto es una calle de doble sentido: sirve tanto para aprender como para desaprender. Cuando quieres cambiar algún hábito, siempre será más difícil cuanto más tiempo lo hayas estado haciendo. Estamos programados para la repetición.

 

 

Use it or loose it

Aprendes lo que utilizas. Esta es la clave. Por eso hay tantas cosas que (supuestamente) aprendiste y aprobaste en el colegio de las que ahora no te acuerdas; porque no las has utilizado. Lo que no utilizas lo pierdes.

 

Ver un programa de cocina no va a hacer que sepas cocinar. Hacer tú mismo varias veces las recetas que ves en el programa sí hará que aprendas. Y hasta que aprendas tendrás tus tropiezos (mucha sal, poco hecho, demasiado líquido, un poco quemado, etc.). Para esto es fundamental «repasar» periódicamente cada receta volviendo a hacerla. Si preparas una receta una vez y no vuelves a prepararla durante años, se te olvidará.

 

 

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Así que, ya sabes, si quieres aprender algo razonablemente bien, ten en cuenta esto: solo sabes lo que utilizas, y utilizas lo que has interiorizado previamente a base de repetición. Por eso, hay que tener paciencia y recorrer la meseta de aprendizaje. Mientras lo haces te impacientas porque te parece que «no pasa nada», pero tus neuronas ya van haciendo nuevas conexiones aunque tú no te des cuenta.

 

Repite, repite, repite, repite, repite, repite, repite, repite.

Practica, practica, practica, practica, practica, practica, practica.

 

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P.S. He empezado el artículo con una cita de Woody Allen. Aunque, honestamente, no sé si es apócrifa. He visto muchas de sus películas y no sé de cuál es. Si sabes de qué película o libro es esa cita, dímelo en los comentarios, que te lo agradeceré mucho.

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2 comentarios en “La meseta del aprendizaje”

  1. Hola Cris,
    Me ha encantado y estoy totalmente de acuerdo.
    La frase de Woody Allen muy acertada, (Por cierto, como curiosidad, ¿Sabías que el verdadero nombre de Woody Allen es:
    Allan Stewart Konigsberg. ?

    1. Cristina Chaus

      Hola Vicente:
      Sí ya sabía que “Woody Allen” es un pseudónimo. Pero no recordaba el nombre real. Gracias por tu comentario. Un saludo.

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