Infoxicación

Exceso de información

 

¿Has oído alguna vez que vivimos en la era de la información y que la información es poder? Eso era cierto antes. Ahora la información es excesiva. Y esto no nos favorece, aunque pueda parecer que sí. El exceso de información no es bueno, por eso hoy en día hablamos de infoxicación, es decir, intoxicación por sobredosis de información.

La clave ya no está en la información, sino en saber entenderla, tratarla, filtrarla, qué hacer con ella, etc.

 

¿Te has parado alguna vez a pensarlo? Si necesitas saber de algún tema, casi seguro que podrás inundarte de él en Internet, cuya información se va duplicando cada poco tiempo. Lo difícil no es el acceso a la información, sino su gestión.

 

Pese a esta sobreabundancia de oferta, ¿alguna vez has hecho zapping y al final no has visto nada porque has pensado que no echaban nada interesante?

Mucho no siempre equivale a mejor.

 

Por eso es importante tener prioridades claras. Esto es simple, pero no por ello sencillo. Parece una perogrullada, pero no siempre dedicamos el tiempo necesario a pensar en nuestras prioridades. Saber cuáles son tus prioridades es fundamental para centrarte en lo verdaderamente importante porque saber lo que quieres te ayuda a descartar lo demás. Cuando tienes claro qué es lo esencial, sabes qué es lo prescindible. ¿Obvio, verdad? Pero muchas veces las cosas más obvias son las que más se nos pasan por alto.

 

Aunque a lo mejor no te hayas dado cuenta, el exceso de información distrae, desconcierta y cansa. De hecho, no saber con claridad qué es lo que quieres agota porque te hace permanecer en estado de indecisión.

 

Nuestro cerebro recibe mucha más información de la que es consciente. A nivel subconsciente estamos constantemente absorbiendo datos y esto va bajando nuestros niveles de energía. Al final del día no solo es que vayamos teniendo menos energía, sino que las decisiones que tomamos al final del día suelen ser bastante peores por este cansancio.

 

Al contrario de lo que pueda parecer, el exceso de oferta no es tan bueno como parece. Nos cuesta darnos cuenta de esto porque hasta hace relativamente poco vivíamos en un mundo con muchas menos opciones. Ahora nos hemos ido al extremo contrario. La oferta se ha disparado y tenemos más opciones de las que somos capaces de procesar. Hay más opciones que nunca de cualquier servicio o producto que quieras consumir: más marcas, más colores, más tarifas, más descuentos, más novedades, más versiones nuevas, más canales de televisión, más compañías de teléfono, más compañías de seguros, más tarjetas bancarias, más lo que quieras… Y tener más oferta no implica que seamos más felices.

 

Nunca subestimes el poder de saber descartar. Es una habilidad valiosísima.

 

Tener que decidirse entre tanta oferta no solo gasta mucha energía, sino que también quita mucho tiempo. ¿Alguna vez has pasado ante el armario un buen rato escogiendo qué ponerte? Quizá por sea por eso que haya quienes tomen medidas firmes para limitar sus decisiones. Por ejemplo, Mark Zuckerberg y Barack Obama, entre otros, limitan mucho su vestuario para no invertir tiempo en decidir qué se ponen cada mañana.

 

Me gusta esta propuesta para evitar el cansancio y la pérdida de tiempo que conlleva la indecisión. Es una manera de evitar en tu mente intrusos como la parálisis por análisis, el overthinking o el cansancio de las pequeñas pero constantes decisiones que tomamos durante todo el día (decision fatigue).

 

Las prioridades se establecen cuando se sabe lo que se quiere. No obstante, es mucho más común lo contrario: saber antes lo que no quieres que lo que se quieres. A mí también me ha pasado esto. Y, aunque todavía me sigue pasando, he encontrado algunas pautas a seguir cuando me vuelvo a encontrar en esta situación:

 

          Silencio: es fundamental. Vivimos con mucho ruido ajeno que no nos deja pensar con claridad. Prácticas como la meditación o el mindfulness son de ayuda.

          No busques fuera: si no sabes lo que quieres, no te dediques a pedir información en todas partes, a pedir opinión a todo el mundo, a ahogarte en el tsunami informativo de Internet. Solo conseguirás cansarte. Toda la información que obtengas no te valdrá de nada si no tienes criterio para analizarla. “Ningún viento es favorable para el que no sabe adónde se dirige”.

          Acción: prueba y experimenta. No te comprometas a nada y haz cosas solo por ver qué tal, sin presiones. Probar sin compromiso puede ayudarte decidir.

 

 

Yo sigo aprendiendo a cultivar estas habilidades y a convertirlas en hábitos. Aprender a priorizar es indispensable para que la avalancha de información diaria no te absorba sin que ni siquiera te des cuenta. Hazte un favor y desaprende de cuajo el vivir sin reflexionar de vez en cuando sobre cuáles son tus prioridades.

 

Stephen Covey en Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva explica dos hábitos sobre esto: empezar con un fin en mente y establecer primero lo primero. Ambos se retroalimentan.

 

Ser un cangrejo ermitaño ayuda a tener claras las prioridades porque su estilo de vida minimalista le obliga a distinguir entre lo que es esencial y lo que es prescindible. No puede permitirse cargar más de lo que necesita.

 

Cuídate, mantén tu curiosidad por aprender y plantéate si hay algo que podrías desaprender.

 

Foto: Licencia Creative Commons

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¿Te has dado cuenta de que mucho de lo que te enseñaron ya no vale?
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