Aprender a hacer preguntas

Aprender a hacer preguntas

 

“Solo una vida examinada merece ser vivida” Sócrates

 

Ya no vivimos en la era de la información. Hemos pasado a lo siguiente, al conocimiento. La infoxicación es un fenómeno cotidiano para nosotros, aunque muchas veces no somos conscientes de ello. Tenemos demasiada información, y en ocasiones requiere esfuerzo saber lo que es fiable y lo que no lo es. Por eso, hay que hacer buenas preguntas para filtrar la información que recibimos.

 

No es sorprendente que hayamos generado un mundo con tanta sobredosis de información. Nos gustan los datos porque nos hacen sentir seguros. Hay una innegable sensación de seguridad en creer que vamos a tomar mejores decisiones porque disponemos de toda la información. De hecho, creemos que, cuanta más información, mejor.

 

Pero esto es engañoso.

La saturación de información provoca fatiga mental y reduce nuestra capacidad de juicio y de analizar la información que nos llega con sentido crítico. Este exceso nos vuelve mentalmente perezosos.

 

La diferencia entre los datos y el tomar buenas decisiones es la diferencia entre conocimiento y sabiduría. Lo primero favorece lo segundo, pero no lo garantiza si no se sabe interpretar y, en ese caso, hasta puede hacer más mal que bien.

 

El hábito de cuestionarte las cosas no te va a librar del error porque, obviamente, nadie está libre de cometerlos (además, son fuentes de aprendizaje), pero sí que te ayudará a llevar una vida más consciente. No propongo vivir en un estado de indecisión permanente. Ser un paranoico que “se raya” por todo es agotador. Soy partidaria de preguntarnos periódicamente por qué hacemos lo que hacemos, por qué somos como somos, por qué nos rodeamos de las personas que nos rodeamos, etc.

 

Como cangrejos ermitaños, somos “cangrejos socráticos”, examinamos nuestra vida para saber cuándo tenemos que mudar de caparazón. Es la mejor manera para aprovecharla al máximo y seguir creciendo.

 

¿Cómo se hace este examen? Con preguntas. Recuerda que Sócrates desarrolló su filosofía en diálogos a base de preguntas.

 

Como mínimo, las preguntas intrépidas que cuestionan lo que das por sentado dan foco, profundizan bajo las apariencias y son creativas ya que abren nuevas posibilidades.

 

Nobody said it was easy. Hay preguntas muy poderosas y que, precisamente por ello, pueden incomodarnos mucho. A la gente no suele gustarle cuestionarse lo que cree saber. Prefiere dejarse llevar y seguir como hasta ahora. Pero merece la pena plantearse si hoy nos vale lo mismo que nos valió en el pasado y hacer revisiones periódicas de nuestra vida.

 

Los grandes personajes de la historia, sean del ámbito que sean, se hicieron muchas preguntas. Tú también te sorprenderías de adónde puedes llegar con preguntas, si estás dispuesto a la incomodidad.

 

Esta reticencia a las preguntas, no es solo a nivel individual. También existe de manera general. No es de extrañar. ¿Sabes por qué? Por cómo nos han educado. Vivimos en un sistema que prima la respuesta por encima de la pregunta.

 

En tus años de estudios el profesor te evalúa por lo que respondes a las preguntas del examen. Esto hace que adquieras desde pequeño un condicionamiento para enfocarte en las respuestas.

 

Creces creyendo que la vida es buscar respuestas, lees libros que den respuestas y consultas a expertos que te respondan. Esto también es necesario, lógicamente. No podemos saberlo todo y siempre necesitamos partir de respuestas previas de otros. Sin embrago, no debemos por ello renunciar a poner el foco en nuestras  propias preguntas. Asegúrate de no pasarte la vida buscando respondiendo a preguntas ajenas que realmente no tengan nada que ver contigo.

 

Las respuestas “venden” más que las preguntas porque son una solución (aparentemente, pero no siempre), mientras que las preguntas son/pueden ser una complicación (inicialmente). Pero siempre compensa hacer buenas preguntas. ¿Por qué? Porque hacerse preguntas implica ir a la causa.

 

 

Es la pregunta la que nos impulsa, Neo” Trinity (Matrix)

 

 

Ya te habrás dado cuenta de que el sistema educativo no tiene una asignatura obligatoria de hacer preguntas. ¡Qué raro! Es más bien partidario de la repetición sin pensar y de la bulimia académica (atracón de datos que se olvidan según se vomitan en un examen). Tienes que encajar en el molde, no cuestionar el molde.

 

El sistema educativo te moldea para un mundo, pero tú acabarás de estudiar y te darás cuenta de que no todo es como te dijeron y tendrás que empezar a hacerte preguntas. Empezando por si el mundo para el que te han preparado sigue existiendo.

 

 

Desaprende a vivir con la inercia mental de darlo todo por sentado y aprende el hábito de cuestionarte las cosas. Puede que sea incómodo, pero merece la pena.

 

 

                                                                                  … Continuará

¿Te has dado cuenta de que mucho de lo que te enseñaron ya no vale?
Únete para ser un cangrejo ermitaño que aprende y desaprende. ¡Sal del caparazón que te oprime!
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