Cangrejo Ermitaño

El blog de Cristina Chaus sobre aprender, desaprender y reaprender

El sistema educativo es un Lecho de Procusto

Lecho de Procusto

Lecho de Procusto

 

“El clavo que sobresale recibe el martillazo”

Refrán

 

El sistema educativo nos moldea durante años para que de adultos encajemos en el Sistema (con mayúscula). Esto no es nuevo. Viene desde la época de la revolución industrial cuando, ante la nueva necesidad de producir en cadena, surgió también la necesidad de formar en cadena a quienes tendrían que hacerlo.

 

La fábrica de alumnos

Quienes se sentaban en aquellos pupitres recibían la misma formación porque estaban destinados a realizar después las mismas tareas en una fábrica. La finalidad de sus estudios ya estaba definida de antemano (ellos no estudiaban a ciegas), así que era fácil decidir qué había que enseñarles y qué no. Su aprendizaje se limitaría a lo que les hiciera falta saber para trabajar en la fábrica.

 

De esta manera, todos los alumnos y futuros trabajadores eran cortados por el mismo patrón. Todos se desarrollaban exactamente igual. Eran todos copias salidas de un mismo molde. De la misma manera que los objetos que ellos producirían cuando cambiaran la escuela por la fábrica también serían exactamente iguales. Se estandarizó la formación en cadena para la producción en cadena.

 

Una vez establecido el molde válido, queda también establecido por defecto que todo lo que se salga de ese molde no es válido. Se asume que es defectuoso.

 

El estándar

Aquí es donde aparece el concepto de Lecho de Procusto, forzar a todos para que encajen en las mismas medidas.

 

Recibe este nombre por Procusto, un terrorífico posadero de la antigua Grecia. Por la noche mientras sus huéspedes dormían, los ataba a la cama. Le obsesionaba que encajaran perfectamente en ella. Al que era pequeño y sus extremidades no llegaban a los bordes de la cama, lo descoyuntaba para estirarlo. Al que era alto, le cortaba las extremidades que sobresalían…

 

Ha pasado a denominarse Lecho de Procusto a encajar por la fuerza unos datos en un estándar. Científicos y profesionales de todos los ámbitos de las ciencias sociales pueden caer en esto cuando les puede el empeño por demostrar que su hipótesis es cierta y encajan los datos “a golpes” deformándolos para que salga el resultado que ellos quieren.

 

En la escuela sucede cuando esta no tiene nobles fines como facilitar que cada alumno saque lo mejor de sí para desarrollarse al máximo y es el alumno el que está condenado a adaptarse a las medidas de la escuela.

 

Este modelo de educación ha maquillado su rostro con el paso del tiempo pero su esencia se mantiene intacta: moldear a estudiantes para que encajen en el Sistema y sean adultos productivos.

 

Inicialmente, una vez establecido el canon educativo con un único fin (la fábrica), se excluyó todo lo demás. Poco a poco, el sistema educativo fue permitiendo otras opciones finales, además de la fábrica, y el alumno de hoy puede elegir algo más que el de entonces (FP o bachillerato, ciencias sociales o ciencias de la salud, humanidades o tecnología, etc.). Pero la esencia sigue siendo la misma: encajar al individuo en el Sistema, ya sea en una industria o en otra.

 

El Lecho de Procusto en la educación ha supuesto que el que sobresalía fuera castigado, excluido, apartado, etc. ¿Por qué? Porque es diferente. Ni necesariamente mejor ni necesariamente peor, solo diferente. Esta estrechez de miras durante siglos ha supuesto un coste inestimable en desperdicio de talento.

 

Piensa en cómo se ha tratado históricamente al niño superdotado que se aburre en clase y se sale del canon. Hasta hace relativamente poco no se detectaba. O pasaba desapercibido o se diagnosticaba erróneamente como otra cosa (el niño es inquieto, no se concentra, etc.). Es talento al que no han permitido florecer y que consigue el resultado contrario, que el niño rinda menos por desmotivación y acabe incluso en fracaso escolar.

 

Por su parte, el zurdo era “corregido” para encajar en un molde de diestros.

 

También ha sido hace relativamente poco cuando se ha empezado a tomar conciencia de que la inteligencia no es única e igual para todos. Hay distintos tipos de inteligencia y es esperanzador que ya no ignoremos lo que Howard Gardner denomina “Inteligencias múltiples”. El talento no es uniforme, puede manifestarse de muchas maneras y cada una tiene su propia inteligencia.

 

Progreso, Enciclopedismo e Industrialización

En el sistema educativo sigue habiendo un predominio claro de la inteligencia lógica, matemática y lingüística. Todo lo racional y objetivo, cimentado en el paradigma de la Ilustración. No es de extrañar. La revolución industrial de la que parte este modelo de educación empezó en el siglo XVIII, cuando tuvo lugar el enciclopedismo previo a la revolución francesa.

 

Todo tiene su momento en la vida y en la Historia. Este modelo educativo fue válido en su momento. Cubría unas necesidades de aquellos tiempos y estaba firmemente asentado sobre pilares que marcaron el paso a la Edad Contemporánea. Esta ha sido nuestra herencia que, aunque innegablemente ha cumplido su función durante siglos, cada vez está menos vigente.

 

La era industrial da paso a la era del conocimiento. Lo más valioso actualmente no es el capital, sino el talento. El talento genera capital, pero no a la inversa. Es lo que se llama la evolución del capitalismo al “talentismo”.

 

Respecto a la consagración al saber enciclopédico, seguirá siendo necesario que tengamos enciclopedias que contengan el valiosísimo saber de la humanidad. Hay que agradecer el impulso que la Enciclopedia dio a las ciencias al abanderar conceptos como la objetividad, la Razón (con mayúscula), el empirismo, la lógica, etc.

 

Pero, en un sistema educativo actualizado, que fluya y evolucione de acuerdo con los tiempos, el enciclopedismo ya no debe ser la vía principal de adquirir conocimiento. Cada vez tenemos más claro que la mejor manera de aprender es haciendo. La experiencia prima sobre la memorización y la acumulación de datos.

 

Hemos abusado de eso de que “los niños son esponjas”. Es cierto que absorben información de su entorno muy rápidamente, pero hay que verles un poco más como llamas que encender para que brillen luz propia que como recipientes a ser llenados.

 

El péndulo de la Historia

Cada período de la Historia tiene su sistema educativo, ya sea por evolución o por revolución, y este siempre es un Lecho de Procusto. Hay que medir y cortar a los alumnos para que sean “personas de su tiempo”. Hoy podemos sentirnos limitados con este legado.

 

Supongo que quienes vivieron en el siglo XVIII a su vez se sintieron limitados por el oscurantismo del antiguo régimen, cortado por el patrón que dictaba la Iglesia y que frenaba su crecimiento. Esto representaba para ellos su Lecho de Procusto, y por eso tuvieron que traer las luces del saber.

 

Cuando nuestro tiempo ha cambiado, pero nos seguimos manejando con modelos educativos heredados, esto se acentúa más. En estos casos el Lecho de Procusto se vuelve más despiadado.

 

Crece por tu cuenta

Por eso en este blog somos muy conscientes de la importancia de ocuparse de la propia educación. Como cangrejos ermitaños, somos muy sensibles a los caparazones que se quedan pequeños. Sabemos que no a todos nos vale el mismo caparazón y, como tenemos una mentalidad de incremento, buscamos el caparazón que se adapte a nuestro crecimiento para evitar las calamidades de Procusto.

¿Te has dado cuenta de que mucho de lo que te enseñaron ya no vale?
Únete para ser un cangrejo ermitaño que aprende y desaprende. ¡Sal del caparazón que te oprime!
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2 Comentarios

  1. Magnifico y certero articulo!
    Mi calificacion final, seria:¡Brillante!
    ¡Enhorabuena, Cristina!

    Elena

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