Cangrejo Ermitaño

El blog de Cristina Chaus sobre aprender, desaprender y reaprender

Titulitis: la inflación académica

Inflación académica

Inflación académica

 

“Palabras, palabras, palabras.”

Hamlet, William Shakespeare

 

 

En el post anterior ya comentamos que el aumento de la riqueza conduce a un aumento del nivel educativo. Cada vez más gente tiene acceso a más estudios.

 

Hace décadas que ser titulado universitario empezó a ser lo nuevo “normal”. Ahora lo “normal” es tener un máster. En muchos casos, incluso es necesario para ejercer legalmente.

 

 

Diploma, CV y trabajo

El diploma que obtenemos al acabar los estudios sirve para buscar trabajo porque en los procesos de selección de personal se intenta predecir cómo será el desempeño del trabajador en base a su preparación.

 

Pero, como sabrá cualquier profesional de un departamento de recursos humanos, la selección de personal está muy lejos de ser una ciencia exacta. La correlación entre nivel de estudios y desempeño profesional puede ser engañosa.

 

Tener un solo indicador, en este caso el nivel académico, para estimar cómo se desenvolverá el trabajador en su puesto no es ninguna garantía.

 

Para dejar de depender del frágil criterio de la certificación académica como única vía de selección, los de RR.HH. cada vez hacen más pruebas a los candidatos: test de personalidad, dinámicas de grupo, etc. Las entrevistas de trabajo pueden llegar a ser de lo más variopintas porque se han dado cuenta de que es muy pobre fiarse solo de la certificación para contratar. Después de todo, quien trabaja es la persona, no el título.

 

Aun así, en muchos casos, aún sigue habiendo una excesiva fe en el diploma universitario por parte de las empresas. Creer que cuanto mayor sea el nivel de estudios de un empleado mejor hará su trabajo no siempre funciona. Pedir un nivel de estudios superior al que el trabajo realmente exige solo genera “sobre cualificación”. A la larga hará que el empleado acabe sintiéndose frustrado porque tiene un nivel de estudios mayor del necesario y se sentirá desaprovechado. Puede que incluso sea contraproducente y conduzca a un desempeño menor del esperado porque el empleado se relaje en exceso. La mezcla de apatía y frustración es nociva.

 

Cuando el problema de la “sobre cualificación” se generaliza se devalúa el título universitario. Lo que todo el mundo tiene no se aprecia tanto. Pero la otra cara de la moneda es que, para quien sepa aprovecharlo, también es la mejor oportunidad de encontrar otras vías por las que hacerse valer.

 

 

Tú diploma es una cosa y tú eres otra

Se alzan nuevas formas de acreditar tu competencia en el ámbito laboral. Al fin y al cabo, se trata de demostrar lo que sabes hacer, y enseñar un diploma ya no es la única manera. Tu portfolio, tu experiencia previa (aunque sea en otro sector), tu web, etc. pueden abrir muchas puertas.

 

Hoy existe una convivencia entre:

  • áreas de estudio para las que no queda más remedio que estudiar durante varios años (médico, abogado, arquitecto, etc.) y de las que es razonable creer que en el futuro seguirá siendo así.
  • otras para los que cada vez más gente se plantea si una educación formal excesivamente larga y tal como la conocemos sigue siendo la mejor opción posible.

 

Para bien o para mal, hay cada vez más gente que cuestiona la fiabilidad del diploma (más allá de lo estrictamente legal) como indicador de la competencia de un empleado. No siempre hay correlación entre ambas cosas. Sabemos que se puede aprobar sin aprender.

 

¿No has pensado nunca que aprobaste alguna asignatura (seguramente más de una) por la que pasaste sin pena ni gloria y de la que no aprendiste nada realmente?

 

El diploma indica lo que has aprobado y lo que se supone que sabes. Pero ningún papel, lo firme quien lo firme, podrá garantizar nunca que hayas aprendido. Puede parecer una diferencia sutil. Pero, en realidad, es abismal.

 

Las titulaciones existen por dos motivos: acreditar lo que sabes y acreditar lo que puedes hacer.

 

La paradoja está en que, en realidad, eso es una ilusión. Legalmente hay titulaciones que sí son necesarias para ejercer determinadas profesiones, las necesitas para justificar lo que puedes hacer. Pero hay un error de pensamiento detrás de esto si lo extrapolamos a otras profesiones y damos por hecho que la titulación es la única vía para demostrar lo que podemos hacer y lo que sabemos.

 

Si quedamos atrapados en la idea del diploma como única opción, iremos en pos de cada uno de ellos. Generaremos demanda de todos los títulos posibles.

 

 

Oferta, demanda y burbuja

Al ser un caso de oferta y demanda, se le ha llamado “burbuja académica”. Las burbujas se forman cuando todo el mundo espera que el valor de algo suba siempre, ya sean inmuebles, acciones… o formación. La inflación educativa aumenta por el auge de dos factores: los títulos necesarios para ejercer y las personas tituladas con ellos.

 

Cuando la economía crece, más gente puede enviar a sus hijos a la universidad, lo cual es bueno. Valoramos la educación, luego invertimos en ella tiempo, esfuerzo y dinero. Esto da lugar a que el nivel de estudios que se considera normal suba. Ahora no basta con la carrera, necesitas el máster.

 

Esta relación entre titulación y trabajo es lo que hace que en tiempos de crisis la gente invierta más que nunca en su formación (sea del tipo que sea). Siempre se considera una buena inversión porque creemos que la educación genera riqueza, lo cual es una verdad… a medias. Sin duda enriqueces tu interior cuando aprendes cosas nuevas, pero, desde un punto de vista materialista, la educación ya no garantiza un puesto de trabajo.

 

¿Seguirá esto siendo así durante mucho tiempo? ¿Es una verdadera burbuja que estallará?

 

Esta inflación académica se conoce también por el nombre despectivo de “titulitis”. Utilizamos esta palabra para referirnos a quien “colecciona” títulos académicos casi como si fueran cromos. Esta palabra es el reflejo de esta devaluación del título académico. Si no fuéramos consciente de ello, no usaríamos la palabra “titulitis” con sorna.

 

 

El intruso

 No obstante, sigue habiendo gente que se aferra a sus titulaciones. En algunos casos, como manera de marcar su territorio. Para esta gente es doloroso, y puede que indignante, contemplar el éxito de quien no tiene título, pero sí resultados. Es una manera de echar más leña al fuego del debate de la titulitis.

 

Edison, como muchos otros científicos, no completó sus estudios (de hecho fue al cole durante muy poco tiempo porque su profesor creyó que era “estéril e improductivo”). Se puso a leer, practicar mediante ensayo y error y observar, que es como se han hecho grandes descubrimientos científicos. Toda el área de las ciencias sociales se presta mucho a esto: empresarios que emprendieron su negocio y tuvieron éxito sin haber estudiado ADE.

 

Una vez más, no sabemos predecir. El diploma no garantiza nada y alguien con la mente no condicionada por la educación puede obtener éxito. En cambio, alguien que haya seguido el camino marcado y tenga todos sus diplomas puede estar bien frustrado con su “sobre cualificación” y viendo bajar la cotización de sus diplomas como si fueran acciones de bolsa tras el estallido de una burbuja.

 

***

 

¿Tú qué opinas? ¿Has tenido alguna vez la sensación de que aprobar sin aprender? ¿Has tenido algún trabajo para el que estabas sobre cualificado? Yo sí.

 

 

Foto: Licencia Creative Commons

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2 Comentarios

  1. Esto ,lo tendría que leer personas al acabar sus estudios universitarios ,les ayudaría bastante
    Como todos tus artículos muy bueno Cristina
    Elena

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