Cangrejo Ermitaño

El blog de Cristina Chaus sobre aprender, desaprender y reaprender

Una nueva mente, por Daniel Pink

Una nueva mente, Daniel Pink

Una nueva mente, Daniel Pink

“En esta nueva era, las oportunidades brillan bajo el sol, pero no será una época benevolente para quien sea pesado de movimientos o tenga la mente acartonada.”

Daniel Pink

 

 

Recientemente publiqué un post sobre la importancia de distinguirse para no ser un titulado de marca blanca. Hoy quiero presentarte 6 habilidades que puedes cultivar para ello. Lo hago a través de una reseña del libro Una nueva mente de Daniel Pink, cuya lectura recomiendo encarecidamente.

(Daniel Pink escribió este libro en 2005. Aunque sigue estando absolutamente vigente, algunos de los ejemplos que menciono son de cosecha propia).

 

¿Cuántas veces has oído eso de solo usamos un pequeño porcentaje de nuestro cerebro? ¿Crees que no hay más en ti de lo que realmente utilizas? Sucede porque nos enseñan a utilizar mucho una parte del cerebro y la otra se pasa más por alto.

 

No es hemisferio izquierdo vs hemisferio derecho, sino hemisferio izquierdo + hemisferio derecho

Todos tenemos un cerebro con un potencial mayor del que realmente utilizamos. El cerebro tiene dos hemisferios: izquierdo y derecho. Ambos están diseñados para trabajar conjuntamente. No van por separado, sino que forman una unidad. Tienen funciones distintas, pero para cualquier cosa que hagas, utilizas los dos.

 

Hay 4 diferencias clave entre los dos hemisferios y las funciones de cada uno:

 

  • Nuestros cerebros son “contralaterales”.

El hemisferio izquierdo controla el lado derecho del cuerpo; el hemisferio derecho controla el lado izquierdo del cuerpo.

 

  • El hemisferio izquierdo es secuencial; el hemisferio derecho es simultáneo.

El hemisferio izquierdo es el que se ocupa de leer A-B-C-D, por orden. En cambio, el derecho es el que te permite interpretar las cosas simultáneamente, como ver todas las partes de una figura geométrica o una cara humana.

 

  • El hemisferio izquierdo se especializa en el texto; el hemisferio derecho se especializa en el contexto.

El izquierdo se ocupa de qué se dice, el significado literal, la descodificación de los sonidos y la sintaxis del lenguaje; el derecho de cómo se dice, es la capacidad de interpretar lo que significan la entonación de la voz, lenguaje no verbal o metáforas.

En cualquier acto de comunicación, ninguna parte del cerebro puede hacerlo todo sin la otra.

 

  • El hemisferio izquierdo analiza los detalles; el hemisferio derecho sintetiza la imagen global.

Análisis y síntesis son maneras fundamentales aunque diferentes de interpretar la información. Se puede dividir el todo en partes o se puede unir las partes para formar el todo. El hemisferio izquierdo se ocupa de la respuesta única, el análisis, la lógica y las categorías; el derecho lo hace de la Gestalt, la síntesis, la imagen de conjunto y las relaciones.

 

Hasta hace poco prevaleció el punto de vista de que el lado izquierdo era la mitad crucial del cerebro, la que nos hace humanos porque nos permite analizar y razonar. Mientras que el derecho era subsidiario. Hoy ya sabemos que el derecho no es inferior al izquierdo. Son diferentes y el cerebro está diseñado para que los dos hemisferios trabajen juntos, no por separado.

 

Factores del cambio de la Era de la Información a la Era Conceptual

Hemos estado viviendo en lo que se ha llamado la Era de la Información, que ha cimentado una economía y una sociedad basadas en capacidades lógicas, lineales y computacionales.

 

En occidente hemos tenido un desarrollo tecnológico y económico tan impresionante gracias a haber potenciado el análisis de las cosas, construir sistemas, desmenuzar las cosas hasta el más mínimo detalle, los procesos paso a paso, etc. Hemos estado en una era de “gestores del conocimiento”, siendo manipuladores de información. El que tenía información sabía qué hacer.

 

Estas capacidades siguen siendo necesarias, pero ya no son suficientes porque se pueden mecanizar fácilmente. Entramos en la Era Conceptual.

 

Hay puestos de trabajo que, una vez que se sabe cómo realizarlos y se adquiere la técnica, se vuelven rutinarios y más personas (o máquinas) pueden aprender a hacerlos.

 

Daniel Pink señala 3 factores clave en este cambio de economía:

 

  • Abundancia: cada vez hay más de todo y a precio asequible. Tenemos tanto donde elegir de cualquier producto o servicio que hasta nos cuesta decidirnos. Así que empezamos a dar importancia a otras cosas aparte de la funcionalidad del producto: que sea bonito, que te haga “sentir bien”, que sea ecológico, etc. Al estar en una era de abundancia no nos centramos tanto en lo material y empezamos a buscar cosas más inmateriales y trascendentales.

 

  • Asia: el avance de las telecomunicaciones ha hecho posible la globalización. Esta permite la deslocalización de miles de puestos de trabajo a otras partes del mundo donde otras personas pueden hacerlo por un salario menor. Multinacionales y empresas se deslocalizan para abaratar sus costes. En España la deslocalización de muchas empresas también se produce hacia Hispanoamérica.

 

  • Automatización: el progreso tecnológico nos ha dado máquinas que nos facilitan el día a día. Algunas son tan maravillosas que pueden hacer el trabajo de personas.

 

Antes bastaba con saber cómo hacer algo y crear algún producto que funcionara. Este “cómo hacer algo” es lo que se ha deslocalizado y/o automatizado y, sea cual sea el caso, abaratado.

 

 

¿Y ahora, qué?

Para poder vivir mejor tendremos que potenciar las habilidades “elevadas”. Aquellas que no se pueden deslocalizar fácilmente, ni las puede hacer una máquina y que aportan al resultado final algo más que eficacia. No basta con que funcione correctamente. Queremos que nos guste o que nos haga sentir bien.

 

Esto significa que los trabajos en los que más podremos marcar la diferencia serán aquellos que:

 

  • Los trabajadores de otro país no puedan hacer más barato.
  • Los ordenadores no puedan hacerlo más rápidamente.
  • Satisfaga alguno de los deseos inmateriales de una era de abundancia.

 

Se abre paso una economía más basada en la creatividad, la empatía o la visión global. Ahora no basta con saber. Lo que hace falta es saber integrar la información en su conjunto, saber ver conexiones entre cosas aparentemente inconexas y combinar ideas para convertirlas en algo nuevo.

 

No es repentino, sino una tendencia a la que podemos sumarnos.

 

Daniel Pink se refiere a los trabajadores de la Era de la Información como trabajadores de cuello blanco, aquellos que a los que un MBA garantiza el éxito. Se ganan bien la vida y tienen un buen status social porque están preparados para desempeñar su trabajo.

 

Esto se mantiene, pero incorporando nuevas habilidades para que los trabajadores se centren en lo esencial. Se trata de hacer lo que no haga una máquina y de liberarse de tareas que sí pueda hacer una máquina o alguien de manera más barata en otra parte. Hay un proceso de actualización (aprendizaje-desaprendizaje-reaprendizaje).

 

Daniel Pink explica 6 destrezas específicas que se han vuelto esenciales: diseño, narración, sinfonía, empatía, juego y sentido. Se refiere a ellas como aptitudes de concepto elevado y de toque elevado.

 

 

6 Habilidades fundamentales: por qué son necesarias y cómo cultivarlas

Todos tenemos estas cualidades. No son algo que debamos aprender, sino más bien despertar. Ten en cuenta que hemos recibido una educación estándar que fomenta el uso del lado izquierdo del cerebro. Lo que buscamos ahora no es volcarnos hacia el lado derecho e invertir la balanza, sino tener una mente más equilibrada.

 

Funcionalidad, sí – pero también DISEÑO

Es fácil desdeñar el diseño como una mera ornamentación. Pero cada vez se ha vuelto más accesible y las empresas lo ven crucial para diferenciarse de otros en su mercado. Es una combinación de utilidad y significado. Los objetos que se diseñan tienen que servir para algo. Resuelven un problema o necesidad. Para diseñar es necesario pensar holísticamente, relacionar elementos dispares para encontrar soluciones. Es algo interdisciplinario.

 

Aprender a pensar así te obliga a utilizar más el hemisferio derecho y amplía tu capacidad de resolver problemas.

 

Como vivimos en una era de abundancia, no solo queremos tener cosas que funcionen bien. Queremos tener cosas bonitas. Además, también queremos personalizar el diseño de nuestras cosas, “customizarlas”.

 

Ya no quieres solo un teléfono móvil para llamadas, mensajes e Internet. Ahora quieres ponerle tu fondo de pantalla, que suene el tono de llamada que has elegido, guardarlo en la funda que te gusta, etc. Ya no es solo un “artefacto lógico” es también un “artefacto emocional”.

 

Las empresas ahora piensan en cosas como la experiencia de usuario. No solo quieren que su cliente quede satisfecho por las funcionalidades de un producto o servicio. Quieren diseñarlo de manera que utilizarlo le suponga una experiencia agradable.

 

Además de pensar en objetos, piensa también en espacios y lugares. Cada vez se da más importancia al diseño de hospitales, lugares públicos, oficinas, etc. porque somos conscientes de que el diseño de nuestro entorno nos influye. A través del diseño se puede aportar placer, belleza y sentido.

 

El diseño es una destreza difícil de deslocalizar o automatizar. Así que es una ventaja competitiva en los negocios. Puedes confirmarlo comprobando el auge de diseñadores gráficos e industriales en los últimos años.

 

Ideas para fomentar esta capacidad:

 

  • Fíjate en cómo están diseñados los objetos que te rodean. Empieza por los más cercanos, como los de tu cocina, por ejemplo. Fíjate en si tienen cosas innecesarias o si todo sirve a algún propósito, si puedes manejarlos bien y se adaptan bien a tu mano, si tienen botones muy juntos o muy separados, etc.
  • Analiza cómo personalizas tus objetos.
  • ¿Te enfada algún objeto? Averigua por qué. (Yo, como zurda en un mundo diseñado por y para una mayoría diestra, tengo esto muy presente 😉 ). Piensa en ello detenidamente y saca alguna idea o haz algún boceto de cómo podría mejorarse ese objeto. (Si te animas, mándaselo al fabricante. Nunca se sabe…).

 

Argumentos, sí – pero también NARRACIÓN

Nuestra memoria es narrativa. Recordamos a través de historias. Con Internet los datos están por todas partes, disponibles y gratis. Pero lo que gana importancia es la capacidad de situar esos datos en un contexto y presentarlos con impacto emocional.

 

El ser humano ha contado historias desde que vivía en tribus. Los formatos se han diversificado (relato oral, literatura, cine, pintura, televisión, ópera, cómic…). Todo son historias y es importante que fomentes esta habilidad.

 

A lo mejor no quieres contar algo épico como lo haría Homero, pero seguro que quieres posicionarte en tu trabajo o tener algo que contar cuando conoces a alguien interesante.

 

Hay muchas razones para que te interese saber contar tu propia historia. Busca la importancia del storytelling para una entrevista de trabajo, por ejemplo. O analiza por qué las charlas TED con más vistas son aquellas en las que el ponente comparte su historia.

 

La narrativa es una habilidad elevada porque los seres humanos decidimos influidos por emociones. Un discurso bien hilado es muy poderoso para las ventas, una entrevista de trabajo o una defensa ante un tribunal.

 

El enfoque de limitarse a los hechos está cambiando. Tiene que ampliarse. Evidentemente los datos son necesarios, pero hay análisis que se hacen más comprensibles cuando se ven a través de una historia.

 

Ideas para fomentar esta capacidad:

 

  • Haz preguntas a tus parientes y amigos para que te cuenten su vida (o parte de ella). Escucha cómo cuentan su historia.
  • Ve a un cuentacuentos.
  • Lee El héroe de las mil caras, de Joseph Campbell.

 

Enfoque, sí – pero también SINFONÍA

Daniel Pink llama “sinfonía” a la capacidad de unir las piezas, sacar patrones, ver relaciones entre cosas aparentemente inconexas, sintetizar más que analizar. Es una visión de conjunto que permite inventar algo a partir de combinar piezas de una manera que no se le había ocurrido a nadie previamente.

 

Estamos tan saturados de opciones y estímulos que perdemos fácilmente la visión de conjunto. Nos centramos en el árbol que tenemos justo delante como algo aislado, pero no en el bosque.

 

Una manera de fomentar esta visión de conjunto es mediante el dibujo. Aprender a dibujar (si no sabes) te hace ser mucho más consciente del espacio y de cómo todo se integra en él.

 

En la Era Conceptual aprender a ver las conexiones entre disciplinas aparentemente diversas y tener la capacidad de enlazar elementos sin aparente relación es un factor diferenciador. Es ser hábil con las analogías, ver unas cosas en relación a otras, formando todas un conjunto.

 

Hay que atreverse a experimentar un poco más mezclando cosas, haciendo nuevas combinaciones. Evidentemente, hace falta coraje porque al experimentar es inevitable equivocarse de vez en cuando. Pero conviene atreverse a estimular esta capacidad de invención.

 

La metáfora es también un ejemplo importante de esto. Es entender una cosa en función de otra. No es una floritura de poetas y escritores. Saber hacer metáforas buenas y con impacto es una habilidad muy apreciada, por ejemplo, en los departamentos de marketing. Analiza la publicidad que escuchas a diario. Los eslóganes están llenos de metáforas.

 

Además, esto sirve mucho a esa necesidad de sentido que tenemos ahora que vivimos en una era de abundancia. Cuando nos ponemos filosóficos decimos que nuestra vida es “un viaje”, etc. Nos gusta tener alguna metáfora que dé sentido a nuestra vida.

 

Los trabajadores del conocimiento en la Era de la Información hacían tareas con piezas pequeñas y desmenuzadas. El trabajo se dividía en partes y cada uno hacía lo suyo, como una cadena de montaje.

 

Pero esto, precisamente, es lo que los ordenadores pueden hacer con más facilidad. Por eso lo que está en alza es la habilidad de ver la imagen global, el pensamiento Gestalt, integrar e imaginar cómo encajan las piezas.

 

En los negocios es importante este pensamiento sistémico. Identificar patrones, pensar a lo grande y tener una estrategia para el futuro son cualidades de buen líder.

 

También puedes ver esta tendencia de pensamiento en el ámbito de la salud. Cada vez tendemos más a una medicina que, manteniendo todos los avances de la investigación científica y tecnológica, también integra terapias alternativas: la medicina holística.

 

Ideas para fomentar esta habilidad:

 

  • Escucha las grandes sinfonías, obviamente. No se trata del predominio de un instrumento, sino del conjunto de todos.
  • Compra revistas que normalmente no leerías y echa un vistazo para ver si de alguna puedes sacar alguna idea para tu trabajo o tu vida, aunque aparentemente no tenga conexión.
  • Sigue los enlaces: busca algo que te interese en Google. Elige uno de los resultados y pincha. Después, dentro de la web a la que hayas llegado, haz clic en otro enlace y de ahí a otro y así 6 u 8 veces. Analiza qué camino has hecho por enlaces que te llevaban de una cosa a otra. ¿Qué empezaste buscando y dónde has acabado? ¿Qué conexiones has seguido?

 

Lógica, sí – pero también EMPATÍA

La empatía es la capacidad para ponerte en el lugar de otra persona e imaginarte lo que siente y/o piensa. En la Era de la Información podía ser considerada una sensiblería. Se valoraban más la fría lógica de la razón y el desapego para que los sentimientos no entorpecieran el trabajo.

 

Interpretamos las emociones con el hemisferio derecho del cerebro, sobre todo cuando no las ponemos en palabras y las relegamos al lenguaje no verbal.

 

Cualquier trabajo que suponga interactuar con otras personas requiere empatía, sobre todo si son de cara al público o de atención al cliente. Si te dedicas a las ventas, tienes que comprender qué es lo que realmente necesita tu cliente para poder ayudarle. Si tienes una reunión, la empatía te ayuda a entender qué es lo que se dice por debajo de lo que se dice explícitamente.

 

La empatía tiene que ver con nuestra capacidad de escuchar de verdad a otra persona. Es fundamental que haya una buena comunicación siempre, pero en algunos casos, aún más. Por ejemplo, entre médico y paciente. Un paciente podrá sincerarse más y mejor con su médico si se siente escuchado de verdad.

 

Ya hay muchas bases de datos en Internet con las que se puede obtener información médica en base a síntomas e incluso autodiagnósticos, pero la empatía de un buen profesional sanitario no puede desarrollarla ningún ordenador (de momento) ni se puede deslocalizar.

 

Seguro que en algún momento has tenido que hacer algún trámite y has notado que un contestador o un menú te daba las indicaciones. Puede que pensaras que querías hablar con una persona, en vez de interactuar con una máquina.

 

Ahora los humanos solo atienden los casos complejos que se salen de las opciones el menú. Por eso la empatía es una cualidad que conviene cultivar.

 

Ideas para fomentar esta habilidad:

 

  • Escucha conversaciones ajenas: sí, está mal visto pero es muy útil y, si lo haces bien, nadie tiene por qué enterarse. Escucha una conversación e imagina que tú eres una de las personas que hablan. ¿Qué piensas? ¿Qué sientes? Ponte en su lugar.
  • Toma clases de teatro: cualquier cosa relacionada con la interpretación, incluso a nivel amateur, te ayudará a ampliar tu perspectiva al actuar desde los puntos de vista de otros personajes.

 

Seriedad, sí – pero también JUEGO

No nos resulta extraño recordar empresas con normas de disciplina muy estrictas. La risa estaba mal vista e incluso se penalizaba. Al fin y al cabo, estás en el trabajo, no divirtiéndote, ¿no?

 

Ahora nos damos cuenta de que podemos mantener la seriedad y relajar la rigidez. Hay empresas que permiten el recreo de sus empleados con espacios habilitados para ello. Es una manera de tomarse un descanso mental y de estimular la creatividad, lo que se traduce en mayor productividad. Además de otras ventajas emocionales y sociales.

 

Mucha gente sigue mostrando escepticismo ante esto de divertirse en la oficina. En ese caso, pueden buscar información de cómo se ha introducido el LEGO en muchas empresas para estimular a ejecutivos.

 

Desde 2008 a esto se lo conoce como gamificación o ludificación, aprender jugando (para niños y también para los no tan niños).

 

Una mención aparte merecen los videojuegos, sobre todo en el ámbito de la educación. Pese a que sigue habiendo debate acerca de la correlación entre determinados videojuegos y conductas violentas, la verdad es que cada vez se tiene más en cuenta su potencial como herramienta didáctica.

 

Hoy que llamamos a los niños “nativos digitales” esto cobra más relevancia que nunca.

 

Piensa en el auge del sector del videojuego. Como industria de entretenimiento, supera al cine y cada vez son más artísticos y visuales. Se han alejado mucho de los del siglo pasado, mucho más basados en la programación y menos en el diseño y los efectos especiales. Además, muchos son interactivos lo que también sirve para desarrollar la empatía.

 

Los juegos van unidos a la risa y la alegría. El humor, usado con habilidad, muestra inteligencia emocional, que también es necesaria en las empresas para dirigir equipos humanos. Cada vez se confirma más que un empleado feliz es un empleado más productivo.

Ten en cuenta todo lo que se ha investigado en las últimas dos décadas acerca de los beneficios de la risa: reduce el estrés, fortalece el sistema inmunológico, activa el sistema cardiovascular al aumentar el pulso cardíaco, etc.

 

Además, la risa es algo social. Es contagiosa, igual que los bostezos o que las emociones.

 

Ideas para fomentar esta habilidad:

 

  • Cada vez hay más talleres y cursos de risoterapia o clubes de la risa. Prueba alguno.
  • Analiza algún chiste que conozcas. Dale la vuelta para entender por qué es gracioso. Así tendrás más conciencia de qué funciona en el humor y qué no. Todos hemos vivido situaciones en las que alguien cuenta un chiste y nadie se ríe. (A lo mejor eras tú quien lo contaba. A mí me ha pasado 😉 ). Averigua por qué.

 

Acumulación, sí – pero también SENTIDO

Todos llevamos dentro el impulso de buscar un sentido a nuestra vida. Esto se acentúa más en una era de abundancia cuando no nos tenemos que centrar tanto en la lucha por la supervivencia y podemos preguntarnos más acerca de lo que realmente nos hace felices, la espiritualidad o cuáles son nuestras prioridades en la vida.

 

Se considera que hemos pasado del materialismo (primacía de la seguridad económica y física) al postmaterialismo (primacía de la calidad de vida y autorrealización).

 

¿Te has fijado en el auge que en las últimas décadas han tenido el budismo, los “productos verdes”, el yoga, etc.? Muchas cosas orientales o que antes se depreciaban como tonterías de la New Age tienen cada vez más demanda.

 

Ahora se toman en serio estas cuestiones y se estudian científicamente. En la última década ha habido un boom brutal de cerebros de monjes budistas escaneados para tener las pruebas concretas de los beneficios exactos de la meditación. Aquí entra todo lo que tenga que ver con el mindfulness, palabra de moda para una práctica milenaria.

 

Está claro que, una vez que tenemos las necesidades materiales cubiertas, nos volvemos más trascendentes y buscamos algo más.

 

Esto va más allá del nivel personal. Las empresas buscan un propósito más allá del meramente materialista de ganar dinero. En las páginas web de muchísimas empresas encontrarás un apartado que se llame algo así como “Misión y Visión”, “Valores”, etc. ¿De qué crees que va eso?

 

Hemos empezado a tomarnos la felicidad en serio. La Psicología, históricamente, se centraba en estudiar los desórdenes, trastornos, enfermedades, etc. Desde hace poco se empieza a estudiar también lo bueno, lo que nos hace felices. Martin Seligman es el fundador de este movimiento de psicología positiva. Abrió la veda para analizar la felicidad científicamente.

 

Ideas para fomentar esta capacidad:

 

  • Lee el libro Un hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl.
  • Tu agenda te delata: revisar a qué dedicas tu tiempo es una forma de saber tus prioridades. Hay cosas que te interesan y cosas que dices que te interesan. No siempre son las mismas. La mayoría dice que su salud es una prioridad. Pero, ¿has hecho deporte en la última semana? ¿Das prioridad a tu familia? Ok. ¿Cuánto tiempo pasas con ellos? ¿Permites que te absorba el trabajo y tus proyectos y no ves a tu familia tanto como querrías? Cuanta más coherencia haya entre tu agenda y tus prioridades, más feliz serás.
  • La prueba de los 20-10: pregúntate qué harías si hoy te dieran dos noticias: 1) tienes a tu disposición 20 millones de euros en el banco; 2) te quedan 10 años de vida.

 

 

Espero que estas destrezas de Una nueva mente de Daniel Pink te hayan hecho plantearte algunas cosas que no habías pensado antes. ¿Qué te han parecido estas habilidades? ¿Sueles ponerlas en práctica? Coméntame si hay alguna habilidad que Daniel Pink no menciona y que a ti te parece importante.

¿Te has dado cuenta de que mucho de lo que te enseñaron ya no vale?
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3 Comentarios

  1. ¡Magnífico post Cristina!
    En cuanto pueda, voy a comprar el libro de Daniel Pink,por lo que comentas,parece muy interesante
    Saludos
    Elena

  2. Estupendo post Cristina,
    Muchas gracias por tu claridad exponiendo todo lo que realmente hace falta una vez que llegas al mundo real del trabajo.
    Creo que leere el libro de Pink, aunque el de Campbell también lo tenía ya en mi lista 🙂 En mi agenda SI hay tiempo para leer pero ni aun así me da tiempo a todo! Jeje
    Ciao
    Laure

    • Cristina Chaus

      10/08/2017 at 17:33

      Gracias por tu comentario, Laure. Me alegra que te haya gustado y que te haya parecido claro. ¡Ánimo con esa agenda! 🙂

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