Benjamin Franklin: sus 13 virtudes y cómo forjar hábitos

Benjamin Franklin

 

«En conjunto, aunque nunca llegué a la perfección que tanto había ambicionado sin lograrla, sin embargo, el esfuerzo hizo de mí un hombre mejor y más feliz que el que de otro modo habría sido sin intentarlo.»

Benjamin Franklin

 

A veces quieres cambiar varios aspectos de tu vida al mismo tiempo. Quieres hacer cambios. En plural. Sabes que con uno no basta. Entonces, sientes la tentación de hacerlo radicalmente, de cambiar todo de golpe. Así, de una vez. Esto, salvo en casos de fuerza mayor, no suele funcionar. Por casos de fuerza mayor me refiero a aquellos en los que es más una obligación que una decisión, en los que más que decidir cambiar, la vida te obliga a cambiar.

 

Paradoja: lo voluntario es más difícil

Este post trata de los cambios más difíciles, los voluntarios. Son más difíciles porque, aunque los elijas tú libremente y nadie te obligue a ello. también es más tentador no llevarlos a cabo o renunciar a ellos en poco tiempo.

La obligación ayuda a tener disciplina. De hecho, suele imponerla. Pero en asuntos voluntarios es fácil que la disciplina para llevarlos a cabo se disipe. Se necesita mucha fuerza de voluntad y motivación para mantenerla. Especialmente a largo plazo.

Por eso fracasa mucha gente que intenta llevar a cabo algún proyecto que requiere mucho tiempo o hacer cambios significativos en su vida que no son obligatorios. Cosas como hacer deporte, ahorrar más, leer más, etc.

Normalmente, tendemos a cumplir con nuestras obligaciones y dejamos el tiempo y la energía restantes para lo que es voluntario. Esto hace que progresemos menos.

 

Vayamos por partes…

Querer cambiar varias cosas a la vez es difícil. Cuantas más cosas más difícil. Es como hacer malabares. Hay que centrarse en una sola cosa cada vez. Pero, claro, la vida humana, sucede en distintas áreas simultáneamente, siempre hay varias cosas pasando al mismo tiempo.

Muchos gurús del desarrollo personal establecen distintas áreas en las que se divide la vida de una persona para evaluarlas todas y ver cómo podemos progresar en cada una de ellas. Un ejemplo famoso es La Rueda de la Vida que popularizó Zig Ziglar hace décadas.

 

Rueda de la vida Zig Ziglar

Aunque esta división pueda ser discutible y tú creas que establecerías otras categorías, al final quedaría algo más o menos parecido a esto. Hay áreas de la vida que son comunes para todos: salud, trabajo, familia, espiritualidad, finanzas, etc. Ninguna vida que tenga alguna de estas áreas muy descompensada será una vida plena. La rueda no podría girar bien.

Por el tiempo que llevo reflexionando sobre este tema y poniéndome objetivos todos los años, me doy cuenta de que, aunque hay unos principios básicos, al final, cada persona tiene que definir sus objetivos y evaluarse por sí misma.

Puedes tomar alguno de estos moldes como ejemplo para diseñar el tuyo propio. Pero no se trata de encajar forzosamente en el modelo de tal o cual gurú de autoayuda.

De hecho, ningún autor de desarrollo personal ha inventado nada de esto. La aspiración a mejorar y a llevar una vida lo más plena posible es algo que las personas han sentido desde hace siglos.

Por eso quiero compartir contigo la lúcida reflexión que he encontrado sobre esto leyendo la Autobiografía de uno de los hombres más importantes del siglo XVIII, Benjamin Franklin.

 

Ser, no parecer

No voy a dedicar tiempo a comentar aquí la biografía de Franklin porque seguro que ya conoces muchos de sus logros científicos y políticos.

Lo que más me ha gustado de la Autobiografía de Franklin no fueron sus logros per se, sino el gran detalle con el que cuenta el proceso para llegar a ellos. El éxito de una persona es la punta visible del iceberg. Pero no siempre se nos muestra el sólido bloque que lo sostiene bajo la superficie. En este caso, sí. Franklin narra cómo fue su vida desde sus humildes orígenes y cómo llegó a forjar los hábitos que lo convirtieron en el hombre que recuerda la Historia.

Quiero centrarme en esto porque Franklin no hizo nada que tú y yo no podamos hacer también. En sus inicios él no era muy distinto de cómo somos tú y yo. Pero tuvo paciencia y disciplina para comprometerse con mejorar.

Se guio por sí mismo más que por preceptos externos. Como ciudadano de las colonias inglesas, Franklin fue heredero del puritanismo que los primeros colonos ingleses llevaron a América y que tanta huella dejó allí. Fue criado como presbiteriano, pero llegó un punto en el que se dio cuenta de que muchas de las sectas cristianas que había se esforzaban más en convencer a los oyentes de que ellos eran mejor que la secta vecina. Sintió que primaba una cierta rivalidad entre distintos grupos cristianos y que cada uno de ellos se empeñaba en que la gente fuera de los suyos antes que simplemente un buen ciudadano.

Esto acabó provocando que Franklin acabara decidiendo dedicar el domingo, día de descanso, a estudiar y cultivarse en solitario y por su cuenta.

 

Sus propios valores

Al intentar buscar la «perfección moral» (inalcanzable), tuvo que pensar por sí mismo con mucha honestidad y atención.

Franklin no quería ser un presbiteriano más que se limitara a ir a las reuniones y hacer lo que el predicador dijera o a leer la Biblia solo porque toca. Mantuvo los valores que le habían inculcado y reflexionó acerca del tipo de persona que quería ser. A partir de ahí decidió qué virtudes quería cultivar y qué hábitos tendría que desarrollar para ello.

Definió 13 virtudes que eran importantes para él y por qué. De esta manera, decidió observarse a sí mismo en función de estas 13 virtudes:

 

TEMPLANZA: No comas hasta saciarte. No bebas hasta embriagarte.

SILENCIO: No hables salvo para beneficiar a otros o a ti mismo. Evita la conversación trivial.

ORDEN: Deja todo en su lugar. Que cada parte del negocio tenga su momento.

RESOLUCIÓN: Decídete a realizar lo que debes hacer. Realiza sin falta lo que decidas.

FRUGALIDAD: No gastes salvo para hacer el bien a otros o a ti mismo, es decir, no malgastes.

INDUSTRIA: No pierdas el tiempo. Ocúpate siempre en algo útil. Deshazte de toda acción innecesaria.

SINCERIDAD: No emplees engaños perjudiciales. Piensa inocente y justamente y, si hablas, hazlo en consecuencia.

JUSTICIA: No dañes a nadie con injurias u omitiendo los beneficios que conforman tu deber.

MODERACIÓN: Evita los extremos. No guardes rencor por las injurias que creas que lo merecen.

LIMPIEZA: No toleres falta de limpieza en el cuerpo, las ropas o la habitación.

TRANQUILIDAD: Que no te turben las naderías o accidentes corrientes o inevitables.

CASTIDAD: Usa rara vez el placer venéreo salvo por salud o procreación; nunca hasta la saciedad, debilidad o injuria de la paz o reputación propia o ajena.

HUMILDAD: Imita a Jesús y a Sócrates.[1]

 

Hábitos: una cosas cada vez. Autoexamen de 13 semanas

Una vez establecidas las virtudes acorde con las que quería vivir y escrita una definición exacta de y concisa de a qué se refería cada una de ellas, Franklin estableció un método para autoexaminarse.

Su plan consistía en prestar especial atención a una de ellas durante una semana. Lo hizo de esta manera porque sabía que intentar cambiar varias cosas a la vez no funciona.

La repetición es importante para crear una rutina y forjar un hábito. Cuanto más se centraba en una de esas virtudes, más fortalecía el «músculo» de esa virtud, y más fácil era pasar a la siguiente… Es una inercia (también funciona a la inversa, en sentido negativo, cuantos más malos hábitos tengas, más fácil te será adquirir nuevos malos hábitos).

Franklin diseñó una tabla en una hoja de papel en la que puso una columna por cada día de la semana y una fila por cada virtud. Cada vez que se sorprendía cayendo en una falta en alguna de ellas, lo señalaba con una marca. Aunque cada semana pusiera especial foco en una virtud, si se sorprendía fallando en alguna otra, lo señalaba igualmente,

Tabla 13 virtudes

 

Los gurús y tú

Hoy hay mucho contenido de desarrollo personal que trata de este mismo tema. Aunque, en lugar de hacerlo con la sencillez y austeridad de Franklin, la esencia es la misma.

El modelo de Franklin es muy bueno porque era SU modelo exclusivo. Él lo diseñó para sí mismo y lo compartió en su Autobiografía por si a alguien podía serle útil. Pero tú no eres Franklin. Puedes tomar cosas de él, pero sus necesidades no son las tuyas. Tú no eres un presbiteriano de más de 70 años de viviendo a finales del siglo XVIII en los recién nacidos Estados Unidos. Así que establece primero qué virtudes son importantes para TI. No tienen por qué ser 13.

  1. Define exactamente qué significan para ti. El lenguaje es importante. Palabras como «templanza», «moderación», «humildad», etc. pueden aplicarse a diferentes contextos. Sé específico y pon por escrito qué es lo que entiendes tú por cada una de las virtudes que hayas escogido. Sé específico, como Franklin, y ponlo en 1-2 líneas. Concreta.
  2. Repasa tu lista y asegúrate de tener claro POR QUÉ esas virtudes son importantes para ti. Necesitas saberlo. No pongas cosas solo porque creas que son buenas, sino porque sean importantes para ti y buenas para ti. Si no sabes por qué has puesto algo en tu lista, no le prestarás suficiente atención. Si no tienes un motivo para cultivar una virtud, sácala de la lista.
  3. Sigue el modus operandi de Franklin y céntrate en una virtud cada semana. Así establecerás un autoexamen que te ayudará a progresar. Tranquilo, nunca vas a lograr la perfección. Franklin no lo consiguió, yo tampoco lo conseguiré, ni nadie que lea esto lo conseguirá. Pero no se trata tanto de conseguirlo como de que esto te empuje a progresar. Esto te dará mayor satisfacción de lo que imaginas.

 

Estructura diaria

Con respecto a la tercera de sus virtudes, Orden, Franklin también fue muy consciente de la importancia de que cada cosa tuviera no solo su lugar, sino también su momento. Por eso fijó este esquema diario para organizar su día a día.

Esquema diario de Franklin

Obviamente, tú no tienes por qué seguir estos horarios, sino organizar tu tiempo para distribuirlo de la manera más apropiada para ti.

Incluyo esto, porque, independientemente de cómo estructures tu día a día, hay 3 cosas del esquema diario de Franklin que me parecen relevantes y que merecen ser subrayadas:

  1. Foco. Al principio de cada día, decidía en qué se iba a centrar, en qué iba a poner foco. Lo hacía preguntándose «¿Qué bien haré hoy?» puedes usar esta y otra pregunta que te guste más. Pero en cualquier caso, es importante empezar los días con un fin en mente.
  2. Revisión. Al final de cada día, Franklin repasaba lo que había hecho con la pregunta «¿Qué bien he hecho hoy?» Esto le servía como ejercicio de autoobservación. Le permitía reflexionar sobre cosas en las que podría mejorar y/o le daba la satisfacción de saber que había actuado bien durante el día. Este ejercicio es muy bueno pero hay que hacerlo con absoluta honestidad y sin demasiada autoexigencia. Casi siempre descubrirás cosas que podrías haber hecho mejor. Tómalas en consideración sin fustigarte por ello.
  3. Descanso y diversión. El descanso y el ocio también son importantes y tienen su lugar en la agenda diaria. Nunca subestimes su importancia, si no quieres quemarte prematuramente.

Para acabar, recuerda solo esto, en palabras del propio Benjamin Franklin:

«Así como el que arregla un jardín no intenta arrancar todas las malas hierbas a la vez, lo que excedería su alcance y fuerza, sino que trabaja cada vez en un macizo y, tras acabar el primero pasa al segundo, así tendría (esperaba) el estimulante placer de ver en mis páginas el progreso que haría (…).»

[1] Autobiografía, Benjamin Franklin. Ediciones Cátedra, 2015 pp. 135-136

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7 comentarios en “Benjamin Franklin: sus 13 virtudes y cómo forjar hábitos”

  1. Me ha encantado, sobre todo cuando uno se da cuenta de que el foco es importante. Creo que si eres unas persona de mente abierta y ves mas allá y sobre todo te ves a ti mismo sabes cuando no funcionan las cosas, yo viví la época de abarcar mucho y al final solo conseguía agotarme y no llegar a mi meta. Interesantes lecciones de Benjamin Franklin. Gracias por enseñarlas.

    1. Cristina Chaus

      Gracias por tu comentario, Catalina. Sí, la verdad es que quien mucho abarca poco aprieta. Por eso solo hay que centrarse en una cosa cada vez (y tampoco hay porqué tener 13, se puede empezar con menos). Un abrazo.

  2. Excelente post, me ha gustado mucho porque te hace reflexionar en qué puedes hacer para dar la mejor versión de ti mismo. En ese sentido, y estableciendo prioridades, yo me centraría en una etapa inicial en eliminar aquello que nos causa más perjuicio, tanto por su gravedad como por su repetición. Después de generar esos hábitos positivos iría puliendo todos los demás, para cada día ser mejor.

    Un saludo y muchas gracias

    1. Cristina Chaus

      Sí, Daniel, como comentas, primero hay que eliminar los hábitos que nos desvían de nuestro objetivo y luego ir introduciendo o puliendo los hábitos adecuados. Gracias por tu comentario.

  3. Genial. Al empezar a leer pensaba que precisamente que por ser “un presbiteriano de más de 70 años de viviendo a finales del siglo XVIII en los recién nacidos Estados Unidos” las virtudes iban a estar un poco “desfasadas”. Pues al contrario: me las aplicaría una a una a mi situación actual. Me gusta simplificar y no atacar demasiadas cosas, pero me parecen perfectas.

    Y geniales los comentarios de CATALINA y de DANIEL.

    1. Cristina Chaus

      Flames, creo que lo que comentas es cierto porque hay muchas aspiraciones que la mayoría de seres humanos compartimos en mayor o menor medida. Querer llevar una vida correcta (dentro de lo subjetivo que es esto) y más o menos ordenada es algo común a personas de cualquier época. En lo de la simplificación el propio Franklin te daría la razón.

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